. He salido a caminar, no para huir ¡jamás huyo!— sino para que el mundo me roce otra vez con sus uñas sucias y su ternura. No muy lejos. Apenas un par de calles. Pero en cada paso hay siglos. Y en cada esquina, una posibilidad de naufragio. Llevo una libreta en el bolsillo como otros llevan un arma. No para escribirte —¡te fuiste!— sino para recordarme que aún existo, que aún ardo, que aún me hiere la belleza cuando se arrastra por la acera. 8:13 Una anciana le habla a sus plantas y yo la envidio. Quisiera tener el valor de pedirle a la vida que no se apure. 9:42 Un hombre dibuja líneas frente a una pared amarilla como si el universo pudiera reducirse a un trazo incierto. Y yo, que lo observo, también rezo —sin querer. 11:15 Una mujer muerde una manzana como si devorara al mundo. Y yo la miro. Y yo aprendo: no todo debe tragarme de golpe. 12:26 Un niño pierde su helado y en vez de llorar, inventa el mar. Yo sonrío, pero por dentro el océano me ahoga. 13:00 El sol me toca el cuello. El zumbido en mi oído ya no grita, acompaña.Y yo —por primera vez en siglos— no me quiero ir de este instante. He vuelto a casa con los bolsillos llenos de cosas que no pesan: escenas, rostros, luces. Fragmentos del mundo que ya no me exigen explicaciones. Hoy no escribo para entenderme. Ni para recordarte. Hoy escribo porque —maldita sea— el presente me habló, y esta vez, no quise quedarme callada.