La Independencia del Ecuador

La rebeldía y los conatos de independencia en Ecuador nunca dejaron de estar presentes desde la llegada de los hispanos como una forma de rechazo permanente por el atentado ocurrido en 1533 con el asesinato de Atahualpa en Cajamarca. Si al comienzo se quedaron absortos por el tremendo magnicidio y en cierto modo, desmoralizados por lo que vieron y que alguien dijo “anocheció en la mitad del día”, los indígenas no bajaron la guardia jamás. Y así transcurrieron alrededor de 280 años, cuando se intensificaron las atrocidades e injusticias de las autoridades españolas contra sus súbditos, hasta que dando cumplimiento a aquello de que “no hay mal que dure cien años…”, llegó el 10 de agosto de 1809, como el primer intento de una definitiva emancipación. No prosperó, las huestes extranjeras se rearmaron y castigaron la insolencia de pretender la libertad, dando lugar a la matanza del 2 de agosto del año siguiente, algo feroz, no imaginable y terrorífico, incluso en las calles de Quito, causando la muerte de centenares de gentes inocentes y una desquiciada carnicería que ha pasado a los anales de los momentos más tétricos vividos en la histórica capital ecuatoriana.

 

. Si al comienzo se quedaron absortos por el tremendo magnicidio y en cierto modo, desmoralizados por lo que vieron y que alguien dijo “anocheció en la mitad del día”, los indígenas no bajaron la guardia jamás. Y así transcurrieron alrededor de 280 años, cuando se intensificaron las atrocidades e injusticias de las autoridades españolas contra sus súbditos, hasta que dando cumplimiento a aquello de que “no hay mal que dure cien años…”, llegó el 10 de agosto de 1809, como el primer intento de una definitiva emancipación. No prosperó, las huestes extranjeras se rearmaron y castigaron la insolencia de pretender la libertad, dando lugar a la matanza del 2 de agosto del año siguiente, algo feroz, no imaginable y terrorífico, incluso en las calles de Quito, causando la muerte de centenares de gentes inocentes y una desquiciada carnicería que ha pasado a los anales de los momentos más tétricos vividos en la histórica capital ecuatoriana.

Asomaron los próceres y héroes. Espejo, Mejía Lequerica, Ante, los Montufar, la Cañizares, y tantos otros, que quedaron desde entonces en la memoria colectiva como los padres de la Independencia. Para esa época Antonio José de Sucre era todavía un muchacho de 15 años y el genio de Bolívar, con apenas 27 años de edad, comenzaba a brillar en los campos de la guerra, del honor y la inquietud por dar término al dominio español. El 9 de octubre de 1820, Guayaquil fue la primera en obtener la independencia con la ayuda de militares venezolanos y el liderazgo del poeta Olmedo; 25 días después le siguió Cuenca y así todos los pueblos, hasta concluir con la Independencia total el 24 de mayo de 1822, con la famosa batalla de Pichincha, choque bélico que consagró no solo a heroicos hijos de nuestra tierra sino a colombianos, venezolanos, argentinos, ingleses, irlandeses, peruanos, bolivianos y toda una pléyade de héroes que combatieron juntos y con el mismo objetivo, la emancipación de los americanos.

Estos días en una y otra ciudad, los ecuatorianos festejan su Independencia política y recuerdan la letra del Himno Nacional:

“Indignados tus hijos del yugo / que te impuso la ibérica audacia / de la injusta y horrenda desgracia / que pesaba fatal sobre ti…”/

“Santa voz a los cielos alzaron / voz de noble y sin par juramento /de vengarte del monstruo sangriento / de romper ese yugo servil…”

Dios miró y aceptó el holocausto / y esa sangre fue germen fecundo de otros héroes que atónito el mundo / vio en tu torno a millares surgir…”

“De esos héroes al brazo de hierro / nada tuvo invencible la tierra, y del valle a la altísima sierra / se escuchaba el fragor de la lid; tras la lid la victoria volaba / libertad tras el triunfo venía, y al león destrozado se oía / de impotencia y despecho rugir…”

Pero ahora en realidad cabe la pregunta, ¿somos realmente libres?, talvez no sucede lo que el mismo Himno del poeta Juan León Mera decía:

“Y si nuevas cadenas prepara / la injusticia de bárbara suerte / ¡gran Pichincha! prevén tú la muerte / de la Patria y sus hijos al fin…” 

¿Cuál es nuestro yugo moderno? ¿De qué todavía no podemos independizarnos? ¿Debemos ir hacia una nueva liberación…?

César Pinos Espinoza

UNETE



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