Retraso en ejecución presupuestaria

Un presupuesto en una mirada simple es la expresión monetaria de una planificación, la que tratándose en particular a nivel de un gobierno es una declaración de intenciones que se pretende se materialice, lo que a veces puede generar dudas sobre su logro y la manera en que se alcanza. 

 


Cada año, generalmente en el ultimo trimestre, se levanta y transforma en un foco noticioso y de atención, la definición del presupuesto general de la nación, y cómo quedará la distribución de los recursos monetarios del periodo siguiente entre los diversos ítems que la componen, así como lo que le corresponderá a cada región.

La preocupación no es menor, ya que se trata de recursos públicos que atenderán necesidades y carencias de distinta índole.

Como parte de la política fiscal, en general del gobierno de turno, en ella que se trata de conjugar el interés del mencionado con los intereses de los legisladores de las zonas involucradas que procuran aumentar los recursos monetarios hacia sus regiones.

De lo anterior, se espera muchos de los resultados, pues ello debiese impactar favorablemente en la mejora o incremento de inversiones como por ejemplo en educación, salud, obras viales, entre otros.

Asimismo, configura un factor de impulso a la economía local, que conlleva la absorción de mano de obra, y la posibilidad de que privados puedan realizar trabajos con el estado, fomentando los negocios y ejerciendo un efecto tirabuzón en la economía local.

Es decir, por donde se le mire la sensación mayoritaria que debiese generar es de favorecimiento a la región.

Eso sí, ello se podrá considerar que se alcanza en la medida que los compromisos presupuestados se ejecuten apropiada y pertinentemente, tanto en fondo como en forma.

Al respecto, unos días atrás se dio a conocer que en promedio los gobiernos regionales a la fecha han gastado menos del 50% (49,8% para ser más precisos a octubre de 2022) de los recursos disponibles para inversión, lo que se encuentra algo lejos del promedio que a la misma fecha se había alcanzado en los últimos diez años y que fue de un 69,6%.

Asimismo, tratándose del volumen monetario comprometido, éste se encuentra distribuido de la siguiente forma: en el área de inversión en obra ($379 mil millones), transferencias de capital ($166 mil millones), transferencias corrientes ($72 mil millones) y activos no financieros ($42 mil millones). Se trata de una cantidad no poco significativa.

De este modo, la situación de avance ha llegado este año a tal punto que en variadas zonas de nuestro país los niveles alcanzados se encuentran por debajo de datos de referencia que datan del 2010.

Entre los argumentos para justificar la situación destacan, las limitaciones desde el punto de vista sanitario, el incremento en costos de diversos insumos, lo que ha percibido con mayor fuerza este periodo 2022, y particularmente en aquello ligado a la construcción, ante lo cual en algunas licitaciones ni siquiera se han presentado oferentes. Como elemento adicional, habría que agregar que probablemente la inflación y el alto costo del financiamiento también actúan como desincentivos, particularmente para aquellos negocios con baja fortaleza patrimonial.

Por otra parte, revisando a nivel de regiones (16 existen actualmente en el país), las tres más activas son: Magallanes (67,6%), Metropolitana (63,6%), y Ñuble (61,7%). Por el contrario, las tres más rezagadas son: Coquimbo (34,1%), Aysén (34,6%) y Arica-Parinacota (35,5%).

Sin duda, hay regiones que se deben aplicar para intentar alcanzar la meta del año. Sin embargo, el tiempo que queda es menor. Esto, trae a la memoria los viejos vicios cuando se trata de los presupuestos.

En tal sentido cabe esperar, lo que alguien puede considerar como algo inocente de mi parte, y es que ojalá tratándose de la f(disposición de recursos, retraso en ejecución, tiempo limitado para fin de año, intento de mostrar capacidad de logro) no configure un caldo de cultivo para completar obras u otros similares de deficiente calidad o que no respondan a los estándares apropiados, de los que probablemente sólo nos daremos cuenta con el correr del tiempo. A modo de ejemplificación, ¡más puentes Caucau no se quieren!

Mauricio Andrés Burgos Navarrete, Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión de la Facultad de Administración y Negocios, de la Universidad Autónoma de Chile (Sede Temuco)

UNETE



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