Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Coronavirus   ·   Salud   ·   Fake News   ·   Crisis Económica   ·   Posverdad   ·   Economía   ·   Sociedad   ·   Pandemia   ·   Humanidad   ·   Fútbol



La actitud de los jóvenes mexicanos hacia los límites sociales: un análisis desde la perspectiva de género


Inicio > Sociología
15/12/2011

2985 Visitas



La regulación de la interacción de las personas en la vida cotidiana se efectúa mediante una serie de reglas y normas necesarias y útiles para establecer acuerdos compartidos por los grupos y la sociedad en  su conjunto. Así se determinan las pautas de conducta deseables y la percepción de la forma correcta de hacer las cosas. En esta normatividad, se ubican los límites sociales presentes a diario en muchas situaciones de la vida, en cuyo manejo hay distintas alternativas para afrontarlos: puede optarse por obedecer, por no hacer caso y transgredir, por tratar de cambiar los límites por medio de la negociación o por retirarse de la situación en la que se presentan. Los estudios acerca de la actitud de los jóvenes hacia los límites sociales realizados en diversos países demuestran que, en la mayoría de los casos, los  jóvenes prefieren ajustarse a los límites (Rink, 2002).


Si bien es cierto que en teoría los límites sociales son los mismos para todos, se sabe que, en la práctica, no siempre funciona así. Uno de los factores que puede influir en la diversidad de las actitudes de los jóvenes son las diferencias sociales y culturales entre hombres y mujeres; es decir, el género. Este concepto sirve como punto de partida para analizar las diferencias construidas social y culturalmente entre hombres y mujeres, manifiestas en los atributos, comportamientos y expectativas asociadas al sexo biológico. Por medio del proceso de socialización y de los mecanismos  de aprendizaje social, puede generarse una formación de actitudes diferenciadas entre hombres y mujeres en varios ámbitos; entre ellos, el de la normatividad social. Con frecuencia, la interpretación de las reglas y normas es distinta para hombres y mujeres, puesto que ciertas conductas transgresoras son consideradas más “aceptables” para aquéllos que para éstas. Asimismo, la crianza en el ámbito familiar muestra variaciones para los hijos y las hijas, porque los padres, sobre todo en las familias más tradicionales, suelen ser más permisivos y tolerantes en el manejo de la normatividad para los hijos, mientras que a las hijas se les exige mayor obediencia  y se les imponen reglas más estrictas. Por tanto, el objetivo de este estudio  estriba en analizar las diferencias y similitudes en las actitudes hacia los  límites sociales de jóvenes de ambos sexos, a partir del concepto de género. 

 

El concepto de límites sociales

Los límites sociales se definen como las reglas, leyes, normas, valores o expectativas que existen, de manera explícita o implícita, en el medio ambiente del joven, que regulan y delimitan su comportamiento (Rink, Vos,  Van Lokven y Slagveer, 1989). Tales límites sociales a veces se presentan  como una orden (“lo que se debe hacer”); otra, como una prohibición (“lo que no se debe hacer”), provienen del mundo de los adultos y  constituyen  las reglas de convivencia que se requieren para la reproducción social. En  el  ámbito personal, las reglas establecidas ayudan al individuo a evitar problemas e inseguridad acerca de lo que es una conducta socialmente (in)deseable (Peiró, Morales y Fernández, 1998).  La actitud de los jóvenes hacia los límites sociales, en la edad de 12 a 20 años, ha sido analizada en la Investigación de Patrones de Reacción ( ipr), en la Universidad de Groningen en Holanda, a principios del decenio de los ochenta. En la actualidad, la ipr se ha convertido en un programa internacional de investigación donde participan universidades de nueve países, en tres continentes: Holanda, Bélgica, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Estonia, Eslovaquia, Nueva Zelanda y México. El objetivo principal de la ipr es analizar las actitudes de los jóvenes de 12 a 20 años, respecto de los límites sociales, y estudiar la relación entre esas actitudes y la socialización en escenarios heterogéneos, como la familia, la escuela e instituciones  correccionales del sector juvenil.  

