Visita papal financiada con recursos públicos: ¿al César lo que es del César?



La visita del Papa Benedicto XVI en plena época electoral ha generado controversia en el —de por sí bastante caldeado— ánimo político. Tanto el PRI como el PRD han expresado que “estarán atentos” para que la visita no se use con fines electorales. Una cosa es estar atento y otra cosa es que no levante suspicacias lo conveniente de la visita y, mucho menos aún, que en efecto, no se preste para ello. Ya José Guadalupe Sánchez, investigador del Centro de Estudios Ecuménicos, advirtió que “si bien será recibido como Jefe de Estado (del Vaticano), las actividades para las que él viene son claramente confesionales. Y no hay nada más claro que saber los vínculos entre el blanquiazul y la iglesia católica, que presentan un frente unido en temas como el aborto, el matrimonio gay y la eutanasia.

 

También se ha declarado que el evento no estará financiado por narcolimosnas, así el clero católico se cura en salud para no protagonizar controversias como las de 2010, curación a medias, porque el Arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rabago, aceptó que hasta el narco podría cooperar, porque ellos “no tienen los medios para evitar que se filtres donaciones de la delincuencia organizada”, es decir, si el narco coopera ellos quiénes son para negarse.

Después de todo, ya están organizando “la vaquita” para la visita papal a Guanajuato, que está programada del 23 al 26 de marzo del año en curso, así como cuando se acaba el alcohol en la fiesta y hay que ir por más. So pretexto de que la fiesta es para todos, pasan charola para billetes —patrocinios— y para la morralla —donaciones—. Aquí no importa, ricos y pobres, todos católicos por igual, deberán cooperar para el viaje del Jefe de Estado del Vaticano. ¿Cooperaron para el de Obama?, no creo. El presiente norteamericano no anda pidiendo limosnas. Pero el Vaticano ya está acostumbrado a eso, es su modus vivendi y los católicos ya están acostumbrados a mocharse para sus eventos —como si el estado del Vaticano no tuviera bastantes recursos para pagar eso y muchas cosas más—. En un país —supuestamente— laico y con libertad de culto, cada quien tiene derecho a poner sus centavos en donde mejor le plaza.

Lo que es cuestionable y reprochable —justamente por el principio del Estado laico—, es que lo quieran pagar con los impuestos. Como si no tuviéramos suficiente con los 136 millones de pesos para Consejeros Electorales, los sueldos de gobernadores —nada austeros— que ascienden hasta los 165 mil pesos al mes, los “bonos” a legisladores de casi 305 mil pesos —sin contar su sueldo que es la mitad de la cifra anterior—, los 267 mil dólares anuales que gana Calderón, los más de 335 millones para unas elecciones como las de Michoacán —llenas de irregularidades—, los 690 millones de pesos para un monumento prácticamente accesorio… podría seguir, pero creo que se entiende el punto. Los impuestos de los mexicanos sufragan un aparato gubernamental nada barato, para que, encima, tengan que pagar la visita —en fecha por demás cuestionable— del Jefe de Estado de un país que no es el nuestro y cuyas arcas están más que llenas.

Esta no es una cuestión de fe, ni un debate religioso. Es un asunto de lo más mundano que compete a asuntos de administración pública y a la esfera política. México es un país con mayoría abrumadora de católicos, aunque disminuyeron en el pasado censo, aún se mantienen con casi 84 por ciento de la población total. Pero hay minorías religiosas y ateos, para quienes la visita papal no tiene las mismas implicaciones simbólica. Ellos ¿por qué tienen que dar de sus impuestos? Más aún, siendo católicos, si no tienen, no quieren o no pueden “cooperar”, no debería hacerse. ¿Por qué solventar, con el bastante manoseado erario, un acto que no es de gobierno?

¡Ah! Ahí está el detalle, diría Cantinflas. El argumento eclesiástico es: viene a dar un mensaje de paz, ayudará a los feligreses y dará aliento a los necesitados —ergo, hay que pagar—. Si el señor Ratzinger —Benedicto XVI— tuviera tantito del carisma, de la calidez, de la presencia de su antecesor Karol —Juan Pablo II— podría creerse el argumento. Si es sólo eso, ¿por qué no vino antes?, ¿por qué no viene después? ¿por qué viene en fechas que están tan cocinadas al proceso electoral? Si su agenda nada tiene de terreno, bien podría conceder otra oportunidad que no se preste a malos entendidos. Ahora, si el mensaje es de paz y para los más desvalidos, ¿por qué va a un estado de extracción panista que no es particularmente el más necesitado de esperanzas y fe? ¿Por qué no va a los lugares en los que realmente la esperanza es urgente?

Costear el viaje con dinero público, lo convierte en un acto público, eso atenta contra nuestro tan vapuleado Estado laico —del que queda tan poquito—. Con todo y la derrama económica que por vía de turismo supone el evento, estimada en 250 millones de pesos, no deja de generar controversia la declaración del gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez, en torno a la partida presupuestal destinada para tal fin.

En España se hizo un movimiento justo con el mismo motivo: La visita del Papa, NO con mis impuestos, que se convirtió en una fuerte resistencia. ¿Y en México?

El problema no es que venga, al contrario, qué bueno que lo hace, un país con raigambre religioso como el nuestro, merece y necesita tener al Sumo Pontífice en sus tierras. El problema es que lo haga en tiempo electoral y con dinero público. Después de todo dicen: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es Dios.



