"Alicante es un libro"Siglo XX por Miguel A. Pérez Oca

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“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

            Lo confieso: me considero un habitante del siglo XX, que hoy vive desterrado en el XXI. Cuando lleguemos al actual siglo y os dé mis razones, quizá me comprenderéis. El caso es que acabado el XIX, con sus avatares y sus aventuras premonitorias, llega al fin la centuria del progreso, de  las fotografías fidedignas y reveladoras, del asombroso cinematógrafo, de la luz eléctrica, tan cómoda, vencedora de la noche, del motor de explosión, de los aviones que colmarían el viejo sueño de volar del mamífero plantígrado homo sapiens, del Arte más revolucionario y desconcertante, de nuestros mejores escritores y músicos; pero también de la creciente contaminación que anunciaba, aun tímidamente, un amenazador y sucio peligro, de las peores guerras tecnológicas, de los fanatismos más crueles y absurdos, de las más grandes y malbaratadas revoluciones, del dolor y las injusticias a la sombra del progreso, del bienestar como objetivo y la democracia auténtica y utópica que se falsea siempre por parte de los verdaderos y seculares poderosos y que nunca llega…

            En Alicante, como en toda España, la absurda Guerra de Marruecos y la resistencia obrera, cada vez más combativa, son los dos pilares de la tensión social. Que ya es un escándalo que los hijos de los pobres tengan que ir a la guerra si sus padres no tienen 2000 pesetas para rescatarlos, mientras los hijos de los ricos, propietarios del botín en disputa – las minas del Rif – se libran de ir a morir a Marruecos. Esa fue la causa de la rebelión obrera catalana, que se conoció como Semana Trágica de Barcelona, y que se saldó con el fusilamiento del pedagogo Ferrer Guardia.

            Pero el siglo se abre a la Historia con un acontecimiento astronómico que se dio por tierras - y cielos - alicantinas. El 28 de mayo de 1900 tuvo lugar un eclipse total de Sol que se vio desde Elche y Santa Pola. Vino aquí un famoso astrónomo francés, Camile Flammarión, del que se dice que prestó más atención a la paella y el vino del Vinalopó que al astro rey. Y los paisanos de Santa Pola presenciaron un nuevo juego, desarrollado por los tripulantes del barco de guerra inglés que trajo a unos científicos. Se llamaba Foot Ball y pocos años después se había extendido por toda la península, como una poderosa epidemia.

            Alacant recibió varias visitas del Rey Alfonso XIII, que venía en su yate Giralda y se iba a Madrid en tren, o venía en tren para embarcarse en su yate Giralda. En alguna de estas visitas lo acompañaba el Jefe del Gobierno don José Canalejas, muy vinculado a esta ciudad. Cuando fue asesinado en 1912, se le erigió el monumento que aún hoy perdura, obra del escultor Bañuls, y se bautizó el paseo continuador del de los Mártires, como Parque de Canalejas.

            La industria se desarrollaba en Alacant vertiginosamente. Así, además de contar con la Fábrica de Tabacos, teníamos fábricas de sacos y de conservas, refinería de petróleo,  cerámicas, fundiciones, imprentas y fábricas de abonos, harinas y tejidos.

            De la mano del potentado Pritz llegó la electricidad en 1912. En 1921 ya había en Alacant 256 automóviles matriculados. Y en 1923 teníamos tranvías eléctricos.

Después de la Guerra Europea de 1914 -18 empezaron a llegar los aviones de línea que iban de Francia a Marruecos y Argelia. Uno de sus pilotos era un tal Antoine de Saint Exuperi, el autor del inolvidable Principito.

El 3 de marzo de 1915, el vapor Tiflis explotó y ardió en el puerto, causando la muerte de 4 tripulantes. Alacant vivió horas de terror por el temor a peores explosiones.

            En 1918 había llegado aquí la mal llamada Gripe Española, que mató a 342 alicantinos, entre los 65000 habitantes que tenía esta ciudad.

            Y a pesar del progreso, en 1920 el 43% de la población era analfabeta y en nuestro Instituto de Enseñanza Media estudiaban solo 300 alumnos de toda la provincia.

            Llegaban rumores de la Revolución Rusa y del Fascismo, en medio de una creciente hostilidad entre sindicatos (UGT y CNT) y patronos, con huelgas y enfrentamientos que causaron muertos entre trabajadores y matones de la patronal.

            En 1922 se inauguró el nuevo mercado, que parecía anunciar una época de prosperidad local; pero en Marruecos las cosas iban muy mal, con el Desastre de Annual, en el que el ejército español sufrió una terrible derrota con multitud de muertos, algunos de los cuales eran alicantinos. La situación era muy tensa y al Rey no se le ocurrió otra cosa que apoyar a una dictadura militar, encabezada por el general Primo de Rivera. El Soberano, por lo visto, ignoraba que en la Historia los errores siempre se han pagado caros.

UNETE
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