Para llegar a determinar la actitud hacia los límites sociales de los jóvenes, se parte del concepto tridimensional, según el cual una actitud se compone de tres elementos: cognitivo, afectivo y conativo.  Ello se ha puesto en operación por medio de la noción de “patrones de reacción”, que representan la forma en que los jóvenes se enfrentan a situaciones potenciales en su vida cotidiana y que significan un enfrentamiento a los límites sociales. Se ha propuesto la siguiente tipología de tales patrones de reacción, desarrollada por Rink et al. (1989):

 a) Reacciones conocidas 

b)  Reacciones preferidas 

c)  Motivaciones 

En este esquema, las reacciones conocidas aluden a lo que podría hacerse, a las posibles alternativas de acción en cierto contexto, y constituyen la dimensión cognitiva de la actitud.  La reacción preferida es la que el joven elige en la misma situación, lo que él haría, y representa el elemento conativo. La motivación indica el porqué de la reacción preferida y se relaciona sobre todo con el aspecto afectivo de la actitud.

Asimismo, en la ipr se utiliza la siguiente clasificación de respuestas para las reacciones y motivaciones: 

1.  Reacciones (conocidas y preferidas) respecto de los límites sociales:

 - Ajustarse a los límites.

- Transgredir los límites.

- Cambiar los límites mediante la negociación.

- Retroceder de la situación en la que se presenta el límite.

2.  Motivaciones:

- Dimensión social: motivaciones orientadas hacia sí mismo o ha- cia el otro/la sociedad.

 - Dimensión temporal: motivaciones orientadas hacia el presente,  la situación misma o hacia el futuro.

Los instrumentos empleados en la ipr miden la actitud hacia los límites sociales de manera situacional; es decir, se trabaja con situaciones que podrían ocurrir en la vida cotidiana de cualquier joven y que implican el manejo de algún límite social; a partir de ello, se establecen los patrones de reacción que los jóvenes muestran.

Las investigaciones efectuadas con grupos de jóvenes en Holanda, Alemania, Canadá, Bélgica, Estonia, Eslovaquia y Nueva Zelanda, cuyos resultados más significativos son expuestos en forma resumida por Rink (2002),  revelan que en el grupo de los jóvenes sin problemas conductuales, que no  ha  tenido contacto con la ley, existe un patrón estándar internacional en cuanto a los límites sociales en el cual el tipo de reacción de ajustarse es dominante, tanto en las reacciones conocidas como en las preferidas, seguido  por el de transgredir los límites. La negociación es un tipo de reacción poco  conocido  y no muy preferido, mientras que retroceder es la reacción que menos se elige. Las motivaciones de los grupos se orientan principalmente hacia sí mismo y hacia el presente (la situación “aquí y ahora”), mostrando, con ello, poca abstracción social y temporal. Las motivaciones orientadas hacia el otro, o la sociedad, son menos comunes y las que se enfocan hacia el futuro se presentan muy poco. Los porcentajes hallados en los diferentes países que han reportado resultados son muy similares, lo que parece apuntar a que este patrón estándar representa las actitudes con las cuales grupos  de adolescentes logran enfrentar los límites sociales de un modo eficiente,  es decir, sin provocar problemas a ellos mismos ni a su entorno.

La comparación de los patrones de reacción por sexo en los grupos investigados en Holanda (Rink et al., 1989; Sanches, 1997), Alemania (Dickscheit, 1998) y Bélgica (Grietens, 1999) ha arrojado estas tendencias:  

a) Las mujeres conocen más reacciones; en particular, los tipos de  ajustarse a los límites y negociar.

b) El efecto de género más evidente se ha detectado en las intenciones conductuales, representadas por las reacciones preferidas: las  adolescentes  femeninas tienden a ajustarse más a los límites y a negociar más, mientras que en los hombres hay mayor inclinación a transgredir los límites. 

c) Las diferencias entre hombres y mujeres en las motivaciones son inexistentes o muy pequeñas.

