O tempora, O mores

(Crítica)La generación actual, los jóvenes de hoy, la juventud posmoderna, los desdichados al perder un “hijo/a” de otra especie, consumidores acérrimos de Tik Tok, Facebook, Twitter, etcétera buscando diversión ininterrumpida y/o algún dato curioso de "cultura general" comprimido en un video de no menos de 2 minutos. Su trascendencia en este mundo es tan efímera como el humo de los E-cigarettes que fuman afuera de los bares para aparentar probablemente genialidad. Deciden pensar con sus genitales o su estado hormonal/emocional, deambulando bajo una superioridad moral que ellos deciden a conveniencia propia que está mal y que no, prefieren ser graciosos con memes a ser críticos de su propia diversión cotidiana, claro está, lo hilarante produce likes. Atacan a los que hablan con algo de SENTIDO COMÚN, en este caso al Papa Francisco, sin saber exactamente el mensaje entre líneas, tergiversan la verdad a su mal entender tornándolo en un enemigo público de los animales y de los tantos “padres adoptivos”.La pregunta que no se logra articular dentro de esas cabecitas llenas de individualismo light. ¿A qué exactamente se refería con tales acusaciones? Si leemos atentamente el mensaje emitido, es algo fácil de entender. Humanizar a los animales NO TIENE SENTIDO, es como afirmar que esa mascota tan querida puede llegar a donar sangre a su dueño sólo por el simple capricho de autodenominarlo un descendiente suyo. Las mascotas SON animales domésticos, nunca podrán reemplazar el rol de un hijo, por más que romanticemos la realidad, atrapados patéticamente en esa propaganda emocional, porque no somos ni de la misma especie ni tenemos las mismas habilidades cognitivas. Tratar de humanizar a las mascotas nos direcciona más cerca a la (auto)destrucción de nuestras sociedades. Este estado emocional ayuda a viabilizar la tonta premisa animalista radical, donde en un accidente la vida de una mascota es más importante que la de nuestro prójimo, pues los idiotas útiles preferirían salvar la vida animal porque para ellos, los seres humanos somos la peste que merece ser exterminada. La promesa de un mejor futuro, un futuro más armonioso con otras especies, más eco-friendly traen consigo muchas ideologías peligrosas para la humanidad, pronto será más loable salvar la naturaleza que la vida humana. Si son estos los pensamientos de los futuros líderes, filósofos, escritores, etc., entonces nuestra existencia merece desaparecer junto a todos los libros que alguna vez sirvieron para edificar la sociedad en la que vivimos...

 

. Su trascendencia en este mundo es tan efímera como el humo de los E-cigarettes que fuman afuera de los bares para aparentar probablemente genialidad. Deciden pensar con sus genitales o su estado hormonal/emocional, deambulando bajo una superioridad moral que ellos deciden a conveniencia propia que está mal y que no, prefieren ser graciosos con memes a ser críticos de su propia diversión cotidiana, claro está, lo hilarante produce likes. Atacan a los que hablan con algo de SENTIDO COMÚN, en este caso al Papa Francisco, sin saber exactamente el mensaje entre líneas, tergiversan la verdad a su mal entender tornándolo en un enemigo público de los animales y de los tantos “padres adoptivos”.La pregunta que no se logra articular dentro de esas cabecitas llenas de individualismo light. ¿A qué exactamente se refería con tales acusaciones? Si leemos atentamente el mensaje emitido, es algo fácil de entender. Humanizar a los animales NO TIENE SENTIDO, es como afirmar que esa mascota tan querida puede llegar a donar sangre a su dueño sólo por el simple capricho de autodenominarlo un descendiente suyo. Las mascotas SON animales domésticos, nunca podrán reemplazar el rol de un hijo, por más que romanticemos la realidad, atrapados patéticamente en esa propaganda emocional, porque no somos ni de la misma especie ni tenemos las mismas habilidades cognitivas. Tratar de humanizar a las mascotas nos direcciona más cerca a la (auto)destrucción de nuestras sociedades. Este estado emocional ayuda a viabilizar la tonta premisa animalista radical, donde en un accidente la vida de una mascota es más importante que la de nuestro prójimo, pues los idiotas útiles preferirían salvar la vida animal porque para ellos, los seres humanos somos la peste que merece ser exterminada. La promesa de un mejor futuro, un futuro más armonioso con otras especies, más eco-friendly traen consigo muchas ideologías peligrosas para la humanidad, pronto será más loable salvar la naturaleza que la vida humana. Si son estos los pensamientos de los futuros líderes, filósofos, escritores, etc., entonces nuestra existencia merece desaparecer junto a todos los libros que alguna vez sirvieron para edificar la sociedad en la que vivimos...

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