Donde no hay mata, no hay patata

 

. Sólo la torpeza del cenizo, Pedro ‘Plagio’ Sánchez, y de su ‘lumbrera’, Iván Redondo, pueden caer en semejante bufonada. Nunca la verdad estuvo de parte de quien más grita. Prueba de ello es que, en una carrera de carros, la rueda más estropeada es la que más ruido hace.

Se suele decir que las almas negras y malas son como las nubes; recogen para luego verter. Y muchas veces las trombas se convierten en incontrolados desastres. El PSOE arde y son sus propios afines quienes han prendido fuego. Si Felipe González no reconoce al PSOE actual y Joaquín Leguina ve en Díaz Ayuso la ‘heroína’ capaz de sacar adelante este atorado barco, eso es que la razón no está en la verdulería de Moncloa

A pesar de lo que piensan la izquierda antidemocrática de ahora, las amenazas no son argumentos electorales de peso. El tal Iglesias, por ejemplo, no ha dejado de hacerlas y de aventar odio porque es lo que lleva en su interior. Nadie puede aportar más de lo que tiene: no puede haber patata donde no hay mata. Es un personaje caduco y acabado. Engañador de ‘alimañas’ y muñidor de intrigas. Si no ha cesado en las amenazas a sus adversarios es porque la torpeza le ciega, el odio le atenaza y la maldad no la reprime. El alto grado de miserables sentimientos le descalifica a diario, a la vez que actúa cual hongo para parásitos e incendiarios del mal.

Contraria a este ser, ampliamente inadaptado socialmente, surge erguida y argumentada la figura de dos mujeres que le han humillado y despreciado, a pesar de las activistas infiltradas de la ultraizquierda: Barceló y Mónica López. “Usted (referido a Iglesias) es un miserable”, le plantó a la cara y mirándole a los ojos Isabel. “Márchese, pero márchese de España, que es lo que pide la ciudadanía”, le dijo Rocío dos días después y mirándole a los ojos. Sus complejos actúan como losa insoportable. Y esa es su mayor problema para soportarla en su casita de odio, con su jardín de reprimido machista bolivariano, mudo xenófobo, misógino reconocido con piscina de rencores, maldición de miserables y gorrón de universidad.

La expresión de “El fascista eres tú” no fue más que un sincero desahogo de Rosa Quintana ante los absurdos planteamientos, los insultos en rebatiña y los complejos de inferioridad que recubren su moña, chepa y coleta, cual atrezo cavernario impropio de la modernidad. Tal vez hubiera sido la imagen de mofa ideal para presentar el Manifiesto Comunista de febrero de 1848 ante el ‘pueblo, puebla y pueble’. Muchos no sabrán verlo, pero tales complejos se adornan con un mecanismo de compensación basado en las bravatas, las absurdas llamadas de atención y el albañal que siempre le acompaña donde acostumbraba a ser el niño en el bautizo, el soso masculino en el enlace barragán y el difunto cuando le llegue el turno. Sus chicas le miman, pero las ‘joyas’ madrileñas, Ayuso y Rocío, Rocío y Ayuso, le han puesto contra el panel de pensar y ha salido corriendo con el rabo apretado y urgiéndole bajarse las perneras.

Si ser leal a uno mismo es la forma de ser leal a los demás, Pablo Iglesias jamás podrá ser leal a nada ni nadie. Sus contradicciones le atenazan y su pasado le entierra. Los peces que mueren por la boca son los que no saben nadar. Debería saber el comunista de chaquetilla que la mejor palabra es la que queda por decir, para así ser dueño de los silencios y no ser esclavo de las palabras. Como profesor sectario, según su alumnado, habría que sentarlo en el pupitre y procurar que aprendiera que “Todos los órganos humanos se casan alguna vez”, en palabras de Adenauer, al igual que “Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”, según Lincoln.

No faltan videos en los que al vocinglero Iglesias no le duelen prendas al decir que es comunista. ¿Observan el complejo teñido del mecanismo de compensación antes citado? Piensen que con esa ideología jamás podrá hacer algo positivo por el mundo y tampoco por sus semejantes. La torpeza de este arreador de ‘borrokas’ y adoctrinador de ‘ternerillos’ de instituto jamás leyó las esencias y consecuencias del comunismo ni los traumas socioeconómicos que le son inherentes.

Recuerdo a un exalumno suyo que anteayer me decía: “Es tan inútil y sectario que, mencionándole en una ocasión al escritor y militar británico, Baden Powell, fue incapaz de entender que el mundo hay que dejarlo en mejores condiciones de las que tenía cuando cada uno llegamos a él”. La negación de esa evidencia no es propia de un educador –me decía-y mucho menos de un padre responsable.

Siempre es disculpable porque donde no hay mata, no hay patata y de donde no hay, no se puede sacar. Mover el trampantojo de los odios no lleva a nada bueno. “Iglesias nació del mal para hacer el mal”, dice Ayuso.

UNETE



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