Para olvidar o tal vez reflexionar para no empañar: El infierno en el Amalfitani

Lo que debía ser una auténtica tarde de pasión futbolera, se disfrazó nuevamente de tragedia. Tristemente así es el contexto amargo que últimamente ha dominado el Fútbol Argentino, siendo este el consorcio que lo arrulla. Nuevamente en esta tarde de domingo el fútbol en estado de paz y sin aspectos bélicos brilla por ser una utopía en extremo.

 

. Tristemente así es el contexto amargo que últimamente ha dominado el Fútbol Argentino, siendo este el consorcio que lo arrulla. Nuevamente en esta tarde de domingo el fútbol en estado de paz y sin aspectos bélicos brilla por ser una utopía en extremo.
 

Tan solo siete fueron los minutos de fútbol que se  disputaron en el estadio José Amalfitani. Insignificante lapso de tiempo en el que la atención estuvo aparentemente centrada en la número cinco. Un mínimo fragmento de atmosfera dominical que se cargará melancólicamente en avanzada por la muerte de un hincha del ciclón. Uno más de los 183 que ya lleva atesorados el fútbol en su máscara de esplendor de entretenimiento. Una lamentable muerte más en el contexto del que llamamos deporte más hermoso del universo.

 

Para aquellos que asistieron, el color de la tarde fue extraño, la atmósfera no era de fiesta, más bien era una extraña e infernal mezcla de ánimo alterados que perturbaban las ideologías reales de un sentir y vivir. Los incidentes fuera del José Amalfitani fueron forjados por la indecifrable muerte de Ramón Amarayo, quien según un dirigente azulgrana, tras el registro policial se sintió mal, se sentó en el quicio de un negocio y terminó desmoronándose en su afligida agonía. Luego de tan extraño y triste caso, la mezcla de argumentos virulentos como el exceso de fanatismo de el fortón, el impacto de un barboquejo en Migliore, la ocupación de la torcida visitante en la víscera de seguridad que se ubica enmedio de la tribuna que distancia la popular de la platea, la ruptura del alambre del sector visitante por parte de la gente azulgrana en evidente carácter de reproche y desmoralización por la muerte de un hincha, el agua de los bomberos, hicieron de el espectáculo una obra trágica con un desenlace funesto en el borde del abismo.

Ante este acto denigrante e indigno al derecho de libertad, el árbitro Sergio Pezzotta juntó a los capitanes de ambas escuadras y acordaron suspender el encuentro ante la ausencia extrema de garantías, ya que la situación claramente se había escapado de las manos una vez más, porque al parecer la ignorancia y el descontrol son quienes llevan la corona de príncipes en estas asociaciones. A fin de cuentas este clásico entre Vélez Sarsfield y San Lorenzo posee el historial perentorio de la muerte.

UNETE



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