No se han reportado con anterioridad resultados sobre la actitud hacia los límites sociales de jóvenes mexicanos, puesto que el estudio expuesto en este trabajo es precisamente el primero que se aplicó a una muestra mexicana en el marco de la ipr. Sin embargo, datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática -2009 acerca de  la delincuencia en el país señalan que 0,9 de los presuntos delincuentes  registrados  en los juzgados de 2005 a 2008 son hombres y sólo 10%, mujeres. En el caso específico de los menores infractores puestos a disposición de instituciones jurisdiccionales entre 1999 y 2005 se reporta un  índice de feminidad de una mujer  por cada diez hombres. En el ámbito de los valores, un estudio de Ito (2001) demuestra que ciertos antivalores relacionados con la trangresión de las normas sociales, como la violencia y la agresividad, son asociados con mayor frecuencia al rol masculino que al femenino. Asimismo, en un estudio nacional sobre los intereses, necesidades y costumbres de los adolescentes llevado a cabo por el sistema de  Desarrollo Integral de la Familia ( Dif), en 1994 se encontró que en ambos  sexos  predomina un rechazo generalizado hacia el robo y el hacer cosas ilegales con amigos; no obstante, son las mujeres quienes más se oponen a este tipo de conductas. Estos antecedentes determinan que, entre la población mexicana, en general, así como en los jóvenes, en particular, se da una  diferenciación genérica en el manejo de la normatividad social, pues en los  hombres existe una mayor inclinación a la transgresión que en las mujeres.

 

Género, socialización y límites sociales

De acuerdo con Musitu y Cava (2001), el género alude a las diferencias construidas socialmente en función del sexo, mediante mecanismos sociales de diferenciación. Se trata de los atributos, comportamientos, características personales y expectativas asociadas al sexo biológico en una determinada cultura, que constituyen las  variaciones sociales, psicológicas y culturales entre hombres y mujeres. Son el  resultado  del aprendizaje social de comportamientos y actitudes considerados  apropiados para cada sexo, profundamente arraigados en la socialización del género desde la infancia; por ejemplo, en la clasificación de los  juguetes “adecuados” para niñas y niños, en los libros e historias infantiles  que reproducen los estereotipos de los roles masculinos y femeninos, en el  uso de las imágenes de hombres y mujeres en la publicidad y en los medios  de comunicación masiva, y también en las creencias de los padres y de los  amigos.  De esta manera, los roles de género se aprenden desde temprana edad y poseen su origen en la crianza en el ámbito familiar, con el fin de establecer las funciones que deben cumplir los hombres y las mujeres en la vida personal y social. Así, los roles son los estándares reconocibles y aceptables acerca de lo que se espera de una mujer y de un hombre. Se da una  asignación  diferencial de papeles y estatus, así como una división sexual del trabajo; se identifica tradicionalmente lo femenino con lo maternal y lo doméstico, y lo masculino con lo público y el mundo externo (con algunas variantes según cultura, clase social y grupo étnico). León (1994) explica que no se trata de meras divisiones domésticas  percibidas como un fenómeno dado, sino que, además, desde la perspectiva de género, debe tomarse  en cuenta el factor poder, pues los roles son impuestos a personas y grupos  por otros individuos o por el colectivo. Ello implica que el género no es una  propiedad individual y entraña una esencia social, puesto que está inmerso  en un sistema de relaciones de poder, con conflictos y luchas. Existen desigualdades entre hombres y mujeres, que se manifiestan, por lo regular, en la  supuesta superioridad del género masculino sobre el femenino, en una relación  de poder en la cual el hombre es dominante y la mujer es devaluada y sumisa.

El proceso de socialización tradicional en la familia, como espacio socializador primario, contribuye a la existencia de las tareas y expectativas  culturales distintas de acuerdo con el género. En el caso de los hombres,  se orienta más al éxito, a aprender a competir y obtener estatus social, a  “lograr algo en la vida”. Para las mujeres, la socialización tiene un enfoque más relacional, centrado en la responsabilidad del cuidado de otras  personas,  el atender a otros, ser responsivas a las interacciones sociales y mostrar empatía (Van Wieringen-Anneveldt, 2003). La diferenciación, según el género, en las actividades y tareas de crianza se asocia, además, con el manejo de la normatividad social, puesto que, por lo común las reglas son interpretadas de modo más flexible para los hijos que para las hijas; en otras palabras, suelen existir diferentes expectativas en lo referente a las conductas expuestas: la transgresión de los límites sociales es más aceptada y tolerada en el caso de los hijos, quienes poseen un mayor grado de libertad y permisividad, pero en el trato con las hijas predomina la idea de que deben ser más  obedientes y no romper las reglas; esto es, ajustarse más a los límites.