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


ÚNETE






Visita papal financiada con recursos públicos: ¿al César lo que es del César?


La visita del Papa Benedicto XVI en plena época electoral ha generado controversia en el —de por sí bastante caldeado— ánimo político. Tanto el PRI como el PRD han expresado que “estarán atentos” para que la visita no se use con fines electorales. Una cosa es estar atento y otra cosa es que no levante suspicacias lo conveniente de la visita y, mucho menos aún, que en efecto, no se preste para ello. Ya José Guadalupe Sánchez, investigador del Centro de Estudios Ecuménicos, advirtió que “si bien será recibido como Jefe de Estado (del Vaticano), las actividades para las que él viene son claramente confesionales. Y no hay nada más claro que saber los vínculos entre el blanquiazul y la iglesia católica, que presentan un frente unido en temas como el aborto, el matrimonio gay y la eutanasia.

 

También se ha declarado que el evento no estará financiado por narcolimosnas, así el clero católico se cura en salud para no protagonizar controversias como las de 2010, curación a medias, porque el Arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rabago, aceptó que hasta el narco podría cooperar, porque ellos “no tienen los medios para evitar que se filtres donaciones de la delincuencia organizada”, es decir, si el narco coopera ellos quiénes son para negarse.

Después de todo, ya están organizando “la vaquita” para la visita papal a Guanajuato, que está programada del 23 al 26 de marzo del año en curso, así como cuando se acaba el alcohol en la fiesta y hay que ir por más. So pretexto de que la fiesta es para todos, pasan charola para billetes —patrocinios— y para la morralla —donaciones—. Aquí no importa, ricos y pobres, todos católicos por igual, deberán cooperar para el viaje del Jefe de Estado del Vaticano. ¿Cooperaron para el de Obama?, no creo. El presiente norteamericano no anda pidiendo limosnas. Pero el Vaticano ya está acostumbrado a eso, es su modus vivendi y los católicos ya están acostumbrados a mocharse para sus eventos —como si el estado del Vaticano no tuviera bastantes recursos para pagar eso y muchas cosas más—. En un país —supuestamente— laico y con libertad de culto, cada quien tiene derecho a poner sus centavos en donde mejor le plaza.

Lo que es cuestionable y reprochable —justamente por el principio del Estado laico—, es que lo quieran pagar con los impuestos. Como si no tuviéramos suficiente con los 136 millones de pesos para Consejeros Electorales, los sueldos de gobernadores —nada austeros— que ascienden hasta los 165 mil pesos al mes, los “bonos” a legisladores de casi 305 mil pesos —sin contar su sueldo que es la mitad de la cifra anterior—, los 267 mil dólares anuales que gana Calderón, los más de 335 millones para unas elecciones como las de Michoacán —llenas de irregularidades—, los 690 millones de pesos para un monumento prácticamente accesorio… podría seguir, pero creo que se entiende el punto. Los impuestos de los mexicanos sufragan un aparato gubernamental nada barato, para que, encima, tengan que pagar la visita —en fecha por demás cuestionable— del Jefe de Estado de un país que no es el nuestro y cuyas arcas están más que llenas.

Esta no es una cuestión de fe, ni un debate religioso. Es un asunto de lo más mundano que compete a asuntos de administración pública y a la esfera política. México es un país con mayoría abrumadora de católicos, aunque disminuyeron en el pasado censo, aún se mantienen con casi 84 por ciento de la población total. Pero hay minorías religiosas y ateos, para quienes la visita papal no tiene las mismas implicaciones simbólica. Ellos ¿por qué tienen que dar de sus impuestos? Más aún, siendo católicos, si no tienen, no quieren o no pueden “cooperar”, no debería hacerse. ¿Por qué solventar, con el bastante manoseado erario, un acto que no es de gobierno?

¡Ah! Ahí está el detalle, diría Cantinflas. El argumento eclesiástico es: viene a dar un mensaje de paz, ayudará a los feligreses y dará aliento a los necesitados —ergo, hay que pagar—. Si el señor Ratzinger —Benedicto XVI— tuviera tantito del carisma, de la calidez, de la presencia de su antecesor Karol —Juan Pablo II— podría creerse el argumento. Si es sólo eso, ¿por qué no vino antes?, ¿por qué no viene después? ¿por qué viene en fechas que están tan cocinadas al proceso electoral? Si su agenda nada tiene de terreno, bien podría conceder otra oportunidad que no se preste a malos entendidos. Ahora, si el mensaje es de paz y para los más desvalidos, ¿por qué va a un estado de extracción panista que no es particularmente el más necesitado de esperanzas y fe? ¿Por qué no va a los lugares en los que realmente la esperanza es urgente?

Costear el viaje con dinero público, lo convierte en un acto público, eso atenta contra nuestro tan vapuleado Estado laico —del que queda tan poquito—. Con todo y la derrama económica que por vía de turismo supone el evento, estimada en 250 millones de pesos, no deja de generar controversia la declaración del gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez, en torno a la partida presupuestal destinada para tal fin.

En España se hizo un movimiento justo con el mismo motivo: La visita del Papa, NO con mis impuestos, que se convirtió en una fuerte resistencia. ¿Y en México?

El problema no es que venga, al contrario, qué bueno que lo hace, un país con raigambre religioso como el nuestro, merece y necesita tener al Sumo Pontífice en sus tierras. El problema es que lo haga en tiempo electoral y con dinero público. Después de todo dicen: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es Dios.




Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


ÚNETE