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LA RAZON DE SER DE LA MANZANA MORDIDA DE STEV JOBS


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18/11/2011

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LA RAZON DE SER DE LA MANZANA MORDIDA


DE STEV JOBS

 



 

INTRODUCCION

 

Después de la muerte de este gran hombre se ha especulado mucho sobre el significado de la manzana mordida como símbolo de  Apple.

 

La muerte de Stev Jobs es un acontecimiento  que estremece  las fibras más sensibles  de cualquier ser humano por el aporte que este hombre le hizo a la humanidad, un hombre que fue capaz de transformar el mundo a partir de un sueño y qué través de una actividad  lo hizo realidad.

 

He visto en la prensa hablada y escrita la pregunta: ¿qué significaba para Jobs una manzana mordida?, es un secreto que posiblemente se llevó a la tumba, y se han hecho toda clase de especulaciones tratando de darle sentido a ese logotipo.  

 

Se ha dicho por ejemplo que:  con la ayuda de Roland Wayne, diseñaron un logo complejo con un hombre debajo de un árbol con una manzana en las manos, que probablemente aludía al gran físico Isaac Newton

 

“Pero pronto decidieron simplificarlo y adoptaron como logotipo la manzana-arco iris (aunque con los colores en otro orden), diseñada por Rob Janoff, con un mordisco, reemplazada más adelante por una manzana de color brillante. Al parecer el mordisco pretende simbolizar el conocimiento, y también hay quien dice que, como la palabra mordisco en inglés es "bite", el bocado hace un guiño a los "bytes" informáticos.”

 

“Lo que sí había decidido Jobs mucho antes de seleccionar el logotipo es que su compañía se llamaría Apple. Su colega Wozniak asegura que nunca le preguntó por qué le gustaba nombre, aunque barajaba dos hipótesis. Por un lado, Jobs había estado trabajando con un grupo de amigos en una granja comunitaria en Oregón, y quizás su contacto con la propia fruta le dio la idea. Pero también es posible que tuviera un origen musical, ya que Jobs era fan del grupo británico The Beatles, que grababa con el sello discográfico Apple Records.”

En definitiva es claro que no se tiene la certeza del porque del símbolo, pero  tal pareciera que a todos se nos ha olvidado que hombres de la estatura espiritual y humana  de Stev, no podemos entenderlos y mucho menos comprenderlos, porque no tenemos la capacidad de llegar a la barda desde la cual ellos  ven el mundo, este es el caso de Jobs, la percepción de la vida, del entorno y la visión de futuro de Stev está muy por encima de lo que nuestra mente pigmea  puede concebir. De ahí entonces que debemos  conformarnos con interpretarlo, y hacerlo a partir de lo que dijo e hizo.  

 

Hablar sobre lo que hizo, es redundar, pero sobre lo que dijo es perpetuar un pensamiento que es un faro en estas penumbras que bastante  luz le hace falta.

 

Escudriñar la mente de Jobs a partir de sus máximas no es fácil, pero cuando relacionamos sus frases y las asociamos con el símbolo, empieza a tener sentido –la manzana- y una dimensión humana que jamás pudimos entender.

 

No voy a traer aquí todas sus frases, escogeré algunas que me han llamado la atención por  su contenido.

 

Por ejemplo:   “Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia.”  

 

No queda ninguna duda que Jobs tenía claro que a partir de la actividad humana el mundo se transforma e invita constantemente a HACER.

HACER

La Biblia es un buen referente para buscar el “Por qué” de las cosas y el trabajo  del hombre no es la excepción.

El amor divino se hizo carne a partir de la esencia que Dios le infundió a Adán en un soplo como  substancia y esta tomó  forma,  así surgió la vida, la sensibilidad del hombre surge porque tiene vida y aquella –la sensibilidad- formó el corazón, -no se puede ser sensible sin corazón-.

La esencia que penetró la forma hace que Dios se haga  invisible a través del hombre, pero también a través del hombre Dios es visible.

En el génesis se hace referencia a un árbol y a un fruto causante de la tragedia, se habla del árbol del bien y del mal que no es otro que un manzano y de su fruto que es una manzana. Pero nada se dice de la semilla que dio origen al árbol. Como quiera que estamos en el principio de los tiempos no queda duda que la semilla es Dios, y que en ésta –en la semilla- está implícito el árbol y el fruto, fruto que a su vez contiene en sí mismo el árbol y la semilla. De la misma forma sucedió con Adán, Adán es el fruto que contiene la semilla y el árbol, dicho de otro modo Adán es continente y es contenido.

No queda ninguna duda entonces, que el fruto es la expresión de lo que no se ve, o dicho en otros términos del árbol y la semilla. De la misma forma Adán es la expresión de lo invisible y es visible precisamente por lo que hay de invisible en él.     

Visto Adán en este contexto no hay vacilación en decir que es Dios y como tal es parte imprescindible de la perfección y en medio de ésta –la perfección- Adán es su eje sobre el cual todo gira.

