El mapache… radiografía de la cultura del fraude electoral en México – Parte tres

Tras el triunfo de Carlos Salinas de Gortari por medio de un fortísimo operativo fraudulento, orquestado por las cabezas más altas y los nombres más insospechados del partido tricolor, el partido blanquiazul, el crimen organizado, la cúpula empresarial y el propio gobierno en turno, la eficacia, funcionalidad y servidumbre de Paco quedaron más que demostradas, fue así como se convirtió en uno de los personajes más solicitados para darle un toque alquímico y un ligero empujoncito a decenas y decenas de personajes de la escena política alrededor del país.

 

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“Fue así como tuve el honor de inmiscuirme en los procesos de Ernesto Zedillo, de Vicente Fox, de Felipe Calderón y por supuesto, de Enrique Peña, ninguno de ellos hubiera llegado a la silla presidencial sin la ayuda de un nutrido ejército de mezquinos y roñosos cicateros como yo, ¡claro que no señor!”

 

El salinato

 

Muchos hemos escuchado historias de lo que en aquellas elecciones del 6 de julio de 1988 sucedió, bajo la tutela del entonces secretario de gobernación, Manuel Bartlett Díaz, la comisión federal electoral, gestionaba uno de los comicios más polémicos de la historia de la política mexicana, aunque no el último, ni definitivamente, el más grande.

 

Ese día, los medios informativos reportaban, entre muchas otras cosas, un hecho sin precedentes, el sufragio efectivo del 50.4% de la población mexicana quienes, fascinados por la actitud y las promesas de campaña del candidato de las izquierdas, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano quien, no sólo representaba un verdadero y legítimo foco de esperanza para el pueblo de México sino también, un riesgo irreversible para el partido tricolor.

 

Conforme los datos de las distintas casillas del país iban llegando a las oficinas de la comisión, la brecha entre Cárdenas y Salinas, comenzaba a mostrarse desoladora para los del tricolor, es por eso que, alrededor de las 19:00 horas, uno de los burócratas de la más alta esfera de la comisión federal electoral, anunció ante los medios, que el sistema de cómputo se había caído y que, por eso, resultaría imposible anunciar a un ganador, esa misma noche.

 

“¡Se cayeron mis huevos!, todos sabíamos bien lo que estaba sucediendo, esos imbéciles subestimaron no sólo al candidato de la izquierda, también subestimaron al pueblo y su capacidad de discernimiento, nunca antes esos pinches mugrosos se habían pasado por los tompiates nuestros regalitos y nuestros sobornos, ni siquiera las amenazas, pero ese día fue diferente, la orden de tirar el sistema llegó desde muy arriba y así se hizo.

 

De inmediato los opositores del tricolor respingaron, empezaron a soltar declaraciones a diestra y a siniestra, señalaban todas y cada una de las irregularidades que, desde siempre, habían resultado obvias y vaya, en realidad nunca nos la hicieron de pedo a nosotros, nunca ha existido como tal, un esquema base de manipulación de una elección y mucho menos una como esa; una cosa era controlarla por medio de la operación de campo y oficina, con el material electoral circulante y otra muy diferente, era que un chingado sistemita de cómputo contabilizara y reportara el conteo de resultados, no puedes pretender definir una elección con base en un mecanismo específico, cada escenario es diferente”

 

Los cabos sueltos

 

Resulta difícil ignorar algunos acontecimientos acaecidos  en torno a las elecciones del 6 de julio de 1988, nunca olvidaremos –a menos que así nos convenga- los asesinatos de Francisco Javier Ovando Hernández y su secretario Román Gil Hernández, responsables del cómputo electoral nacional, militantes del Frente Democrático Nacional y colaboradores directos de Cuauhtémoc Cárdenas, quienes fueron ultimados a balazos en las calles de la ciudad de México, sin explicación alguna el 2 de julio de 1988, tan sólo 4 días antes de los comicios.

 

Tampoco podemos ignorar la desaparición forzada y la posterior aparición del cuerpo del diputado federal del partido blanquiazul, Roberto Colín Gamboa, presentando muestras indiscutibles de tortura, tan sólo tres días después de las elecciones, tras haber demostrado el fraude cometido en su distrito correspondiente.

 

Tampoco podemos ignorar las sospechosas condiciones de la muerte del principal opositor a la imposición de Carlos Salinas, Manuel J. Clouthier quien, desde el mismo 6 de julio de 1988 y hasta el día de su muerte, octubre 1 de 1989, realizó incontables protestas en contra del fraude cometido por el tricolor, incluyendo una huelga de hambre que se extendió por 8 días.

 

A partir de aquella noche, la verdadera noche triste de la democracia mexicana, todo cambió, el partido tricolor ya no podía presumir tener la verdad absoluta en su poder, su mal planeado golpe fue tan evidente, que ni siquiera el manejo de la información resultante del innegable fraude, estaba bajo su control como había venido sucediendo desde muchísimo antes.

 

“Esos animales del partido no pudieron prever ni mucho menos contener el efecto dominó que su pendejada había desatado, dejaron ir cuadros sumamente importantes para el control electoral, abrieron las puertas de los corrales en los que escondían a la mapachada y comenzaron a repartir patadas por el culo a diestra y siniestra, muchos simplemente se rebelaron y terminaron por salírseles de las manos y algunos más, como fue mi caso, nos dimos cuenta de que lo que hacíamos era realmente malo, vaya, estamos hablando de una serie de delitos realmente serios, durante varios días pensé en desertar, dedicarme a otra cosa, pero la neta, se me pasó muy rápido, vi una oportunidad de oro, me volvería independiente, agente libre, como los pinches futbolistas güey”

 

Antonio Andrade – Periodista, Escritor y Poeta mexicano

Praga – República Checa Verano del 2019
UNETE



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