Reseña "Castellano" de Lorenzo Silva



https://ellibrodurmiente.org/castellano-lorenzo-silva/

 


Reseña realizada por Begoña Curiel.

Castellano es un sentimiento, un Lorenzo Silva muy personal. Los orígenes y la esencia de la revolución de los comuneros de Castilla en el siglo XVI dan pie a este viaje interior. Un híbrido narrativo que me ha sorprendido por inesperado entre otras razones. Ya desde el prólogo se anuncia que el lector tiene entre manos una reflexión íntima sobre la identidad que deriva de un autodescubrimiento forjado a ritmo lento pero seguro. Prólogo que concluye así: «Quizá se la pueda llamar novela. O quizá no. Decídalo quien lo lea».

  Lorenzo Silva es para mí de esas opciones seguras: buena escritura y contenido interesante. Con la rebelión de las Comunidades de Castilla por medio, –un capítulo de la Historia que siempre me ha apasionado–, sabiendo cómo se trabaja los contenidos el autor y el título de la novela –me corre también lo castellano por las venas– junto a su sinopsis, no tuve ninguna duda en llevarme el libro a casa. Lo apilé en la lista de lectura y a la espera de su momento quedó. Ni mucho menos, esperaba lo que he leído.

  El prólogo como he señalado y la dedicatoria: «Para mi madre, por el regalo de Castilla» ya me hicieron levantar las cejas. El asombro aumentó con el encabezamiento del primer capítulo: «Mi infancia transcurrió insensible a los campos de Castilla». Sabía de los orígenes andaluces del escritor y de su crianza en Madrid pero nada de su vinculación con tierras castellanas. La curiosidad aumentó al pasar páginas y me preguntaba: «¿No era esta una novela sobre los comuneros?».

  Y sí, claro que lo es. No es lo primero que leo de este movimiento: de sus líderes Padilla, Bravo y Maldonado, de la batalla de Villalar de 1521 tras la que fueron decapitados y con ella, el fin de su sueño contra Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, el rey extranjero que se sirvió de las arcas del reino de Castilla para su campaña europea y dejó en España a su corte flamenca en detrimento de los poderes fácticos locales. La explosión se produjo en cadena desde Toledo en paralelo a la reacción de las fuerzas imperiales que aplastaron el contagio hasta que la última resistencia María Pacheco, la viuda de Padilla (ese personaje que siempre me ha encandilado) huyó a Portugal.

  Silva relata estos avatares y aunque ya existe literatura al respecto, no le hago ascos a una historia repetida si me la cuentan bien. Y con este escritor daba por sentado que lo iba a disfrutar. Así ha sido en lo que “a los comuneros” se refiere. Pero no sospechaba este desnudo personal. Y cuando un escritor me gusta se activa también mi curiosidad por su lado no literario. Así que la propuesta me encantó.

   Intercala los capítulos históricos con los personales. Y disfrutando de ambos al principio fue perdiendo fuerza mi curiosidad por el apartado digamos, íntimo. Y no porque no sea interesante ya que Lorenzo Silva no se queda sólo en detalles, en opiniones sin argumentos. Se compartan o no, lo cierto es que su integridad le avala. Lo ha mostrado con otros temas candentes abordados en novelas y siempre me ha parecido un escritor juicioso donde habita una persona juiciosa. En este caso, va desgranando los porqués de su sentimiento castellano; su correspondencia con una identidad que no se enfrenta a otra sino que se siente, que no se lanza contra el otro tal y como desde hace décadas –y esta también es mi opinión– vemos que se está arrojando de forma burda con trapos envueltos de odio, de los que tanto se abusa justificando odio y venganza no reconocida.

  Pero vayamos a lo literario. Lorenzo Silva se adentra en una vereda no exenta de dificultad –por el alto grado de susceptibilidad que hoy en día rodea y ensucia tanto debate de marcada agresividad aunque le llamen «política»- y tiende a hacer demasiado densa la narración, recargada de datos, que aun viniendo del corazón –y eso se nota– terminan por ralentizar su ritmo hasta dar al escrito un formato... ¿de algo parecido a un ensayo? Pero es que tampoco me lo parece. Es como si se le “hubiera ido de las manos”.

  A mí también se me fue evaporando el “enganche” de lectora aunque como ciudadana pueda compartir su sentir. Silva descubre su identidad castellana como una forma de ver y entender el mundo. Lo que ocurre en la actualidad tiene la base del pasado; casi todo tiene un origen, razones de fondo que construyen el presente.

  No es que no recomiende Castellano ni que no lo haya disfrutado. Sólo por revivir a los comuneros a mí ya me ha merecido la pena; por gozar de su buen oficio también. Simplemente, es una “obra Silva” diferente. Veremos qué tiene ahora en el horno.

