Explicaciones “centrífugas” y explicaciones “centrípetas” de la conducta humana

Tradicionalmente, la conducta humana se ha explicado mediante explicaciones centrífugas, es decir, en términos de características internas estables y que no dependen de las circunstancias. 

 


Un ejemplo de esto puede ser la definición que damos de una persona simplemente al observarla durante unos pocos minutos; intuimos que lo que vemos son esas características internas y estables de la persona (disposiciones personales), pero no tenemos en cuenta que está condicionada por las circunstancias. Así pues, las explicaciones centrífugas explican la conducta humana como el resultado de procesos mentales (verbo ser). Atribuimos aun más a factores internos las “conductas extrañas” de las demás personas.

Los motivos por los que damos explicaciones centrífugas (que no son las mejores):

- Aprendizaje: en la cultura occidental hay más tendencia que en la oriental.

- Comodidad: nos cuesta muy poco, hay mucho vocabulario…

- Control: nos permite saber cómo comportarnos ante una persona, nos da seguridad.

Las explicaciones centrípetas tienen en cuenta los factores situacionales como factores que influyen y explican nuestro comportamiento. No todo nuestro comportamiento depende de factores situacionales, pero sí la mayoría. Un ejemplo de cómo influyen los factores situacionales es el trabajo de Claude Steele y Joshua Aronson (1995) -puntuaciones de los muchachos norteamericanos de "raza" negra en los test de rendimiento académico-. Es en definitiva otra prueba de que nuestra vida está determinada situacionalmente, centrípetamente (verbo estar).

UNETE



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