 

Roles de género en México

En México, durante las últimas décadas, han ocurrido cambios importantes en los roles de género; la dinámica social y cultural ha llevado a una  situación de mayor participación de la mujer en distintos ámbitos,  sobre todo en la educación y en el mundo del trabajo, con algunas tendencias hacia mayor equidad de género. En el aspecto laboral, ya no es “mal visto” que la mujer tenga un trabajo remunerado fuera de la casa; en lo que se refiere a la educación, en todos los niveles, desde preescolar hasta universitario,  prácticamente, ya hay igual número de mujeres que de hombres en la matrícula. Maldonado (1993) menciona que ha habido una transformación gradual en la idea tradicional de la vida familiar mexicana, de  acuerdo con la cual el hogar era dominio exclusivo de la mujer y el mundo  externo pertenecía al  hombre. Los cambios en las ideas de la población mexicana acerca de la relación entre géneros pueden ilustrarse mediante los hallazgos de la Encuesta Mundial de Valores de 2005: el rasgo más mencionado para la caracterización de la convivencia democrática resultó ser la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, lo que resulta esencial para 0,8 de los adultos mexicanos (Moreno, 2006).

Sin embargo, esos cambios en las formas de pensar en los roles de género no parecen reflejarse en la división del trabajo dentro de la familia: la mujer continúa siendo la principal responsable de las labores domésticas y de la educación de los hijos en la mayoría de las familias mexicanas, y la participación masculina en dichas actividades es escasa, variable y, en ocasiones, nula  (García y De Oliveira, 1998). En su estudio sobre las relaciones de género en Irapuato, Steenbeek -1995 describe las labores domésticas como “un asunto  colectivo de mujeres, controlado y organizado por la madre”.

También en las prácticas de crianza en la familia sigue existiendo una diferenciación en el trato de los hijos y las hijas, lo que es relevante para la formación de las actitudes según el género. Flores (1996) afirma que la educación de los niños, en el hogar, es distinta de la de las niñas: mientras en ellos se exaltan la libertad, la audacia, la inteligencia, el desarrollo de sus capacidades y aun la rebeldía y la agresividad, a las niñas se les van marcando las pautas para desarrollar la abnegación, el autosacrificio por los demás, la sumisión, la docilidad y la seducción. Asimismo, a las niñas se les limita el desarrollo físico, exhortándolas a no realizar juegos bruscos, a estar quietas, a jugar con muñecas y a ayudar a mamá con su papel  de servicio a los hombres de la casa.

Con base en los datos del estudio nacional del Dif (1994) sobre los intereses,  necesidades y costumbres de los adolescentes, la familia tiende a estimular más la independencia de los hijos que la de las hijas. También, hay mayor aceptación de su manera de pensar y actuar. Por otra parte, las hijas tienden a recibir más apoyo y protección de sus familias, lo que coincide con la investigación de Steenbeek (1995), quien observó la existencia  de claras diferencias en los roles de género: a las niñas se les enseña a ser  y permanecer dependientes, y no disponen de libertad para tomar sus propias decisiones. Además, como tienen que ayudar en las labores domésticas, están más “atadas” al hogar. Si quieren salir con amigas cuando crecen, en los años de su adolescencia, necesitan el permiso de los padres. En cambio, los hijos poseen de mayor independencia y autonomía relativas, puesto que tienen oportunidades de involucrarse en forma más directa y libre en la vida social fuera de la casa.

 

Método

Los resultados reportados en este trabajo fueron obtenidos por medio de un estudio que se hizo con un grupo de jóvenes estudiantes “normales” —es decir, sin problemas de conducta y sin haber tenido contactos con la justicia— de la ciudad de Toluca. La muestra estuvo integrada por 293 participantes, en el rango de edad de 12 a 20 años; 148 hombres (51%) y 145 mujeres (49%). Se trabajó con alumnos de distintos niveles educativos (secundaria, preparatoria y universidad) de escuelas públicas y privadas. 

