El tocador de mi abuela

“Fue de la tatarabuela . . .”

 

. . .”
  

Es un mueble antiguo

con albor exiguo,

su fina caoba

el alma me arroba.

 

Madera morena

sentida, serena,

dura cual cobalto

de aprecio muy alto.

 

De abolengo oscuro

del tronco más puro,

su puerta da paso

en prístino abrazo.

 

Al vivo recuerdo

del ayer que pierdo,

del añejo tiempo

la memoria templo.

 

Pasan por mi mente,

en antes vigente,

los cinco cajones

pequeños arcones.

 

Resguardo de alhajas

dignas de las majas,

de cosas eternas,

de prendas fraternas.

 

Preciosas rarezas

de reinas, princesas,

bizarros herrajes

sus otros linajes.

 

Como el sacro espejo

de sobrio reflejo

que cuida esforzado

el marco sagrado.

 

Cristal de diamante

que evoco distante

como aquella luna

del cielo fortuna.

 

De luz que refleja

y jamás lo aleja

de efigies reales,

de sombras virtuales.

 

De cuerpos presentes, 

lejanos, ausentes,

del vivo recinto

de tal laberinto.

 

Su lámpara alumbra

toda la penumbra

de los corazones

plenos de ilusiones.

 

Muy digno testigo

de esto que les digo

la silla de un hada,

mullida, soñada.

 

Uso prolongado

no ha deteriorado

al leal tocador,

sigue lucidor.

 

Sin restauración

es bien de pasión,

siempre tan querido

no sufre de olvido.

 

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda.

Reino de Tacubaya, México, a 16 de noviembre . . .

Dedicado a mi abuelita “Conchita”, Doña Concepción Amaya de Ramos 

Reg. SEP Indautor No. (en trámite)                                              

UNETE



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