Espías a lo loco (Una historia políticamente incorrecta)

Quién se crea esta increíble y mal trecha trama de espías y espiados, en esta mal trecha nación española, es que se encuentra en una situación de poca credibilidad. España es un país de calle, y para saber que ocurre en el gran reino de España, (aunque de reino queda más bien poco), hay que saber escuchar en los corrillos de las aceras, en las charlas matutinas, de las cafeterías, en las tertulias de mesa, copa y puro. Nada de escuchar la televisión, internet, llamadas telefónicas, ni charlas bajo techo, ningún medio digital nos va a decir la verdad. Solo aquella que quieren que escuchemos y la hagamos verdad, a pesar de ser una mentira. Ahora bien, para ser un país de cotillas, los bulos corren que se las pela desde el sillón de la Moncloa. No solo nos tenemos que creer que han espiado desde el CNI al conjunto de los independentistas, cosa que creo lícito y eso, sí que es verdad, debido a sus intenciones de separar y dividir la nación española. Los separatistas no tienen derecho a una defensa leal de sus derechos, tal vez, porque ellos consideran estar al margen de la ley y bajo un estado de dictadura, y no en un estado de derecho. Aunque este último sería muy debatible, y el primero, empieza a ser cuestionable si hablamos de libertad de expresión en las redes sociales y cualquier otro medio digital o no. Hay que decir que con la compra de Twitter por el gran magnate Elon Musk, el progresismo liberal ya ha parado las orejas, y se ha puesto manos a la obra para que la libertad de expresión sea erradicada mediante leyes si llega el caso. Y es que en estos tiempos que corren, la izquierda progresista, amparada por los liberales de turno que gobiernan Europa y lidera ahora mismo el mentiroso y deleznable Biden desde la Casa Blanca, quieren imponer una ideología blasfema, una corriente de pensamiento único orweliano, en la que no tiene cabida ningúna otra manera de pensar. La línea es clara, pero, por otro lado, y paralela a toda esta corriente execrable, de vituperios ideológicos hacia el conservadurismo y el pensamiento judeocristiano, sigue el cine clásico español. Y es que no aprendemos, y nos cuentan mentiras, como dice la canción "vamos a contar mentiras, tralara".

 

. España es un país de calle, y para saber que ocurre en el gran reino de España, (aunque de reino queda más bien poco), hay que saber escuchar en los corrillos de las aceras, en las charlas matutinas, de las cafeterías, en las tertulias de mesa, copa y puro. Nada de escuchar la televisión, internet, llamadas telefónicas, ni charlas bajo techo, ningún medio digital nos va a decir la verdad. Solo aquella que quieren que escuchemos y la hagamos verdad, a pesar de ser una mentira. Ahora bien, para ser un país de cotillas, los bulos corren que se las pela desde el sillón de la Moncloa. No solo nos tenemos que creer que han espiado desde el CNI al conjunto de los independentistas, cosa que creo lícito y eso, sí que es verdad, debido a sus intenciones de separar y dividir la nación española. Los separatistas no tienen derecho a una defensa leal de sus derechos, tal vez, porque ellos consideran estar al margen de la ley y bajo un estado de dictadura, y no en un estado de derecho. Aunque este último sería muy debatible, y el primero, empieza a ser cuestionable si hablamos de libertad de expresión en las redes sociales y cualquier otro medio digital o no. Hay que decir que con la compra de Twitter por el gran magnate Elon Musk, el progresismo liberal ya ha parado las orejas, y se ha puesto manos a la obra para que la libertad de expresión sea erradicada mediante leyes si llega el caso. Y es que en estos tiempos que corren, la izquierda progresista, amparada por los liberales de turno que gobiernan Europa y lidera ahora mismo el mentiroso y deleznable Biden desde la Casa Blanca, quieren imponer una ideología blasfema, una corriente de pensamiento único orweliano, en la que no tiene cabida ningúna otra manera de pensar. La línea es clara, pero, por otro lado, y paralela a toda esta corriente execrable, de vituperios ideológicos hacia el conservadurismo y el pensamiento judeocristiano, sigue el cine clásico español. Y es que no aprendemos, y nos cuentan mentiras, como dice la canción "vamos a contar mentiras, tralara".
Somos idiotas, y nos cuentan que no solo los independentistas han sido espiados, sino que, además, la cúpula del gobierno español, a la cabeza de nuestro magnánimo presidente Pedro Sánchez y la ministra de defensa Margarita Robles. Si será verdad que el otro reino vecino, nuestro amable pueblo marroquí, nos ha estado espiando por un millón de euros pagados a Israel por obtener Pegasus. Y no, no crean que me refiero al gran caballo Pegasus, el magnífico caballo alado, hijo de Medusa y Poseidón. No, me refiero al programa espía desarrollado por la firma cibernética israelí NSO.

La burlesca y la picaresca en España no tiene fin, este imperio de largo caballerismo no tiene vislumbre de cambio, salvo el servilismo vomitivo a otros intereses rocambolescos de retorcidos enjambres surrealistas que no entiende nadie, salvo los tontos.

Este país no tiene solución, vivimos bajo un basilisco totalitario que mantiene al pueblo en la más estricta servidumbre económica, cabizbajo, lleno de ataduras infantilistas, de eso ya se encargan las televisiones privadas, me refiero a generar estupidez tras estupidez desde sus plateas doradas. La universidad solo sirve para acabar ganando dinero en programas como supervivientes, gran hermano y otros vomitivos y asquerosos programas de puro entretenimiento involutivo. No sé si ante tanta chulería, y no me refiero a VOX, sino a todos nuestros políticos, trapacería, la más absoluta prepotencia, de este gobierno de hienas salvajes, únicamente la dignidad no puede salvar y llegar al único puerto de la decencia.

¿Cabe mayor y más ruín ataque al pensamiento ajeno? La hidra, está dispuesta a hacer sangrar incluso al niño que quiera llevarle la contraria al profesor, siempre dispuesto a mandarlo al campo de reeducación progresista. Este es el nuevo campo de batalla, la educación, recuerden que sus hijos, nuestros hijos, ya no son míos o de ustedes, sino del estado. Ellos son los únicos educadores.

Y es que, en este cuento de nunca acabar, los espías cuchilitreros, son los mismos, un grupo de indecentes manipuladores de la verdad, unos hacedores de conspiraciones, para mantener al pueblo en constante confusión, mientras en los intersticios la basura sigue corriendo en intentos de mantener esos sillones de oro que les dé la tranquilidad de acabar bajo un verdadero bunquer que les permita salvar la vida si llegado el caso, Putin le da por apretar ese botón rojo de la Guerra Nuclear. Algo que por lo visto los seguidores sectarios del cambio climático aplaudirían a todas luces.

Hasta aquí llego, que tengo que descansar. En definitiva, no se tomen las noticias tan en serio y sigan su caminar pensando en el bien común. 

UNETE



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