¿Las mujeres regresarán exclusivamente a las tareas del hogar?
.
. .
..Llevo once años dedicándome a laborar en el ámbito público y jurídico en Nuevo León, de los cuáles me he percatado que hay un momento en la vida de la mujer en que el orden de prioridades debe cambiar.La mujer promedio en México elige estudiar una carrera profesional, luego, al concluirla o incluso desde la vida universitaria, logra compaginar sus estudios mientras comienza a incursionar el mundo laboral. Hasta ahí el acceso a los estudios y oportunidades laborales parecen estar en igualdad de condiciones de los hombres.El desarrollo continúa para ambos géneros, obteniendo capacitaciones constantes, ascensos, acceso a posgrados, afores, fondos de ahorro, etc. Pero posteriormente y como parte de algo natural en el ser humano, suele emerger el deseo de la construcción de una familia, lo que conlleva al matrimonio y posteriormente a la maternidad.Y es aquí dónde comienza a fracturarse lo que parecía estar en estado de igualdad. Se ha trabajado mucho para que el matrimonio esté construido bajo igualdad de condiciones, que tanto hombre como mujer se involucren en las tareas del hogar, así como en la obtención de recursos para sostenerlo. Pero entonces aparece “la maternidad” hecho que disrumpe cualquier intento humano por simular igualdad entre géneros.No pienso atropellar la “paternidad” ni invisibilizarla, pero si quiero resaltar la carga física y emocional que conlleva para la mujer el hecho de ser madre. Biológicamente no solo su estructura corporal cambia para comenzar a formar vida, sino que su cerebro también padece estos cambios, formando en él nuevas estructuras neuronales que soporten dentro de la mujer este vínculo emocional con el que debe cargar para poder contener la vida que se está formando en ella.De ahí el famoso “instinto materno” que si bien, no se nace con él, el cerebro humano lo desarrolla en la mujer al momento de estar embarazada. Es una realidad también que la demanda del bebé hacia la madre tiene una naturaleza intrínseca que no se le demanda en la misma manera al padre, como la lactancia, por ejemplo.La mujer padece la maternidad de una forma imposible de simular por un hombre. Y mientras esto ocurre, el sector público y privado siguen sosteniendo políticas y reglamentos internos rígidos que obstruyen o dificultan la maternidad mientras se está en el mundo laboral.De ahí llegamos a una conclusión: o renunciamos a la maternidad, o renunciamos al desarrollo profesional en igualdad de condiciones que los hombres.Considerando el sistema capitalista de altos precios, consumo y cada vez de más difícil acceso a la propiedad privada, renunciar al trabajo no parece ser una opción. ¿Pero cómo sostener la maternidad y el desarrollo profesional sin colapsar? La respuesta hasta ahora ha sido contener el colapso, restando horas de maternidad, restando horas de trabajo. Abrazando el salario estable, el trabajo estable, pero renunciando al ascenso laboral y a esa probable evolución dentro de este ámbito. Delegando la maternidad a las abuelas, a las guarderías, a las tías y a la poca energía que queda para sostener la educación de los hijos.¿No resulta ser esto un problema significativo para la sociedad? Hace unos días me preguntaba un compañero de trabajo lo siguiente: “Imagina que tienes una compañera de trabajo de tu misma edad, en el mismo puesto que tú, pero ella resulta embarazada y por lo tanto debe de trabajar menos horas, pero recibe el mismo salario que tú ¿Te parece justo este escenario? – preguntó. – Me parece más que justo, necesario. – Respondí.”Olvidamos que la sociedad debe sostenerse así misma en conjunto, y para esto me gusta recordar la siguiente frase: “nadie salva a nadie, pero nadie se salva solo” interpretada como la necesidad de interdependencia entre los seres humanos para superar los retos y obstáculos de la vida diaria, haciendo alusión a que la verdadera evolución nace de asumir el rol personal y colectivo necesario para que el crecimiento sea una construcción sólida por todos y para todos.Entonces ¿Por qué la maternidad ha llegado a ser un conflicto o una obstrucción para el desarrollo profesional, si pueden ejercerse con éxito ambos roles? ¿Por qué seguimos diseñando políticas y reglamentos rígidos que impiden a una mujer trabajadora ejercer una maternidad presente y sana?Cada vez que una madre triunfa en el cuidado integral de su hijo, triunfamos todos como sociedad, pues estos menores crecerán y serán quienes aportarán valor a la sociedad en la que todos cohabitamos. Por eso no podemos ser indiferentes a la crianza ni a las condiciones en que esta es ejercida.Todo lo anterior para concluir diciendo que la maternidad es un terreno fértil en el ámbito laboral que no termina de visibilizarse y si esta problemática continua, llegará un momento en que las mujeres quizá renuncien a la maternidad como se ha visto en cierta medida estos últimos años o peor aún, que renuncien a la vida laboral cuando no se sientan impuestas a ella.Eso solamente hablando de la maternidad, sin considerar otros temas como el bornout, otra forma de hacer colapsar al sistema nervioso por el exceso de horas laborales, con menos recursos y sin reconocimiento alguno; el valorar la meritocracia y el presencialismo sobre resultados tangibles; los micromachismos o machismo en todo su esplendor traducido como agresiones diarias sobre la imagen, el no reconocimiento del liderazgo femenino, acoso y hostigamiento sexual; entre otros.Creo que la manera en que las mujeres en México nos estamos relacionando con los empleos e ingresando al mercado laboral, es en la misma forma en que los hombres lo han venido haciendo durante años. Lo estamos haciendo bajo sus horarios, sus estructuras, sus necesidades biológicas, etc. Y eso es androcentrismo.¿Es posible adentrarnos las mujeres a este ámbito laboral desde una perspectiva femenina? Sí, es posible crear ambientes laborales para mujeres, con empleos que respondan a las necesidades e intereses básicas de la mujer, sin que esto represente una pérdida o menoscabo a la construcción y ganancias de las empresas, o el desarrollo eficiente del sector público.Algunas empresas en Nueva Zelanda por ejemplo, ya promueven dentro de sus políticas internas una licencia menstrual y de menopausia sin necesidad de reducir su salario o agotar sus días de vacaciones. Esto promueve no solo el problema de agotar las bajas, sino también el verdadero empoderamiento de las mujeres.En Nuevo León en el 2024 se reformó la Ley del Servicio Civil para los trabajadores del Estado, permitiendo a las mujeres bajo consentimiento médico, trabajar desde su casa por un periodo hasta de dos días.Algunas mujeres buscan promover dentro de sus empresas el “cycle syncing” para que las horas de jornada y las tareas encomendadas se realicen conforme al ciclo hormonal de las mujeres, tal como se ha estado promoviendo en la alimentación y rutinas de ejercicio.Por tanto, la lucha por los derechos de las mujeres continúa hasta que el sistema y las estructuras de gobierno finalmente visibilicen las necesidades y los intereses de las mujeres.Debemos insistir en promover no solo leyes sino políticas públicas que garanticen el acceso a estos derechos. Como comunidad todos tenemos una participación en el feminismo que busca el bienestar integral para la mujer, volver a los tiempos de antes, dónde los hombres se encargaban de lo público y las mujeres de lo privado, no es opción si se elige desde la falta de oportunidades y equidad.Así que creo que vale la pena preguntarte ¿cuál es tu postura ante esta problemática?Nos vemos en la marcha del 8M.Con cariño Valeria Rdz.