. Mejor dicho juntas. Una de ellas es la Hipertensión
Arterial. A veces se le ve de la mano con la Diabetes Miellitus,
aquella dama que en su dulzura va consumiendo los riñones, los nervios y la
visión.
La Hipertensión Arterial anda suelta, ¿de donde
habrá salido?
Algunos dicen que se esconde en una vitrina de una
gran tienda del mall o en un estante de un gran supermercado. De allí salta al
interior de nuestra persona. Otros plantean que a veces vamos a la posta, el
consultorio o al hospital y nos dicen que tenemos hipertensión, como que
nos ponen una etiqueta y a uno lo condenan a caminar la vida con ese nombre y
con un carné que dice que “soy hipertenso o hipertensa” .
¿Por donde se nos mete la hipertensión?
¿Y por qué se nos mete la hipertensión?
Una vez dentro nuestro se nos va al espíritu y se apodera de él. Se nos
pierde el espíritu y andamos por la vida como medios mareados, como que nos
comportamos raros.
Queremos tener cosas, queremos ser como otros, miramos
lo que tiene el vecino o vecina y se nos generan envidias. Y como nosotros no
pudimos hacer esto o aquello le comenzamos a exigir a nuestros hijos o hijas
que sean más que nosotros. Nos comenzamos a frustrar y sentimos una opresión en
el pecho.
La hipertensión se ríe, se apodera de nuestras emociones y
comienza a instalarse en el cuerpo.
¿En qué parte del cuerpo vive la hipertensión
arterial?
Y el cuerpo nos falla, el espíritu lo tenemos extraviado, andamos
preocupados y tenemos pensamientos extraños, como desconfianza de los demás,
nos encerramos solos en casa, no queremos compartir nuestras cosas. Pensamos
que algo nos quieren robar.
¿Qué podemos hacer?
¿Como nos mejoramos?
¿Nos podremos mejorar?
Sólo quedan las emociones y el espíritu en algún secreto lugar.
Se han salvado pues se han refugiado en lo mas íntimo
de cada persona quienes las han bloqueado como defendiéndolas del mal.
Más de alguien se ha atrevido y las ha expresado. Y cuando ellas aparecen
los rostros cambian, la compresión de la dolencia se ensancha, la
interpretación de la realidad deja perplejo.
Es todo un arte esto de escuchar las emociones y percibir el
espíritu.
CULTIVAR LAS EMOCIONES Y EL ESPIRITU es la promoción
de la vida.
Emociones y espíritu se elevan y CONVERSAN con las
enfermedades crónicas, llegando a acuerdos de convivencia pacífica.
Reciprocidad en las relaciones se llama esto. Y eso es lo más importante en nuestra
cultura. ¿Como lo fortalecemos?