El mapache… radiografía de la cultura del fraude electoral en México – Parte uno

ciudadanos de este municipio, este día es trascendente en la vida política de nuestro país, hoy sus hijos y sus nietos y las generaciones venideras, habrán de reconocerles el esfuerzo que durante más de doce horas, han desarrollado en esta casilla, quiero felicitarles a nombre del presidente de la república, esta entrega patriótica que habla de gente bien asida, de gente entregada a sus raíces, reciban de parte de él (del presidente) y de la mía propia, la más auténtica, la más sincera, la más profunda de las felicitaciones, lo que acaban de hacer es un hecho histórico, ustedes han pasado a la historia de nuestro estimadísimo, amadísimo México sin la necesidad de apellidarse Hidalgo, Juárez o Zapata, les agradecemos profundamente el esfuerzo. Este paquete electoral en este momento va a ser entregado a la autoridad correspondiente para su resguardo y para su conteo el próximo domingo, les agradezco profundamente el valor de su atención

 

. Este paquete electoral en este momento va a ser entregado a la autoridad correspondiente para su resguardo y para su conteo el próximo domingo, les agradezco profundamente el valor de su atención…
 

“Tras este discurso que me saqué de la manga en ese pinche momento, aquél grupo de zarrapastrosos que, machetes en mano, impedían la salida de nuestro equipo de “trabajo” de las oficinas del partido aquella noche, hasta me empezaron a aplaudir güey, imagínate, casi se ponen a cantar el Himno Nacional ahí mismo”

 

Me dijo Paco “el mapache”, entre sopores alcoholémicos y un dejo de insolencia apátrida difícil de ocultar, al inicio de esta entrevista.

 

El origen del mapache electoral

 

Mapache es el apelativo que se utiliza en la política mexicana, para aquellos “funcionarios” que se han especializado en la ejecución de todas las artimañas utilizadas, en los fraudes electorales.

 

“¿Cómo explicarlo?, mira, yo prefiero que me llamen “especialista en asuntos electorales”, no sólo me encargo de capacitar a los representantes de los partidos políticos en materia electoral, también organizo de principio a fin la operación de las jornadas de votación, resuelvo problemas de corte jurídico y representación personal ante los órganos electorales. Tengo alrededor de 34 años dirigiendo y manipulando elecciones en todo el país, he trabajado para el tricolor, para el blanquiazul, para los amarillos y para los disque ecologistas.”

 

El primer contacto de Paco con las delicias de la alquimia electoral, se dio con el tricolor, corría el año 1984, en el municipio de Tlalnepantla (Estado de México), la campaña electoral del partido estaba a tope, por aquellos ayeres, las campañas electorales tenían una duración de cuatro a seis meses, tiempo suficiente para recorrer los municipios enteros, en dos y en hasta tres ocasiones.

 

“yo estaba en la comisión de animación del partido, recorría de cabo a rabo la demarcación con distintos grupos de Danza, Teatro y Música, yo era feliz haciendo esto güey, pero un día, se me acercó la gente del comité nacional, entre ellos estaba un amigo de mi familia quien me invitó a una reunión del partido y ya sabes, ¿cuál reunión?, aquello era una parranda con harto chupe, harta comida, harto desmadre y pues eso me encantó, recuerdo haberme dicho a mí mismo… de aquí soy cabrón… o sea, yo ya era desmadroso desde siempre, sólo me faltaba una oportunidad adecuada para explayarme, el pretexto y el patrocinio, me los daría el partido”

 

A partir de ese momento, Paco comenzó a competir por una plaza dentro de las filas del partido, tenía como único contendiente a un abogado bastante preparado en la materia electorera pero, eso no representó un gran problema, ya que su amigo, movió los hilos adecuados para beneficiarlo en sus aspiraciones militantes.

 

“Mi cuate fue el que determinó que sería yo quien se sumaría al equipo de acción electoral, es decir que entré por la puerta grande al chingado mundo este de la alquimia electoral, mi amigo era una vaca sagrada del tricolor en aquellos ayeres y, la verdad, es que eso de las tranzas y las mañas se me dio naturalmente; ya sabes, todo lo oscuro, todo lo prohibido, todo lo ilegal es demasiado atractivo, se me hizo vicio de inmediato, casi como la droga.

