Arcoíris en guerra

La pluralidad política es uno de los rasgos identitarios de todo Estado democrático, junto a otros de sus principios clave. Sin embargo, España, sufre estrepitosamente con este escenario, no por la variedad y alternativas que se les ofrece a los ciudadanos sino por la polarización creciente y arraigada que presenta nuestro sistema político. La entrada de partidos con un discurso rompedor y que sitúa a la población en direcciones contrapuestas en el espectro político ha propiciado una era de inestabilidad política similar al de la II República. El consenso y los acuerdos entre Gobierno y oposición son cada vez menos frecuentes, por tanto se hace más compleja la gobernabilidad y con ella, la política útil. 

 

. Sin embargo, España, sufre estrepitosamente con este escenario, no por la variedad y alternativas que se les ofrece a los ciudadanos sino por la polarización creciente y arraigada que presenta nuestro sistema político. La entrada de partidos con un discurso rompedor y que sitúa a la población en direcciones contrapuestas en el espectro político ha propiciado una era de inestabilidad política similar al de la II República. El consenso y los acuerdos entre Gobierno y oposición son cada vez menos frecuentes, por tanto se hace más compleja la gobernabilidad y con ella, la política útil. 
Por otra lado, la fragmentación denota cierta crispación en la opinión pública. La cordialidad entre individuos se tensa y se abren e intensifican debates: izquierda o derecha, libertad o comunismo, republicanos o monárquicos. Con este ambiente aparecen conflictos, odios y pone de manifiesto una sensación de debilitamiento democrático. Retomando el concepto de pluralidad política, cabe destacar que la libertad ideológica, de pensamiento y expresión culminan un Estado democrático, siempre y cuando, los partidos políticos consigan legitimar una relación sana similar a una relación sentimental y caracterizando ciertos principios: diálogo, concordia y respeto. Por consiguiente, estos principios se verán reflejados en la soberanía nacional, evitando argumentarios insultantes, denigrantes y agresivos entre individuos. 

No obstante, la polarización escenificada en nuestro Estado está motivada por diferentes periodos de crisis socioeconómica, dejando paso al populismo. El populismo crece con la desconfianza, los discursos reaccionarios crecen con las fallas de las políticas moderadas, la insatisfacción propulsa la deslegitimación de los Gobiernos, sin duda nos encontramos con un arcoíris en guerra, diferentes colores enfrentados buscando la bandera blanca del adversario.

UNETE



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