FacebookTwitterPinterestWhatsApp



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






Reseña "Castellano" de Lorenzo Silva


https://ellibrodurmiente.org/castellano-lorenzo-silva/

 

realizada por Begoña Curiel.

Castellano es un sentimiento, un Lorenzo Silva muy personal. Los orígenes y la esencia de la revolución de los comuneros de Castilla en el siglo XVI dan pie a este viaje interior. Un híbrido narrativo que me ha sorprendido por inesperado entre otras razones. Ya desde el prólogo se anuncia que el lector tiene entre manos una reflexión íntima sobre la identidad que deriva de un autodescubrimiento forjado a ritmo lento pero seguro. Prólogo que concluye así: «Quizá se la pueda llamar novela. O quizá no. Decídalo quien lo lea».

  Lorenzo Silva es para mí de esas opciones seguras: buena escritura y contenido interesante. Con la rebelión de las Comunidades de Castilla por medio, –un capítulo de la Historia que siempre me ha apasionado–, sabiendo cómo se trabaja los contenidos el autor y el título de la novela –me corre también lo castellano por las venas– junto a su sinopsis, no tuve ninguna duda en llevarme el libro a casa. Lo apilé en la lista de lectura y a la espera de su momento quedó. Ni mucho menos, esperaba lo que he leído.

  El prólogo como he señalado y la dedicatoria: «Para mi madre, por el regalo de Castilla» ya me hicieron levantar las cejas. El asombro aumentó con el encabezamiento del primer capítulo: «Mi infancia transcurrió insensible a los campos de Castilla». Sabía de los orígenes andaluces del escritor y de su crianza en Madrid pero nada de su vinculación con tierras castellanas. La curiosidad aumentó al pasar páginas y me preguntaba: «¿No era esta una novela sobre los comuneros?».

  Y sí, claro que lo es. No es lo primero que leo de este movimiento: de sus líderes Padilla, Bravo y Maldonado, de la batalla de Villalar de 1521 tras la que fueron decapitados y con ella, el fin de su sueño contra Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, el rey extranjero que se sirvió de las arcas del reino de Castilla para su campaña europea y dejó en España a su corte flamenca en detrimento de los poderes fácticos locales. La explosión se produjo en cadena desde Toledo en paralelo a la reacción de las fuerzas imperiales que aplastaron el contagio hasta que la última resistencia María Pacheco, la viuda de Padilla (ese personaje que siempre me ha encandilado) huyó a Portugal.

  Silva relata estos avatares y aunque ya existe literatura al respecto, no le hago ascos a una historia repetida si me la cuentan bien. Y con este escritor daba por sentado que lo iba a disfrutar. Así ha sido en lo que “a los comuneros” se refiere. Pero no sospechaba este desnudo personal. Y cuando un escritor me gusta se activa también mi curiosidad por su lado no literario. Así que la propuesta me encantó.

   Intercala los capítulos históricos con los personales. Y disfrutando de ambos al principio fue perdiendo fuerza mi curiosidad por el apartado digamos, íntimo. Y no porque no sea interesante ya que Lorenzo Silva no se queda sólo en detalles, en opiniones sin argumentos. Se compartan o no, lo cierto es que su integridad le avala. Lo ha mostrado con otros temas candentes abordados en novelas y siempre me ha parecido un escritor juicioso donde habita una persona juiciosa. En este caso, va desgranando los porqués de su sentimiento castellano; su correspondencia con una identidad que no se enfrenta a otra sino que se siente, que no se lanza contra el otro tal y como desde hace décadas –y esta también es mi opinión– vemos que se está arrojando de forma burda con trapos envueltos de odio, de los que tanto se abusa justificando odio y venganza no reconocida.

  Pero vayamos a lo literario. Lorenzo Silva se adentra en una vereda no exenta de dificultad –por el alto grado de susceptibilidad que hoy en día rodea y ensucia tanto debate de marcada agresividad aunque le llamen «política»- y tiende a hacer demasiado densa la narración, recargada de datos, que aun viniendo del corazón –y eso se nota– terminan por ralentizar su ritmo hasta dar al escrito un formato... ¿de algo parecido a un ensayo? Pero es que tampoco me lo parece. Es como si se le “hubiera ido de las manos”.

  A mí también se me fue evaporando el “enganche” de lectora aunque como ciudadana pueda compartir su sentir. Silva descubre su identidad castellana como una forma de ver y entender el mundo. Lo que ocurre en la actualidad tiene la base del pasado; casi todo tiene un origen, razones de fondo que construyen el presente.

  No es que no recomiende Castellano ni que no lo haya disfrutado. Sólo por revivir a los comuneros a mí ya me ha merecido la pena; por gozar de su buen oficio también. Simplemente, es una “obra Silva” diferente. Veremos qué tiene ahora en el horno.

FacebookTwitterPinterestWhatsApp




Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


UNETE