 

Lo primero que me pidieron fue aprenderme completita, toda la mentada ley electoral para comenzar a capacitar funcionarios y representantes de casilla, algo así como cerrar la pinza sobre quienes, en teoría, debían defender el voto; no era nada complicado, todos estos changos habían sido propuestos por el propio partido, la ciudadanía nos valía madres, nos la pasábamos por el arco del triunfo, por eso, estos representantes, repetían su puesto en cada elección, los teníamos muy bien amaestrados y perfectamente bien controlados con ayudas económicas por debajo de la mesa, promesas que nunca se cumplirían y, para los más reacios, amenazas”

 

Y así pasó el tiempo y el mapache dedicaba sus horas de trabajo a “capacitar” a este pequeño ejército de rémoras institucionales, con la única finalidad de beneficiar, a los candidatos impuestos por el partido, a lo largo y ancho de la demarcación.

 

El mapache y la lavandería democrática

 

“En muy poco tiempo y, gracias a mis capacidades, en menos de lo que canta un gallo, tuve acceso a lo que más me llamaba la atención, a lo prohibido güey; casi de inmediato me dieron la ubicación y el control de las casas de seguridad en las que se guardaban miles de boletas electorales y actas, estas casas, en el argot de este oficio, se conocen como laboratorios o lavanderías, simplemente porque ahí, se planchan y doblan boletas electorales apócrifas al por mayor”

 

Sabido por todos (o casi todos), desde tiempos inmemoriales, el control absoluto del ambiente y el devenir político de México, descansa nerviosa y punitivamente, entre los pasillos y las oficinas del partido tricolor, quienes incluso, por años, controlaron los talleres en los que se imprimían actas y boletas electorales, es decir que, el destino democrático del país, estuvo (y quizás continúe) a cargo de gente, perteneciente al sistema.

 

“Por ponerte un ejemplo, así rápido güey, si en un municipio, en cualquiera, el grueso de votantes correspondía a 300 mil ciudadanos con derecho al sufragio, nosotros mandábamos a imprimir 600 mil boletas, si se instalaban 400 casillas, nosotros mandábamos a imprimir 600 actas sin folio (apócrifas), sin las debidas medidas de seguridad estipuladas y, todo el material extra, quedaba siempre, bajo el control del partido, es decir que teníamos todo, perfectamente bien orquestado cabrón.

 

Entonces, durante la jornada electoral, mientras el pueblo pensaba que su voto de verdad valía y contaba, nosotros nos pasábamos el día entero en los laboratorios marcando, cruzando, redondeando, taloneando y doblando de distintas maneras las papeletas fraudulentas, para armar paquetes de entre 25 y 30 votos que, gracias a los contubernios y los acuerdos previamente estipulados y diseñados con los funcionarios de las mesas en cada casilla, nos garantizaban un triunfo a veces arrasador, y a veces un poco apretado”

 

Llegado el momento, el mapache y su equipo se apersonaban en las casillas electorales al momento de su apertura, es decir, al momento del conteo e, identificándose como funcionarios de la entidad electoral, contaban con toda la facultad de truquearlas a diestra y a siniestra.

 

“Incluso durante las capacitaciones, los funcionarios eran adoctrinados de tal manera, que dicho procedimiento, no les resultaba ajeno, ellos siempre supieron perfectamente para qué los visitábamos y qué carajos íbamos a hacer, nosotros les decíamos cuántas boletas se introducirían en cada urna, y ellos simplemente recolectaban la información y nos entregaban el mismo número de votos registrados en su casilla, todo esto, obviamente, manejado de tal manera, para que todo cuadrara adecuada y limpiamente.

 

Si pendejos no eran, ni mucho menos marranos, incluso los presidentes de cada casilla, estaban tan debidamente aleccionados, que conforme la jornada electoral avanzaba, iban, de manera discreta y muy tranquila, marcando las boletas alteradas con la palabra ‘voto’”

 

Así es como el mapache y sus compinches conseguían que todos los números cuadraran al momento del cómputo o la sumatoria final, garantizando, no sólo la tranquilidad de los comicios, sino también, la resignación de los ingenuos representantes de los partidos opositores… todos, honestos y tranzas, individuos provenientes directamente del entramado social mexicano.

 

Antonio Andrade – Periodista, Escritor y Poeta mexicano

Melbourne – Australia Invierno del 2018

UNETE



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