Se empleó el instrumento de reacción estándar (Standard Reaction Instrument o sri), que mide las actitudes de grupos de jóvenes hacia los límites sociales, y cuyo eje consiste en diez situaciones ficticias, llamadas “incidentes críticos” que podrían darse en la vida cotidiana de cualquier joven y en las cuales se presenta cierto límite social. El sri considera tres tipos de límites: no cometer delitos económicos o financieros, no usar violencia contra personas, no violar reglas o acuerdos vigentes. Como la versión original de dicho instrumento está en holandés, se tuvo que elaborar  la versión mexicana con la técnica del comité focal, aplicada para juzgar,  discutir  y efectuar la adaptación transcultural de instrumentos escritos (Brislyn, 1980). De tal manera, se efectuaron modificaciones en la descripción de algunas situaciones del  sri para que fueran más entendibles  para la muestra mexicana de acuerdo con su contexto cultural,  pero sin cambiar la esencia de los incidentes críticos del instrumento ni de los límites sociales (Oudhof, 2002). 

La captura de datos se realizó en el salón de clase de las escuelas, en grupos de 20 alumnos aproximadamente, a partir de los principios de anonimato y de colaboración voluntaria. Después, se codificaron todas las respuestas con base en el manual diseñado para este fin por Brons y Van Dijken (1994), usado también en otros países, estableciendo cómo deben calificarse las respuestas de las reacciones (conocidas y preferidas) y de las motivaciones para cada situación del instrumento. En función de los lineamientos de ese manual, se procedió a clasificar todas las respuestas dadas por los participantes. La codificación fue hecha por dos personas que trabajaron de modo independiente, comparando luego todas las clasificaciones y llegando a un consenso en caso de diferencias. Para el procesamiento de datos, se empleó la prueba t de Student con el propósito de  analizar las diferencias entre hombres y mujeres en las reacciones conocidas, las reacciones preferidas y las motivaciones.

 

Resultados

Se observa que el patrón general del conocimiento de las formas de actuar que pudieran darse en las situaciones que implican un afrontamiento a los límites sociales es similar para hombres y mujeres: se conocen muy bien las reacciones de ajustarse (A) y transgredir (B), mostrándose en estas categorías las medias más altas, pero se tienen menos  nociones de las alternativas de retroceder (D) y negociar (C). De tal forma,  en orden descendiente de las medias obtenidas, este patrón se representa simbólicamente por A > B > D > C para ambos sexos. La comparación por  sexo  indica que hay algunas diferencias estadísticamente significativas: las mujeres tienen más conocimiento de ajustarse y negociar, y los hombres mencionaron con más frecuencia transgredir.

En las reacciones preferidas, que constituyen la dimensión conativa de la actitud, se detectó que los jóvenes optan, en la mayoría de los casos, por ajustarse a los límites sociales, seguido en segundo lugar por transgredir, mientras que negociar y retroceder son mucho menos populares como tipo de reacción. Tanto para mujeres como para hombres, la secuencia de las reacciones preferidas es A > B > C > D. Sin embargo, dentro del patrón general hay diferencias evidentes y estadísticamente significativas por sexo: las mujeres tienden más a ajustarse y a negociar, en tanto que los hombres señalan con más frecuencia que transgredirían los límites. En las motivaciones que se dieron para justificar la reacción preferida, se observa que predominan aquellas orientadas hacia el presente (c) y hacia sí mismo (a). Las motivaciones con un grado más alto de abstracción, dirigidas hacia el otro (b) o hacia el futuro (d), son menos comunes, por lo que la secuencia de las motivaciones es c > a > b > d. No se detectó alguna diferencia significativa entre hombres y mujeres en este aspecto de la actitud.





Discusión

Los resultados conseguidos en la investigación revelan que existen las mismas tendencias globales en la actitud hacia los límites sociales en los adolescentes del sexo femenino y masculino de la muestra, representadas con las  secuencias de los patrones de las reacciones conocidas, reacciones preferidas y  motivaciones. Hay una similitud considerable en los tres componentes actitudinales (cognitivo, afectivo y conativo) entre hombres y mujeres, la cual revela que  las formas de manejar las normas y reglas de la sociedad no son radicalmente distintas, según género. No obstante, cabe destacar que sí se encontraron algunas diferencias significativas entre hombres y mujeres, principalmente en el  componente conativo de la actitud: las mujeres tienden a ajustarse y a negociar  más, y los hombres transgreden los límites más a menudo. Diferencias similares  entre hombres y mujeres se hallaron en las investigaciones realizadas en Holanda (Rink et al., 1989; Sanches, 1997), Alemania (Dickscheit, 1998) y Bélgica  (Grietens, 1999). De esta manera, la diferenciación por género en la actitud de los adolescentes hacia los límites sociales parece darse en diversos contextos, sin exhibir muchas variaciones transculturales. 

