De sentenciar catástrofes económicas a elogiar la economía de Milei y su catástrofe social

El “Doctor Catástrofe” que durante años anticipó crisis ahora aplaude una en curso. Roubini, convertido en apologista del ajuste, observa desde su loft neoyorquino la crisis argentina como si fuera una pieza más de su colección: fría, perfecta, sin vida.

 

. Roubini, convertido en apologista del ajuste, observa desde su loft neoyorquino la crisis argentina como si fuera una pieza más de su colección: fría, perfecta, sin vida.

Transcurre apenas la segunda semana después del triunfo de Javier Milei y la euforia inicial de los mercados ya empieza a desvanecerse. Los bonos y acciones argentinas, que subieron de forma vertiginosa, se estabilizan. El riesgo país —que cayó a menos de la mitad— se ameseta. Y el dólar, pese a las tasas altísimas en pesos, vuelve a rozar la banda superior fijada por Economía, sostenido por una demanda que no se apaga.

Y digo “precio del dólar fijado por Economía” porque es Toto Caputo quien responde por él, no el Banco Central, que debería ser independiente. Caputo, el mismo del macrismo, el que sigue manejando el mercado cambiario a control remoto, ahora celebra elogios externos para justificar su política.

Roubini, el nuevo apóstol del ajuste

En su cuenta de X, Caputo compartió un artículo de Nouriel Roubini, el célebre “Doctor Catástrofe” que durante décadas hizo su carrera prediciendo crisis y derrumbes financieros.

El mismo que advertía sobre burbujas, déficits y modelos inviables, ahora bendice el plan Milei, lo alaba y hasta lo presenta como ejemplo de ortodoxia fiscal.

En esa nota, Roubini sostiene que, si el gobierno mantiene su rumbo y logra aprobar las reformas estructurales, Argentina podría recibir más de 70.000 millones de dólares en inversión extranjera directa y otros 25.000 millones para un supuesto polo de inteligencia artificial. Promete, además, una inflación menor al 2 % mensual y una economía en expansión.

Nada de eso está sustentado. No dice cuándo ni cómo. Solo condiciona el milagro a la fe en Milei.

Lo curioso es que ese pronóstico no lo hace un gurú cualquiera, sino Nouriel Roubini, el coleccionista de vaginas —sí, el de las esculturas de yeso decorando su lujoso loft de Tribeca, y según algunas fotos, quizás también de las reales, aunque cuando trascendió a la prensa, la universidad donde enseñaba, le pidió las quite (a las de yeso)

Ese mismo analista que hasta ayer condenaba los desequilibrios fiscales y las políticas extremas, hoy se arrodilla ante el experimento argentino, mezclando argumentos económicos con un evidente sesgo ideológico y un desprecio visceral hacia todo lo que huela a peronismo.

Los experimentos liberales y sus ruinas

Roubini intenta separar a Milei de Menem y Macri, pero todos comparten la misma lógica: ajuste, endeudamiento y fe ciega en el mercado.

Menem, con su convertibilidad 1 a 1, bajó la inflación, sí, pero arrasó con la industria nacional, destruyó empleo y llenó de importaciones un país que dejó de producir.

Macri, que heredó una economía más ordenada, duplicó la inflación, endeudó al país como nunca y terminó reinstalando el cepo, después de recibir 43.000 millones de dólares del FMI y emitir más de 90.000 millones en bonos.

Ambos gobiernos se hundieron en sus propios discursos de estabilidad.

Milei, con su bandera de “la libertad avanza”, aplica la misma fórmula, solo que sin anestesia. Y con un detalle: esta vez el ajuste no tiene como objetivo estabilizar, sino demostrar una ideología.

El peronismo y la manipulación del relato

La derecha oficial, mediática y financiera insiste en culpar al peronismo de todos los males. Pero si uno mira los números reales —crecimiento, exportaciones, balanza comercial, producción, inversión—, los gobiernos peronistas entre 2003 y 2015 y, en parte, entre 2019 y 2023, fueron los que mejores resultados dieron en casi todas las variables económicas, incluso en contextos internacionales adversos.

Los liberales tuvieron los dólares, los préstamos, las condiciones externas favorables… y terminaron dejando crisis.

Milei presume de “superávit fiscal”, pero omite que no incluye los intereses de deuda en pesos, que hoy son los más altos de la historia. A cambio de ese supuesto equilibrio, el país se hunde en una recesión profunda: caída del 6 % de la actividad, derrumbe del consumo, cierre de comercios y desfinanciamiento total de la salud, la educación, la ciencia y la obra pública.

Inflación reprimida, pobreza liberada

La inflación oficial, maquillada por el INDEC, se ubica en torno al 2 % mensual. Pero es un espejismo: no hay precios porque no hay poder adquisitivo. El dólar se mantiene estable solo porque el FMI y el Tesoro estadounidense intervienen, incluso vendiendo divisas en el mercado local.

Mientras tanto, el RIGI —ese régimen que regala exenciones impositivas por 30 años a empresas que inviertan más de 200 millones de dólares— no atrae a nadie.

¿Quién va a invertir en un país sin infraestructura, sin obra pública, sin crédito y sin demanda?

La inversión extranjera llega cuando el Estado genera condiciones: caminos, energía, estabilidad jurídica. No cuando se lo desmantela para rendir culto a un dogma.

La fe del mercado y la catástrofe social



Caputo celebra el texto de Roubini porque confirma lo que quiere oír: que el ajuste es virtuoso, que el dolor es necesario, que el equilibrio fiscal es más importante que la gente.

Pero la realidad es otra. Si la actividad no se recupera, la recaudación se desploma y el superávit se evapora. La pobreza real crece sobre todo en sectores medios,la economía se paraliza y el experimento libertario revela su verdadera naturaleza: un ensayo de laboratorio donde el costo lo paga la gente común con empobrecimiento y descenso social.

El “Doctor Catástrofe”, que durante años se dedicó a predecir crisis, hoy aplaude una que ya está en marcha. Tal vez, desde su loft lleno de esculturas, mire la catástrofe argentina y la confunda con una más de sus obras de yeso: fría, inmóvil y ajena al dolor que representa.

Porque mientras él la contempla como arte, acá es vida, carne y pérdida.

Edición: Yedith Cazarin Escritora

UNETE



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