Estaba acostumbrado a escuchar los discos originales de Elvis Presley, Ray Charles, The Beatles, Chuck Berry, Buddy Holly y Little Richards entre otros, que mi padre había traído bajo el brazo de su Tánger natal, y que me tenían embobado por su salvajismo, su música primitiva y feroz. Por lo que las voces atipladas, bien empastadas y sutiles, que diferían tanto del desgarro vocal al que me habían acostumbrado mis grabaciones preferidas, me parecían demasiado dulces, ñoñas y pastelosas. De modo que mentiría si dijese que los Beach Boys me gustaron desde el primer momento que escuché sus canciones. No es así, ni mucho menos. De hecho, me parecían muy tiernos.



