Las corridas de toros en la Ciudad de México son toda una tradición entre un grupo muy particular de personas. El tema es polémico porque se inserta en una coyuntura de transformación de dimensiones globales en donde cada vez se reconocen más derechos otrora impensables. Bastaría con imaginar que hace tan solo 100 años, las mujeres, étnias particulares y otras minorías no eran consideradas iguales y por ende contaban con menos o ningún derecho. En el transcurso de los años hemos visto como el reconocimiento universal al género humano en su conjunto no ha venido solo, también se han adherido sujetos no humanos, tales como la preservación de ecosistemas, el medio ambiente y particularmente los animales. Por mencionar tan solo un ejemplo, antes de la explotación masiva de petroleo, uno de los principales combustibles era la grasa de ballena por lo que se realizaban grandes expediciones para cazar grandes cantidades de estos mamíferos marinos y obtener sus recursos sin que nadie se opusiera. En contraparte, hoy en día la matanza de focas en América del Norte causa indignación por productos menos indispensables de lo que fuera la necesidad de combustible para sobrevivir al frío invierno europeo.



