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Arte, Cultura y Comunicación


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26/10/2020


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Desde que era un morrito pequeño me di cuenta que las relaciones personales son la cosa más complicada que puede existir sobre esta tierra; recuerdo que cuando era pequeño no entendía por qué mis papás y hermanos siempre estaban en desavenencias, diferencias y disputas –algunas de ellas no tan amistosas- pero siempre divididos por la opinión personal, o la forma de pensar.




Más tarde comprendí, que en esta vida todos somos de una forma en particular y que las experiencias vividas iban modificando nuestra forma de dirigirnos, pero entendía de una forma muy empírica que la comunicación es la única forma en que dos individuos podrían llegar a compartir una idea u opinión sin matarse en el proceso; pero que para que esa “comunicación” se diera tenía que haber disposición de las dos partes de escuchar y comprender la razón o situación del otro. Conforme fui adquiriendo conciencia, descubrí un mundo maravilloso mediante el cual el ser humano encontró la forma de dejar testimonio de su experiencia de vida y además de comunicarse con otros, inspirar a sus congéneres con su visión individual, ese mundo maravilloso, era el Arte –Aunque a esa edad escolar, no entendía del todo lo que era, cómo y por qué se utilizaba-.

Debido a mi situación familiar –compleja- como la de muchos, descubrí en un viaje hacia el autodescubrimiento, que hay muchas cosas personales e internas que uno no comparte con los demás; que es una ínfima parte de nuestro mundo interior lo que dejamos ver o lo que estamos dispuestos a compartir, pero que el Arte permitía a través de objetos materiales o inmateriales expresar de forma creativa nuestra interioridad y que además al sacarlo al mundo, uno descargaba un poco el pesar de tanta cosa abrumante.

Me refugiaba en libros y música, hasta que por azares del destino me encontré con el mundo de las Artes Plásticas, que me permitieron entender otros idiomas y forma de comunicación bastante interesantes, dotados algunos de un realismo asombrante, un misticismo casi metafísico, conceptos abstractos que me dejaron absorto, construcciones monumentales e históricas cuyo valor es incalculable. Pero reafirmaba algo… el Arte es propio al ser humano como medio de expresión y comunicación, ya que muchas veces nuestras partes del cerebro no logran ponerse de acuerdo entre ellas; mucho menos pensar que podamos ponernos de acuerdo con otro individuo, pero de que puede hacerse, se puede.

Si bien, no existe una sola intención bajo la cual el proceso creativo tiene su génesis, sino que hay un sinfín de formas de expresión y sentidos en que alguien puede darse a la tarea de aportar algo al mundo, pero que al final sin importar el medio, busca la forma de dar salida a todo aquello que de alguna manera nos hace reflexionar sobre el mundo y sus habitantes. Logré trabajar con infantes en procesos creativos y con adultos también, en ambos casos me sorprendí de tantas experiencias que les dejaban una sensación de bienestar y confort, -como si fuera algo nato. También encontré que una buena canción puede despertar en las personas bastas emociones –Yo personalmente, me considero compositor musical autodidácta- y como buen melómano no dejo de asombrarme todo lo que puede hacerme recordar una canción que fue importante en mi pasado; pero también una fotografía, una pintura, una buena carta, un cuento, una historia, una anécdota, una película, una escultura o un edificio creado según la utilidad o determinados cánones estéticos

Hoy más que nunca en mi vida adulta, que creo tengo un poco más de tiempo para la reflexión que en el frenesí de la juventud; me doy cuenta que la posmodernidad nos ha robado tantas cosas… Entre ella y la más importante la capacidad creativa profunda, y ha impuesto al Arte ese interés lucrativo y novedoso que nos está despegando de lo que en realidad somos, y del sentido del proceso creativo-artístico. Se han impuesto exigencias comerciales, a algo que siempre se ha realizado por ociosidad o por necesidad, que está justamente en el lado opuesto a la adquisición y acumulación de bienes. Puedo citar dos ejemplos claros de las ironías actuales: Van Gogh fue un pintor que además de tener una psicopatología de fondo (Presumiblemente esquizofrenia) fue disruptivo en el movimiento Impresionista, siendo el gérmen necesario para el Expresionismo; mismo que vivió en paupérrimas condiciones y murió del mismo modo. Hoy en día, las pinturas del buen Vincent se cotizan en varios miles o millones de dólares, y ¿quién determinó este valor? Y ¿Por qué algo que solo es tela, óleos y pinceladas puede tener ese valor? Y no les surge a ustedes la misma pregunta: ¿No son cosas muy diferentes, el proceso creativo y el valor monetario?

Por otra parte, en el ámbito musical, antaño los compositores o creadores, dedicaban años a una nueva obra y en realidad se esforzaban por expresar ideas a través de medios sonoros, pasando desde la época de música clásica, hasta el fin de siglo XX, la música era utilizada con un sentido, más allá que sólo lucrar con sus resultados. Hoy por hoy, vemos que la exigencia del público ha determinado el gusto musical, y que poco a poco hemos separado algo tan hermoso como la creación musical para supeditarla al interés lucrativo. Si lo pensamos un poco, eso nos ha empobrecido como sociedad y nos ha dejado ávidos de novedad a cada instante, más que encontrar alguna propuesta que nos haga reflexionar sobre nosotros mismos.

A fin de cuentas, lo importante de tener algo tan potente e importante como el Arte en nuestras vidas, nos ha permitido enriquecer la experiencia humana; porque si vivir se tratara únicamente de hacer las cosas por su utilidad o servicio que nos puedan prestar, ¿Por qué tendríamos necesidad de darles características estéticas? ¿Qué propósito tendría aquello que nada más es útil? ¿Qué caso le veríamos a proponer nuevas formas de abordar ideas?  Todo obedece a nuestra naturaleza creativa como especie, y sobre todo considero que es importante reflexionar en el cómo estos cambios han permeado en la cultura general y en la forma en que apreciamos aquellas piezas o creaciones que dejan ver la pasión de quien propone un idea o discurso, que han logrado trascender línea temporal y servir de testimonio para la sensibilidad de la humanidad.



Etiquetas:   Cultura   ·   Creatividad

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