. Sin embargo, su rol va mucho más allá de lo operativo: está llamada a convertirse en un actor clave de desarrollo sostenible y de gestión justa del recurso hídrico. Para lograrlo, resulta esencial aplicar un enfoque basado en la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH), articulando tres ejes fundamentales: sostenibilidad ambiental, ordenamiento territorial y fortalecimiento institucional.
El valle del Chira ha sido históricamente vulnerable a eventos climáticos extremos como el Fenómeno El Niño, las sequías prolongadas o la sobreexplotación del acuífero. Por ello, la Junta debe incorporar una mirada ecológica a su accionar, más allá del riego inmediato. Esto implica conservar las zonas de recarga hídrica, evitar la contaminación de canales y promover prácticas agrícolas sostenibles entre sus usuarios. Invertir en infraestructura verde y planes de adaptación climática no es solo un deber ambiental, sino una estrategia para asegurar la disponibilidad futura del agua.
La expansión agroexportadora en el Chira ha generado presiones desiguales sobre el agua, beneficiando a grandes productores y dejando en desventaja a los pequeños agricultores. Frente a ello, la Junta debe alinearse con un modelo de desarrollo que respete el equilibrio territorial y que contemple la distribución justa del recurso. Esto requiere articularse con los gobiernos locales, planes de ordenamiento territorial y procesos de planificación participativa. Una gestión hídrica que no respeta el territorio termina profundizando conflictos y exclusión.La confianza en la Junta Chira – Clase A ha sido erosionada por la percepción de manejo poco transparente y escasa participación de sus usuarios más vulnerables. Aplicar este eje implica democratizar la gestión interna: ampliar los espacios de participación, garantizar la rendición de cuentas y dar voz efectiva a mujeres, jóvenes y pequeños productores. La legitimidad institucional no se impone; se construye día a día a través de prácticas inclusivas y responsables.La aplicación concreta de estos tres ejes dentro de la Junta del Chira no solo reforzaría su rol técnico, sino que la convertiría en una organización garante de derechos y promotora de desarrollo rural sostenible. El agua no puede seguir gestionándose solo como un insumo productivo, sino como un derecho colectivo, ligado a la salud del territorio, la equidad social y la resiliencia climática.El reto es grande, pero también lo es la oportunidad. El futuro del valle del Chira dependerá no solo de cuánta agua tengamos, sino de cómo la gestionamos, para quiénes y con qué visión de justicia y sostenibilidad.