En medio de tanta perfección la necesidad no existe, así las cosas el dinamismo del ser humano como medio de subsistencia no era  necesario, pero esta inactividad le negaba la condición de ser y ponía en entredicho la semejanza con su creador, pues contrastaba con la intensa actividad del hacedor que fue capaz de erigir el mundo en 6 días; concluyéndose entonces que la esencia divina niega  la placidez absoluta como medio evolutivo y creativo. La mente inactiva no sueña, no trasciende, no modifica la realidad, no percibe el entorno, negándose así, a ser parte de este, y éste a su vez no tenerla como elemento de vida,  es decir, no existe  para el entorno.

Adán con una naturaleza totalmente divina no percibe el tiempo, para él no había ayer y no había mañana. Su condición de ser estaba asegurada, la inherencia  y la semejanza con su creador era tal que adquirió las virtudes de su hacedor –la semejanza vista en las virtudes más no en la forma, o lo que es lo mismo,  en lo intangible de Dios -. De esa manera también era infinito, no tenía principio y no tenía fin, es decir fue creado como un ser superior en medio de la perfección, o dicho de otro modo era superior a la  perfección, -era un Dios-.

Pero Adán tenía que manifestarse en ese mundo creado por su esencia para él y por él. Nace ahora si la necesidad de actuar de un Dios maniatado por su omnipotencia, la perfección absoluta  le quitaba la posibilidad de transformar lo creado por él, ni siquiera tenía la posibilidad de destruir y volver a crear, pues en ese recrear, la perfección lo limitaba y  como ser superior, no le estaba permitido destruir lo creado por él mismo. La incumbencia en el todo no le dejaba la posibilidad de cambiar lo establecido.

En Adán se daban al mismo tiempo dos condiciones: una parte material sujeta a una parte espiritual que no le daba la menor posibilidad de manifestarse por sí misma. La parte espiritual de  Adán proviene directamente de la fuente, es un ser creado por la esencia y con la esencia divina, -he ahí su divinidad con su capacidad creadora-.    Pero, de alguna manera, soslayó ese impedimento creando un ser con una naturaleza distinta, con una mixtura cuyos componentes son derivados, no le pertenecen, no son de su esencia, Adán crea a Eva.

La aseveración anterior, se apoya en lo dicho por Dios cuando sentencia: “Por haber escuchado la voz de tu mujer”; no queda ninguna duda sobre la procedencia de Eva en el reproche. Eva, así concebida, toma lo material de la costilla de Adán como también lo espiritual que había en ese cartílago. De esta forma podemos afirmar que Eva desciende de Adán y así como él debe su forma al barro y su divinidad a Dios,  Eva le debe su forma y espiritualidad a  Adán.

Para Eva no era clara su misión en este mundo, no entendía el cómo, pero si comprendía el para qué  y por qué existía. Si bien no tenía el privilegio de Adán en el conocimiento,  si intuyó y comprendió que a través de ella el mundo sería diferente, y de alguna manera se propuso rehacerlo a su imagen y semejanza – también en ella había divinidad –.

 Eva no tenía como Adán, la limitación de la creación de los 6 días, ella era producto de un después, ella no pertenecía al principio. En ella se concibió el tiempo, así, para Eva el mundo tenía dos caras,  antes de ella y después de ella, y surgió la necesidad de saber y entender si el mundo sin ella era mejor o si por el contrario con ella era peor  o mejor, - nace la duda- en fin quiso saber de qué manera ella podía modificar la perfección.

EVA pudo entender que: No hay conflicto entre el mal y el bien, sino entre la ignorancia y el conocimiento, PORQUE EL MAL Y EL BIEN no es de la esencia de las cosas y mucho menos de las personas, las personas no son buenas ni malas, sólo son,  en tanto que, la ignorancia  es la negación del conocimiento y éste  a su vez diluye la presencia de su antecesora, se excluyen mutuamente,  no pueden coexistir, necesariamente la existencia de una de las dos implica la muerte de la otra.

La ignorancia es ciega, pero sobre todo es  tiniebla lo contrario es luz, que es conocimiento. Y puede existir luz en medio de la oscuridad pero jamás existirá tiniebla en medio de la luz. Lo que nos lleva a decir que la oscuridad desaparece y cede ante la luz, pero jamás la luz cede ante la oscuridad.

 

La oscuridad inmoviliza, paraliza por falta de visión, la luz alumbra el camino, fija objetivos y señala metas. Pero ante todo te invita a caminar, te invita a andar, te invita a hacer te invita a continuar, te invita a perseverar. Por algo Stev Jobs decía:  “Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia.” De alguna manera Stev sabía que los soñadores siempre tienen un faro de referencia, tienen una luz que los orienta, tienen un norte donde llegar.  El hombre con conocimiento no navega a tientas en el tortuoso mar de la vida, y su sextante es el trabajo, es la  actividad, creadora y recreadora del universo.

