De cómo la jornada única y las redes sociales dejaron desiertas las plazas.

Cuando a mediados del 2009, a las 11:20 de la noche de un día martes, una escalera de acero se desplomo en un edificio social de viña del mar matando una niña de 4 años y dejando otros tantos heridos todos se preguntaron por la calidad de la construcción en acero de Chile, otros nos preguntamos qué hacia una niña de 4 años jugando en una escalera a las 11 de la noche…

 

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En los ochenta, cuando muchos de nosotros íbamos al colegio, la hora de salida era a la 13:10. Almorzábamos en casa, andábamos en bicicleta con nuestros vecinos, jugábamos, volvíamos a tomar té, hacíamos las tareas y veíamos la comedia. Hoy los niños salen a las 17:30, llegan directo a la casa a tomar té, hacer las tareas y listo...ya se hizo de noche…. Entonces aparece la vida social.

En los jóvenes y adolecentes de menos recursos económicos la vida social es en la calle, esquinas, escaleras y lugares cercanos a su vivienda, las plazas permanecen vacías porque no cuentan con la suficiente luz y son lugares de altos índices delictuales en la noche.

En los grupos de adolecentes de mayores recursos, la vida social se vuelca a las redes de internet.

Sin red no hay vida social en los jóvenes, están desconectados completamente de sus amigos, no comparten música, lectura, no conversan con sus amigos y amigas, no reciben sus tareas ni guías de estudio…es definitiva, no pertenecen al grupo social.

Entonces, los espacios de encuentro van migrando desde lo físico a lo virtual, dejando las calles y plazas vacías de niños y jóvenes.

UNETE



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