Incremento de créditos no regulados

Los créditos informales pueden constituir para algunas personas una alternativa tal vez de acceso obligado para llegar al financiamiento que se requiere, sin embargo, puede llegar a tener un muy elevado costo monetario, mental y familiar/personal. 

 


La Real Academia Española, nos indica que la palabra “informal” tiene como uno de sus sentidos aquello “que no guarda las formas y reglas prevenidas”. Si a ella se le incorpora el vocablo “crédito”, creamos una mixtura que no todos identifican o comprenden sus alcances en plenitud.

No obstante, es un tema que no sólo nos afecta de manera local, sino que también al resto de países latinoamericanos, y que para hacer una idea, basta buscar en Internet por ejemplo la frase “crédito gota a gota”.

¿Por qué la inquietud? Pues sucede que, de acuerdo a publicación reciente en el Diario Financiero, los créditos de este tipo se han masificado a nivel nacional. En ello, los “modelos de negocios” se han ampliado, exhibiendo distintas modalidades, como lo es la tecnología, pero que al final se identifica un único perjudicado: el necesitado del crédito. Prueba es lo señalado en la misma publicación, por parte de jefe de la Brigada de Delitos Económicos Metropolitana de la PDI, en la que se plantea que por estafas virtuales se han recibido en en el año torno a siete mil denuncias.

Por tal motivo, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), el Ministerio Público y la PDI, entre otros, se manifiestan preocupados.

El caldo de cultivo que se puede visualizar para esta situación se puede encontrar en diversas situaciones, como por ejemplo, en la pandemia, la masificación y familiarización de los usuarios con nuevos mecanismos tecnológicos de comunicación, el exceso de confianza al relacionarnos con terceros desconocidos, y la oportunidad detectada por los oportunistas de estos delitos.

Al respecto, me viene a la memoria lo planteado por Donald R. Cressey (1961), y referido a lo que tradicionalmente se suele denominar como el “triángulo del fraude”. Bajo esta denominación se señala que, para que un fraude se haga efectivo deben estar presentes tres elementos: a) estar en esa situación de necesidad adaptativa (el motivo o presión), b) disponer de la oportunidad de cometerlo, y c) concluir que es aceptable o estaría justificado (racionalización).

En general, debemos comprender que este “crédito informal” involucra condiciones “algo abusivas”, ya sea en la forma de pago, el costo involucrado, las reglas “difusas”, inexistentes o complejas de fiscalizar, y que sumados a la necesidad y/o la vulnerabilidad de los solicitantes son las condiciones “perfectas” para que lamentablemente prolifere.

Al tratar de descubrir las razones que llevan a recurrir a una instancia como ésta para financiarse, probablemente encontremos como barrera principal de acceso al crédito formal, expresado de distintas maneras: a) el segmento de público objetivo al que se encuentra enfocada institución financiera; b) los deficientes antecedentes comerciales; c) los ingresos líquidos mínimos exigidos; d) los requisitos complementarios de acceso al crédito; e) el valor del crédito requerido fuera del mínimo a otorgar; f) la urgencia en la respuesta a la aprobación y disposición del crédito; g) el desconocimiento de otras alternativas e instancias de financiamiento; y h) la deficitaria o nula educación financiera.

En tal sentido, el auto cuidado de los usuarios es fundamental para que dentro de la necesidad y/o urgencia por la obtención de los recursos monetarios, no sean presas de estos grupos o individuos que ofreciendo solución fácil o expedita, previo cobro de supuestos gastos de operación que corresponden entre el 10% y el 20% del valor del crédito a solicitar, se termine dilapidando los escasos dineros que se poseen o sacrificando aquello que tanto costó su tenencia, como por ejemplo, una propiedad al dejarla como “supuesta” garantía de un crédito que se solicita, pero que en realidad corresponde a una compraventa del inmueble.

Por lo anterior, no debemos claudicar en señalar que cuando la intuición nos dice que algo no anda bien, probablemente, así sea. Por tanto, es importante revisar las páginas web de entidades como la CMF (https://www.cmfchile.cl/portal/principal/613/w3-propertyvalue-43333.html#i__cmf20_pa_Especial_Alertas_CMF_Listado_copia_1_49185_Otras20entidades20no20reguladas), la PDI y/o el SERNAC, a fin de pesquisar alertas en torno a fraudes o estafas relacionadas con créditos otorgados por entidades no autorizadas o no reguladas, de lo cual podemos descubrir, por ejemplo, alrededor de cincuenta entidades de dudoso accionar.

Al respecto, la atención no solo debe ser de un sector, sino que debe sumar el esfuerzo de muchos, por ejemplo, educación, así como instancias gubernamentales, que reflexionen y respondan al problema - en lo normativo , procedimental y/o formacional - asumiendo la relevancia de  salvaguardar a los sectores vulnerables, pues esta realidad latente, lejos de desaparecer en el tiempo, ahí está, contrastando con las miradas positivas e indicadores país de inclusión financiera y bancarización, ya que su uso no sólo involucra riesgos financieros, patrimoniales y sociales a los eventuales usuarios o sujetos de crédito, sino también a sus familias.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete, Director de la carrera de Auditoria e Ingeniería en Control de Gestión, Facultad de Administración y Negocios, Universidad Austral de Chile.

Los últimos tres artículos de opinión que he publicado son los siguientes (para revisar sólo presione sobre el título del artículo):

·      Mirar más allá de sólo consolidar las tarjetas de crédito

·      Renacer del depósito a plazo

·      La turbulencia vinculada a las stablecoins

UNETE



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