"Alicante es un libro" La Segunda República de Miguel A. Pérez Oca

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“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            El general Berenguer no sabía cómo resolver el embrollo en el que Primo de Rivera y el Rey habían metido a España. La cuestión era volver a la situación anterior a la dictadura, así que había que legalizar de nuevo a los partidos y sindicatos y convertir otra vez los ayuntamientos en verdaderos representantes del pueblo en ciudades, villas y aldeas. Así que convocó elecciones municipales, previas a unas futuras generales que volvieran a dinamizar las Cortes. Pero lo que no pudo evitar, porque no era culpa suya, sino de los dos mencionados al principio, fue que los partidos republicanos ganaran en todos los ayuntamientos importantes, de forma que sin haber convocado un referéndum sobre la forma de Gobierno, el resultado de los comicios mostrase claramente que el pueblo español quería la República. Visto lo cual, don Alfonso XIII se fue a Cartagena en su propio coche y embarcó en un buque de guerra que lo llevó al exilio romano. Y así España, que se había acostado monárquica a regañadientes, se despertó republicana.

            Los promotores de la República ya tenían pensada la nueva bandera, que sería roja, amarilla y morada (en la primera República no se llegó a cambiar la bandera), y también el himno, que iba a ser la vieja canción de los liberales, que durante siglos habían luchado por la democracia al son del Himno de Riego.

            En Alicante, el 14 de abril de 1931, una multitudinaria manifestación republicana, encabezada por políticos e intelectuales locales, llevó la nueva bandera al Ayuntamiento para colocarla en el mástil de su balconada. Hay emocionantes fotografías de ese impresionante y espontáneo acto.

            El ganador de las elecciones en Alicante fue el candidato del Partido Republicano Radical Socialista, Lorenzo Carbonell, impresor, conocido cariñosamente por los alicantinos como “Llorenset”. Otro partido republicano de arraigo entre intelectuales y docentes era el de Acción Republicana, de Manuel Azaña, con el director de la Escuela de Magisterio, Eliseo Gómez Serrano, el director de la Escuela Modelo, Franklin Albricias, y el médico Ángel Pascual Devesa. La Derecha Republicana, de Alcalá Zamora y Miguel Maura, estaba representada en Alacant por Beltrán de la Llave y Arturo Gadea. Todos ellos habían suscrito con los socialistas del PSOE y los nacionalistas catalanes, a nivel de todo el Estado, el llamado Pacto de San Sebastián contra la Monarquía. En nuestra ciudad, los líderes socialistas eran González Ramos, director del periódico El Mundo Obrero, Martínez Torregrosa y Rafael Sierra.

En cuanto al Partido Comunista, era todavía por entonces un grupúsculo minoritario encabezado por Rafael Millá. Aquí, la coalición republicana-socialista había ganado por el 81% de los votos, de manera que de las 39 concejalías, 29 fueron ocupadas por republicanos, y Llorenset fue nombrado Alcalde en un pleno celebrado el 16 de abril de 1931, a las seis y media de la tarde, presidido por el  nuevo Gobernador Civil Carlos Esplá Rizo. Teniente de Alcalde sería don Franklin Albricias Goetz, director de la innovadora Escuela Modelo, masón y pastor evangelista, que más tarde llegaría a ser presidente de la Diputación Provincial.

            Todos ellos se las prometían muy felices, pensando que la vieja lucha de los liberales por la democracia verdadera había terminado, y una era de libertad iba a comenzar en España. En Alicante, con sus 73.934 habitantes, el fervor republicano era incontestable; tanto es así que la primera capital de provincia que visitó el nuevo Presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora, fue Alicante. Hay fotografías en las que se ve a don Niceto, acompañado por Lorenzo Carbonell, a bordo de un coche de caballos. Al fondo se ven las palmeras del Paseo de los Mártires (hoy Explanada), y el público entusiasmado. Pero justo detrás de nuestros próceres destaca la figura siniestra de un militar altísimo, consuegro y jefe de la Casa Militar del Presidente. Es el general Queipo de Llano, que sería un importantísimo y sanguinario cabecilla rebelde en la futura Guerra Civil.

            Quién podía imaginarse un desenlace tan brutal para una circunstancia tan feliz.

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