Cabe resaltar que las diferencias entre hombres y mujeres aparecen con mayor claridad en la inclinación conductual expresada en las reacciones preferidas, dado que los jóvenes del sexo masculino tienden a transgredir más la normatividad social. Esto se relaciona con el hecho de que, en todos los países, la mayoría de las personas que comete delitos son hombres; la conducta delictiva es vista, por lo general, como un comportamiento típicamente masculino. Además, los hombres en la edad de la adolescencia tienden a ser más agresivos y romper más reglas, mientras que las mujeres muestran conductas más prosociales y ajustadas a las reglas. (Van Wieringen-Anneveldt, 2003)

Los datos obtenidos en el estudio coinciden de forma parcial con las características del proceso de socialización y de las prácticas de crianza, según género, en México. Ello se observó en particular en la comparación de las reacciones preferidas, donde los hombres presentan una introyección más transgresora de los límites sociales que las mujeres, como consecuencia de su mayor libertad y de la flexibilidad con la que se interpretan  los límites para ellos (Flores, 1996). Las mujeres, en cambio, optan más  por ajustarse a los límites sociales y por negociar, y rompen las reglas con  menos frecuencia que los hombres, lo que corresponde con los datos del  estudio nacional entre adolescentes elaborado por el  Dif (1994), en el cual  se expone que las mujeres muestran mayor rechazo que los hombres hacia  el robo y el hacer cosas ilegales con los amigos.

Desde esta perspectiva, también se esperaba que las mujeres dieran más motivaciones orientadas hacia el otro, como resultado del aprendizaje social que tiende hacia la abnegación, el autosacrificio y el cuidado de otras personas, en especial en las familias más tradicionales (Steenbeek, 1995; Zarza y Oudhof, 2008). Lo anterior llevaría a pensar que las mujeres quizá tomen más en cuenta los intereses y la situación de otras personas cuando deben manejar la normatividad social. A pesar de ello, en  la  comparación de las motivaciones por género, no se estableció alguna diferencia significativa entre hombres y mujeres. De este modo, se infiere que los adolescentes de ambos sexos se orientan principalmente por sus propios deseos y por lo que consideran una conducta apropiada en la situación tal como se presenta, cuando se trata de la decisión de cómo enfrentarse a los límites sociales en su vida cotidiana. En este aspecto no se  encontró, en este estudio, alguna evidencia de que las mujeres muestren mayor subordinación o una actitud servicial hacia otras personas.

Se concluye que el género es un factor con cierta influencia sobre el manejo de los límites sociales en adolescentes, en específico en la inclinación conductual que manifiestan hombres y mujeres cuando estos límites se presentan en la interacción cotidiana. Sin embargo, la similitud en los patrones que se hallaron para ambos sexos señala con claridad que las variaciones no son muy grandes, por lo cual no deben sobreestimarse las diferencias de género. Por último, cabe notar que la investigación se efectuó en adolescentes de la zona metropolitana de la ciudad de Toluca, con formas de vida y costumbres urbanas y modernas. Sería interesante investigar las actitudes hacia los límites sociales de adolescentes hombres y mujeres en lugares rurales y más tradicionales para analizar qué tanto los cambios en los roles de género se producen, o no, en otros entornos socioculturales.

 

Autores

Hans Oudhof Van Barneveld, Norma I. González Arratia López Fuentes y Susana Silvia Zarza Villegas Profesores-investigadores de la Facultad de Ciencias de la Conducta, Departamento de Posgrado, Universidad Autónoma  del Estado de México

 

Bibliografía

Brislyn, R. W. (1980). Translation of oral and written materials. En H. C. Triandis y W. Berry, Handbook of cross-cultural psychology: Methodology, vol. 2. Boston:  Allyn & Bacon.

