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Trump se convirtió en el enemigo número uno de los Estados Unidos


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07/01/2021


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Llegó al poder de manera sorprendente, dividió a la Casa Blanca y fragmentó al partido Republicano. Atacó de manera sistemática a los demócratas como si fueran enemigos de los EEUU. Debilitó a las instituciones de seguridad, justicia y electorales; inspiró y motivó a los grupos supremacistas radicales durante todo su mandato; desestimó a la ciencia y los científicos durante la pandemia de COVID-19 y se va como el enemigo número uno de los Estados Unidos.


Donald Trump ha sido sin duda el peor presidente estadounidense y pasará a la historia por sus intentos de desconocer las elecciones, de instigar una “insurrección” civil -como llamó Joe Biden la toma del Capitolio por seguidores del todavía presidente-; por apoyar el racismo; pero sobre todas las cosas, por atentar contra el modelo democrático que se supone es un ejemplo para todo el mundo.

Trump acusó durante todo su mandato a Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega, Aleksandr Lukashenko y Kim Jong-un, de ser unos dictadores que atentan contra los derechos de sus propios ciudadanos. El 6 de enero de 2021 el presidente de los Estados Unidos se convirtió en uno de esos mandatarios a los que nos les importa nada más que el poder. Demostró ser también un dictador.

Y más allá de la imagen que se tiene de los dictadores, que utilizan todo la maquinaria del estado para atacar a los opositores y proteger su dominio bajo cualquier circunstancia, Trump utilizó un método muy conocido pero ahora con una herramienta nueva -las redes sociales- para motivar a sus seguidores a defender lo que ellos consideran es un “fraude electoral”; repitió una y otra vez una mentira hasta que se convirtiera en una “verdad” absoluta -tal como lo hizo en su momento el Partido Nacionalsocialista alemán en una etapa oscura de la historia contemporánea-. 

Anticipó que no iba a aceptar una derrota electoral y cumplió. Trump dijo la frase “remember this day forever” y llamó a sus simpatizantes como “great patriots”, algo premonitorio del ambiente violento que está dispuesto a respaldar y apoyar para que sus seguidores desestabilicen a su país y generen un clima de incertidumbre total, que puede sobre pasar los límites de las manifestaciones sociales para convertirse en enfrentamientos raciales y en el peor de los casos, una guerra civil.

Era evidente que Donald Trump se estaba quedando solo en la Casa Blanca. Sus asesores lo abandonaron, su gabinete filtró información reveladora en contra del propio gobierno durante mucho tiempo; sus amenazas a los funcionarios de las agencias de seguridad y del propio Pentágono aceleró su aislamiento, y las constantes acusaciones judiciales por sus vínculos con los rusos lo puso en un escenario en donde nada le daba legitimidad a sus decisiones. 

Pero sobre todo, fueron sus exabruptos y sus acciones los que evidenciaron que algo andaba mal con Trump. Incluso algunos de sus exasesores revelaron que el presidente se había convertido en una “amenaza a la seguridad nacional”, ya que era “inestable” emocionalmente y esto le impedía  gobernar de manera eficiente.

Su eslogan “Make America Great Again” reventó toda las formalidades y la competencia electoral políticamente correcta. Y esto implica que no importan las instituciones, la voluntad popular, la democracia ni nada que esté en su contra y que no apoye la idea de que hubo un “fraude electoral”. Trump quiere el poder y ya demostró que está dispuesto a robarlo a costa de lo que sea, pero lo peligroso de esto es que seguramente seguirá instigando en los grupos supremacistas las teorías conspiratorias y con esto, elevar los niveles de violencia durante el mandato de Biden.

Trump atacó al modelo de “democracia perfecta” que los Estados Unidos han intentado impulsar en todo el mundo. La civilidad política se acabó y ahora están en la antesala de disturbios históricos en donde un solo individuo -un caudillo dirían si fuera el caso de América Latina- está dispuesto a perpetuarse en el poder cueste lo que cueste. Repito, muy al estilo de los “dictadores” a los cuales intentan combatir fuera de su territorio. El enemigo ya está en casa.



Etiquetas:   Racismo   ·   Violencia   ·   Estados Unidos   ·   Donald Trump   ·   Joe Biden

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