Durante décadas, se ha planificado el desarrollo del territorio sin tomar en cuenta la capacidad hídrica de las regiones. Se han instalado cultivos intensivos donde no hay suficiente agua, urbanizaciones sobre humedales, y actividades extractivas en zonas sensibles. Esta desconexión entre planificación y realidad hídrica ha generado escasez, contaminación y múltiples conflictos entre usuarios.



