Reseña "La autopista Lincoln" de Amor Towles

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Reseña realizada por Begoña Curiel.

Ni arrolladora ni tan colosal como aclama la crítica aunque sin duda es una buena aventura. Entretenida y con fondoMejora en la última parte y el final resarce en cierta medida del ritmo lento y la sensación de repetición en esta metáfora del descubrimiento personal a través de un viaje.

Nos sitúa en 1954. Narra los diez días de Emmet y su hermano pequeño Billy en ruta desde Nebraska hasta Nueva York donde la aparición de Duchess y Wolly trastocará el plan inicial. Los hermanos Watson no tienen más remedio que poner tierra por medio con el fallecimiento del padre y la casa embargada. Es un punto y aparte tras la estancia de Emmet de un centro de internamiento al que se “adhieren” los otros dos protagonistas, compañeros de dicho centro.

La autopista Lincoln, que recorre Estados Unidos de lado a lado y titula la novela, pone mucho más que escenario. La utiliza para hablarnos de una época pero ante todo como presentación del tránsito hacia el interior de los personajes principales: chicos que por distintos motivos están perdidos. Sin referencias familiares sólidas o tocados por el desaliento e incluso la desgracia. Amor Towles va desnudando su orfandad poco a poco con un amplio muestrario de voces narrativas. Me encantó la fórmula al principio pero acabó por cansarme.

Es normal que el autor no vaya al grano. Tiene que desarrollar su historia pero, esas nuevas miradas/voces engordan en exceso el contenido. Y especialmente cuando introduce algún secundario del que se “enamora” el autor aunque vaya en detrimento de la historia porque termina por ralentizar el ritmo.

No es que desee más acción. Algunos no aportan tanto en proporción a la extensión que les dedica y creo que va en contra de la novela aunque pretenda simbolizar con ellos el nuevo camino y el aprendizaje que están descubriendo los hermanos. La carretera no es una línea recta; eso le pasa a la vida. Los jóvenes tomarán muchas curvas.

No obstante hay uno que me encanta. Y no es de los que van apareciendo en la ruta. Me refiero a Sally, la vecina que cuidó a Billy cuando Emmet estaba internado. Afortunadamente su papel coge fuerza en el tramo final. Supongo que así estaría planificado por Towles pero como lectora habría deseado su “aprovechamiento”.

Pero voy con los que sí son pilares de la novela. No siendo el principal de los cuatro, Wolly me inspira mucha ternura y tristeza aunque se alíe con Duchess como compañero de viaje. Este último será sobre todo una de las claves para conocer mejor a Emmet. Qué estoicismo el suyo. Tendrá que superarse y de qué manera. Nada más puedo explicar aunque Duchess sea la mitad de la novela. Avanzar cómo son, qué descubren, cómo evolucionan sería destriparla.

Y un capítulo especial merece Billy, el niño de ocho años que tiene en su libro de tapas rojas las lecciones, los ejemplos, los sueños que para mi gusto resultan demasiado grandes para alguien de su edad. Que los críos a su manera son sabios lo sé, pero este, a veces, practica un discurso de sabihondo que colisiona con el papel de la inocencia que simboliza dentro del grupo. En realidad, Wolly es el niño...

Publicado el 18 de diciembre de 2022

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