Según el cuento recogido en el libro “Los mejores cuentos de la literatura universal” de Carolina Toval, el rey de Persia, Shah-Abbas I, se encontraba cazando cuando de repente perdió a sus criados. Escuchó entonces una flauta y se dirigió al lugar de donde procedía aquel sonido. Cuando el rey llegó al lugar se encontró con un muchacho que tocaba una flauta mientras cuidaba de su rebaño. Shah-Abbas se acercó y le hizo un par de preguntas, quedando fascinado por el ingenio del joven, así que decidió mantener con él una larga conversación. Admirado por el claro entendimiento del chaval, pensó en lo útil que le sería aquel muchacho en la corte, así que mandó llamar a su padre y le entregó el dinero necesario para que pudiera desprenderse del jornal de su hijo. Luego lo llevó a la corte y le puso de discípulo de los mejores maestros, siendo los progresos del pastorcillo en materia política muy destacables, por lo cual el rey le dio el nombre de Mahomet y lo nombró intendente de su palacio. Con el tiempo, y tras comprobar su lealtad y sus progresos, lo envió como embajador y, posteriormente, lo nombró Gran Visir, destacando en su cargo por su honradez y su persecución del soborno, tan practicado en aquellos tiempos. Un día el gran rey Shah-Abbas I murió y le sucedió Schah-Sofi, un muchacho falto de experiencia educado en la adulación. Muerto el viejo rey, todos comenzaron a conspirar contra Mahomet, diciéndole al nuevo rey que éste escondía en su casa un inmenso tesoro robado del dinero público y que estaba guardado en una habitación con tres llaves. Lleno de sospechas, el nuevo rey se dirigió a la casa de Mahomet y se quedó admirado al ver la modestia en la que vivía aquella persona que, sin embargo, tenía una posición tan elevada. Los cortesanos que acompañaban al nuevo rey lo condujeron entonces a una habitación perfectamente cerrada. El rey preguntó qué había allí y Mahomet le contestó que allí estaba su fortuna, la cual le pertenecía. Cuando los cortesanos derribaron la puerta se encontraron con unas alforjas, una zamarra, una calabaza de agua y una flauta.



