Supe de la intensa
vida
de un ave desconocida,
venía de surcar los
llanos,
se posó sobre mis
manos.
Su cuerpo estaba
dañado,
el semblante fatigado,
sangrando, aún, por
la herida,
me contó algo,
convencida.
De su sagrado linaje,
de tan vistoso
plumaje,
me platicó de aquel
nido
sobre el árbol más
querido.
De sus cánticos
hermosos,
de cortejos amorosos,
de tanta hazaña
bendita,
me comentó de esa
cuita.
Que lo dañaron los
vientos
huracanados,
sedientos
del dominio de los
cielos,
poseídos por los
celos.
De que sufre el gran
Eolo
quien, luego, quiere
estar solo,
la compañía no tolera
y modales no modera.
Mientras sus alas
curaba,
el piquito se
alegraba,
pues quería volver al
vuelo,
cumplimentar magno
anhelo.
De partir con su
parvada,
con su pareja
adorada,
a saborear la fortuna
que les brinda el sol,
la luna.
Me habló, en fin, de la
consciencia,
de sus sueños y querencia,
de que le gusta ir en
pos
del Creador su amigo,
Dios.
Me puse muy reflexivo
y le dije: “sigues
vivo,
con toda tu majestad
vuela, pues, en
libertad.”
Autor: Lic. Gonzalo
Ramos Aranda
Ciudad de México, a 03
de marzo del 2021
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