 

El árbol del bien y del mal es el árbol del conocimiento porque es la esencia de las cosas y de las personas, en las cosas y en las personas hay bien y mal dependiendo de cómo te afecten en particular, pero en si no hay ni bien ni mal si te son indiferentes y en nada te afectan.

El bien y el mal no es una categoría que determina las cosas, es una percepción que nace de los paradigmas de los hombres, es una actitud mental, no es una razón que nazca del raciocinio por ello es un concepto que no alimenta el conocimiento. 

Para Eva entender esta diferencia la llevó a plantear la necesidad de saber en dónde está el bien de crear y recrear el mundo creado por Dios. También quiso saber en dónde estaría  el mal de modificar lo creado  para volverlo a crear.

Eva comprendió que solo a través de la actividad podría conseguir su objetivo,  y su primer acto o actividad humana fue tomar de un manzano una manzana que al morderla le modificó su forma, su estructura  y esencia, pues si bien conservaba el nombre –MANZANA- no era igual después del mordisco y mucho menos después del mordisco de Adán.

A partir de ese fatídico mordisco el Universo había sido modificado y además maldecido por su creador para siempre, por los siglos de los siglos, – “maldito sea el suelo por tu causa”- así que  jamás volvería a ser igual. La perfección se había acabado, el Edén creado para un ser superior  dejaba ser tal, un ser creado con posterioridad había alterado su esencia  a partir de una actividad.

 

El Universo así transformado y mancillado por Eva se volvió irreconocible e incomprendido para Adán, nunca más le brindó lo que con prodigalidad le había dado hasta ese momento por querer de Dios, además estaba maldito por su hacedor y con la desgracia de tener que soportar y mantener como suyo la presencia del hombre.

 

Ofendido, -el Universo- tampoco  le perdonó a Adán que teniendo el poder que tenía no había hecho nada por impedirlo; pero al universo se le olvidaba que a Adán no le estaba permitido hacer. Adán no vino a hacer, vino a disfrutar de lo hecho; por algo fue el último en la cadena de la creación, llegó cuando todo estaba consumado.

 

El Edén transformado y concebido para un Dios se volvió contra Adán y desató su furia en la forma que aún hoy conocemos, tormentas, lluvias, sequias, huracanes terremotos etc., para recordarle que tiene la obligación de volverlo a su estado original a través de su actividad, ya que por una actividad fue modificado.  

 

“Ser el hombre más rico del cementerio no me interesa… Lo que me importa es irme a la cama cada noche sabiendo que hemos hecho algo maravilloso.” (Stev Jobs)

 

Tenía razón Stev, hay que hacer cosas maravillosas que nos acerquen al edén perdido.

 

 Hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás”, en esta sentencia, Dios no se refiere a la muerte se refiere, que con el sudor que le produce en la frente esa labor a Adán, puede volver al suelo bendecido originalmente por Dios. Es decir, a través del trabajo conseguirá la gloria,    y no puede ser de otra forma pues la omnipotencia y los poderes que le fueron dados en su inició si bien no le fueron arrebatados, sí fueron limitados y modificados por el mordisco, asumiendo una responsabilidad universal.

 

A su vez,   el Universo no le perdonó a Eva que le modificara su naturaleza primaria, –divina-, la creada por Dios, y que  ahora dependiera de la actividad y de la voluntad de Eva.  Por eso  le impuso la obligación de llevar en su vientre la facultad de engendrar, crear y recrear el nuevo mundo a imagen y semejanza al del principio de los tiempos. Un nuevo mundo que debe ser creado a   partir de su descendencia y la parirá  con dolor, con dolor por lo hecho y con alegría por la esperanza de un mejor mañana que se vaya asemejando al Edén perdido.

María no fue la excepción, también ella sufrió el dolor del parto, y en ella se concibió otro hombre a partir del cartílago inicial, pero con mucha más divinidad.

María tenía la certeza que desde su vientre venía la salvación por lo que su antecesora –Eva-   había hecho, pero como ninguna otra mujer en la historia de la humanidad tuvo que sufrir la desdicha de ver morir una esperanza; tuvo  el inmenso dolor de ver como el ser que ella había traído y que provenía directamente de ese ser supremo era la esperanza de que todo volvería a ser igual al principio, pero no, esa esperanza hecha realidad sucumbió ante la actividad frenética del hombre  que actuando bajo una concepción del bien y del mal no creyó en su palabra y fue  asesinado precisamente por los mismos que sueñan con el Edén perdido. Pero desde las alturas del  Gólgota y colgado en una cruz  con los brazos y pies clavados a un madero señaló con su palabra el camino de regreso al Edén y dejó como símbolo una cruz para decirnos que no importa cuánto padezcamos debemos continuar.  

Igual Jobs señala con sus palabras el camino a seguir, y dejó en una manzana mordida el símbolo que nos recuerda que no debemos parar hasta conseguir el Edén perdido en ese mordisco inicial. A Jobs ni siquiera la perspectiva de la muerte lo inmovilizaba:  

 "¿Si hoy fuese mi último día, querría hacer lo que voy a hacer hoy?" (Stev Jobs)

 



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