Brons, A.  y Van Dijken, W. (1994). Beyond the limits. Report of the Reaction Pattern Research in Canada. Groningen: Master Thesis, State University of Groningen, Department of Orthopedagogy.

Dickscheit, J. (1998). Jugendliche in der Konfrontation mit Sozialen Grenzsituationen. Groningen: Tesis de doctorado. Aachen: Shaker Verlag.

Flores Elizalde, M. E. (1996). Hacia una valorización de la mujer. En Consejo Estatal de Población (ed.), Situación de la mujer en el Estado de México. Toluca: Consejo Estatal de Población, pp. 650-653.

García, B. y O. de Oliveira, (1998). Trabajo femenino y vida familiar en México. México: El Colegio de México.

Grietens, H. (1999). Attitudes Towards Social Limits, Undersocialized Behavior, and Self-Presentation in Young People. A contribution to the Theoretical Framework and the Empirical Validation of the Reaction Pattern Research in Flanders. Groningen: Tesis de doctorada. Leuven: University Press.

Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (2009). Información estadística. Extraído desde http://www.inegi.org.mx

Ito, M. E. (2001). Los mexicanos y sus valores: un enfoque ideográfico. En N. Calleja y G. Gómez-Peresmitré (comp.), Psicología social: investigación y aplicaciones en México. México: Fondo de Cultura Económica, pp. 163-193.

León, M. (1994). La identidad se construye ¿en la familia? En Familias siglo xxi, Ediciones de las mujeres, 20 pp. 29-42.

Maldonado, I. (1993). Como a través de la bruma (Notas acerca del género masculino). En I. Maldonado (ed.), Familias: una historia siempre nueva. México:  unaM/Miguel Ángel Porrúa, pp. 47-59.

Moreno, A. (2006). Concepto y valoración de la democracia: hallazgos de la En- cuesta Mundial de Valores 2005 en México. En Este país. Tendencias y opiniones, 181 pp. 66-72.

Musitu, G. y M. J. Cava, (2001). La familia y la educación. Barcelona: Octaedra.

Oudhof, H. (2002). The Attitudes of Mexican Youngsters with Respect to Social Li- mits. A Mexican Contribution to the Reaction Pattern Research. Tesis de doctorado. Maastricht: Shaker.

Peiró, J. M., J. F. Morales y J. M. Fernández Dols  (1998). Tratado de psicología social, vol. II: Interacción social. Madrid: Síntesis.

Rink, K. (2002). Basic themes in the Reaction Pattern Research. En W. Ott y K. Rink (eds.), Youngsters between freedom and social limits, vol. IV. Maastricht: Shaker, pp. 19-54.

Rink, K., R. C.Vos, H. M. Van Lokven y C. M. Slagveer  (1989). Grensgevallen. De houding van jongeren ten opzichte van sociale grenzen. Deel 1, Nederlandse jongeren algemeen. Leuven/Amersfoort: Acco.

Sanches, M. (1997). De houding van Marokkaanse, Surinaamse en Turkse jongeren ten opzichte van sociale grenzen. Groningen: Ph.D. thesis. Groningen:  Kinderstudies.

Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (1994). En El adolescente de escuelas oficiales de México: sus intereses, necesidades y costumbres. México: Dif.

Steenbeek, G. (1995). Vrouwen op de drempel. Gender en moraliteit in een Mexicaanse provinciestad. Amsterdam: Thela Thesis.

Van Wieringen-Anneveldt, L. (2003). Gender and Reaction Pattern Research in different worlds. A Closer Look at the Case of México. Tesis de maestría, Faculty  of Psychological, Sociological and Pedagogical Sciences. Groningen: State University of Groningen.

Zarza, S. S. y H. Oudhof, (2008). Un acercamiento al tema de la masculinidad y su relación con la socialización en el ámbito familiar. En H. Oudhof, M. Morales y S. S. Zarza (coords.), Socialización y familia. Estudios sobre procesos  psicológicos y sociales. México: Fontamara, pp. 45-57.

 



Etiquetas:   Psicología Social

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
19510 publicaciones
4882 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora