"Alicante es un libro" ¡Faz Divina, misericordia! Miguel Ángel Pérez Oca

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“Alicante es un libro” por Miguel Ángel Pérez Oca.

20 de mayo de 1844, tan solo 73 días después del fusilamiento del coronel Boné y sus hombres. Eran las 8 de la mañana, y tres mil cigarreras estaban accediendo a los talleres de la Fábrica de Tabacos, en el Barrio de San Antón, dispuestas a comenzar una nueva jornada de trabajo, cuando se oyeron gritos procedentes de los almacenes.

—¡Fuego! ¡Fuego!

Y en unos minutos las gigantescas llamas envolvían las instalaciones fabriles.

Las cigarreras se apresuraron a desalojar los talleres y bajar la gran escalera hacia la salida. Hubo un clamor general que salía a la vez de sus tres mil gargantas:

—¡Faz Divina, misericordia!

Y justo cuando la última mujer cruzó el umbral, y se puso a salvo en el exterior, la escalera, entera, se derrumbó. El gran edificio, antiguo Palacio Episcopal y entonces Fábrica de Tabacos, era ya una gigantesca pavesa, presa de las llamas, que llenaban todo Alacant de un fuerte olor a tabaco quemado.

No había muerto ninguna cigarrera, lo que se atribuyó a un milagro de la Santa Faz.

—¡Faz Divina, misericordia!— seguían gritando las cigarreras, arrodilladas en el suelo de los jardines, a prudente distancia del incendio.

Sin embargo no se suele contar que dos mozos del almacén, que intentaban salvar unos fardos, murieron sepultados por la techumbre que se derrumbó de pronto. Y hubo varios operarios más que sufrieron heridas y contusiones. Por lo visto, la Santa Faz solo se ocupó de las mujeres de la fábrica.

Todos los intentos de sofocar el incendio fueron vanos. Ni la acción de los bomberos echando agua, ni la de los militares, a cañonazos, pudieron frenar el progreso de las llamas que durante todo el día y la noche siguiente redujeron el edificio a un montón de escombros.

El Estado, titular del Monopolio de Tabacos, sufrió grandes pérdidas, pero más grave fue la ruina de muchas familias alicantinas, cuyos únicos ingresos provenían del trabajo de la madre y, en muchos casos, las hijas, hermanas, esposos y toda la familia.

Rápidamente se procedió a reconstruir el edificio bajo la dirección del arquitecto don Emilio Jover; y a partir de entonces y hasta épocas recientes, todos los 20 de mayo se organizaba en la fábrica una gran fiesta, y se engalanaban los talleres con altares dedicados a la Santa Faz, en cuyo monasterio se celebraba una misa solemne, que dio origen al magnífico orfeón compuesto por las mejores voces del personal tabaquero.

En la actualidad, desaparecida Tabacalera y cerrada la nueva fábrica de tabacos instalada por una empresa inglesa en las afueras, siendo además el tabaco un artículo con muy mala prensa, esta tradición de siglo y medio ya solo queda en la memoria de unas cuantas viejecitas y veteranos operarios jubilados.

Resulta sospechoso el escaso margen de tiempo habido entre los fusilamientos de los mártires y el incendio. Nunca se pudieron averiguar las causas del siniestro ni si este fue accidental o provocado.

En la actualidad, la vieja fábrica del barrio de San Antón es un centro cultural denominado “LAS CIGARRERAS”.

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