Ser quien no eres en tiempos de Semana Santa (Un tiempo de reflexión para quitarnos las máscaras)

 

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Pero la verdad es todo lo contrario, aunque las voces frías de los académicos no han ayudado mucho al respecto, y la desinformación e información van de la mano en los medios, el saber dónde ir a buscar una autoridad, se hace tedioso. Basándose en una autoridad que no tienen, sí que disponen de los conocimientos al alcance de la mano. Pero, tener unos conocimientos de medicina, no te hace ser médico, tener un entendimiento de filosofía, no te hace un experto, tener una instrucción adecuada de literatura, no te hace escritor, se necesita mucho más, leer libros sobre teología, no te hace ser un teólogo. Eso sí, te hace más ilustrado y te concibe como una persona culta e ilustrada.

Una vez leí en el libro de La Oración de Martín Lutero lo siguiente:

«Supongamos que dos cabras se encontraran frente a frente, en medio de un puente estrecho que uniera un torrente impetuoso, ¿cómo se comportarían? Ninguna de las dos querría retroceder ni dejar pasar a la otra, suponiendo que el puente fuera estrecho lo más probable es que se embistieran y las dos fueran a parar al agua, y se ahogaran. La naturaleza, sin embargo, nos enseña que, si la una se tendiera en el suelo y dejara pasar a la otra, las dos saldrían sin daño, sanas. La gente ganaría también, muchas veces, si dejara que los otros pasaran por encima de ellos en vez de enzarzarse en debates y discordias»

En mi caso y disciplina diré que los teólogos y filósofos florecen en las redes como por arte de magia, intercambiando comentarios y disertaciones a vida o muerte, sin importar cuantas cabezas tengan que cortar por el camino. La beligerancia de nuestros días parece haber alcanzado la característica de una inadecuada vehemencia. Defienden lo indefendible, manipulando palabras al antojo del tiempo y van creciendo como setas en medio del campo, sin que nadie medie en un equilibrio justo. Lo disparatado se ha vuelto normal, y la velocidad verbal se ha convertido en una norma descuidada por la falta de tiempo. La paciencia ya no es una virtud, sino un infortunio que hay que dejar a un lado. Solo las prisas por hablar, y quien parlotea la gracia más inverosímil, entumece el tiempo y la verdad. Sus bocas dicen mucho, pero sus vidas son ilegibles.

Que lejos quedan los hombres como, Juan Calvino, John Owen, Jonathan Edwards, o Charles Spurgeon. Hombres, teólogos, filósofos de palabra y acción, de teórica y praxis, de razón y gracia, de intelecto y humildad. Pero como bien dice E. M. Bounds en su libro El Predicador y la Oración:

Hemos cultivado un gusto vicioso entre el pueblo, levantando el clamor por talento en lugar de gracia, elocuencia en lugar de piedad, retórica en lugar de revelación, reputación y brillo en lugar de santidad.”

Necesitamos hombres y mujeres capacitados, humildes, entregados a la Verdad, que viertan ese amor sin beligerancia, sin orgullo, sin vanidad, solo así, los formadores, y formados, dejarán de ser meras fotocopias, para ser ellos mismos.

Ser uno mismo, es la gran dificultad a la que nos enfrentamos en un mundo, donde ser es no ser, para acabar siendo una individualidad fantasmal, una imitación marmórea en un mundo caótico. Únicamente podemos seguir adelante siendo nosotros mismos, personas únicas y singulares. Puedes saber de memoria, y repetir textualmente todas las palabras y definiciones, pero eso no te hará a ti un gran hombre, si no una copia barata, una moneda falsa, un fariseo, un hipócrita, un impostor.

Para finalizar dejo aquí unas palabras del libro Imitación de Cristo de Thomas de kempis:

Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente. Por eso no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ella se te ha dado. Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. No quieras saber cosas altas, más confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la Ley que tú? Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísimo y doctísima lección. Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada.”

¿Cuántas personas dentro de las redes sociales pretenden ser quienes no son? ¿Cuántos corazones de mármol, pretender ser como esos académicos fríos, indiferentes, almas gélidas llenas de conocimiento, pero de corazones vacíos y apáticos? ¿Cuántas desean ser una estatua de mármol en una calle, reconocidos, un influencer contemporáneo, un charlatán, un media tinta?

En tiempos de Semana Santa aprendamos con humildad de aquel que resucito de la Cruz, símbolo de nuestra identidad.

Arthur Charlan / 14-04-2022

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