47 segundos

47 segundos: cielo e infierno en un mismo acto

 

. Ese fue el tiempo que, según fuentes militares, le tomó a un operativo especial de EE.UU. extraer a Nicolás Maduro de una de sus residencias de máxima seguridad en Venezuela. Una acción inédita, quirúrgica y eficaz, precedida por meses de inteligencia, despliegue naval en el Caribe y ataques preventivos para evitar cualquier contraofensiva.

Para millones de venezolanos que emigraron por miseria o persecución, y para buena parte de la derecha internacional, esos 47 segundos fueron el cielo. Para el chavismo, sus aliados ideológicos y el propio Maduro, hoy detenido en Brooklyn acusado de narcotráfico, fueron el infierno.

La pregunta es inevitable: ¿fue infierno también para quienes lo votaron? ¿Fueron reales los resultados electorales que incluso líderes afines, como Lula, pidieron transparentar? ¿Por qué, ante una acefalía de poder sostenida por Delcy Rodríguez, no hay protestas masivas ni reclamos populares?

Que Venezuela no estaba bien es indiscutible. Que ahora esté mejor, o vaya a estarlo, no lo es.

La escena deja al desnudo una hipocresía ideológica global. Los libertarios argentinos y gran parte de la derecha europea celebran a Trump como referente, aun cuando sus políticas comerciales son abiertamente proteccionistas y contradictorias con el discurso de libre mercado que pregonan figuras como Milei. En lo institucional, la incoherencia es aún mayor: la acción que hoy se festeja sería considerada inadmisible —incluso causal de guerra— si la ejecutara un líder de izquierda contra un presidente de derecha, aun tratándose de un autócrata.

Putin, Xi, Modi o Lula jamás tendrían el mismo trato discursivo y mediático que Trump, pese a que también disponen de fuerzas especiales capaces de ignorar el derecho internacional.

En lo económico, el mercado aún no reaccionó plenamente, pero todo indica que EE.UU. se asegura el control del petróleo venezolano, clave para sus refinerías. El crudo no subiría; incluso podría bajar. El mundo cripto, siempre adelantado, ya mostró señales de euforia, anticipando estabilidad bursátil y una posible baja de tasas de la FED.

Lo político roza la ilegalidad, lo institucional se degrada y lo ideológico manda. La coherencia —condición mínima de la realidad— exigiría condenar simultáneamente el imperialismo ilegal de Trump en Sudamérica y la tiranía de Maduro: su elección dudosa, la coacción sistemática, las violaciones a los derechos humanos y la existencia de casi 200.000 grupos civiles armados, incompatibles con cualquier democracia.

Estos 47 segundos cerraron una etapa del chavismo y, al mismo tiempo, otorgaron una victoria táctica a EE.UU. y a la derecha global en una guerra estratégica que, frente al bloque BRICS, parece perdida. Un mundo que avanza hacia la confrontación entre productores netos y consumidores netos, donde cada conflicto suma un capítulo a una tercera guerra mundial fragmentada y en desarrollo.

Borges lo escribió mejor en Del cielo y el infierno: ambos pueden ser la misma cosa, en un mismo instante.

En su poema un rostro incesante en el horizonte al final de la vida

Sin embargo en política, no hay elegidos ni réprobos entre los ciudadanos. Solo hay mayorías convencidas de triunfos ficticios que nada más enriquecen a las élites y minorías que resisten sin lograr aún mejorar la vida de nadie.

Para unos fue cielo esos 47 segundos para otros, el final de un modelo represivo en una democracia simulada.

La realidad indica que fue una batalla insignificante ganada por EE.UU, de una guerra comercial y geopolítica perdida frente a los BRICS

Para la gente la vida se parece cada vez más al infierno del empobrecimiento sistemático, frente a una concentración económica cada vez más obscena.

Edición Yedith Cazarin Escritora

UNETE



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