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Hijos que no razonan: qué, y cómo, enseñarles en casa


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15/10/2020

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Posiblemente, amable lector haya escuchado (o experimentado) en reiteradas ocasiones la siguiente conversación entre un padre o una madre y una hija o un hijo, o algo por el estilo: <<mi profesor me dijo que tenía que resolver mi tarea utilizando el método que él me enseñó en clases. Pero hijo, para resolver ese problema también puedes emplear otros métodos. No, es que tengo que utilizar el que me enseñó mi profesor…ϾلϿ>>.


Pero ¿Por qué ese hijo o hija no aceptan otra forma de solucionar sus tareas escolares? Pues, en principio, podría deberse a la deferencia cognitiva que los educandos le otorgan a su docente [1]. Pero, a otro nivel, y en ciertos casos, podría deberse a algo aterrador, esto es, tener temor de no pasar la asignatura y/o perder el año lectivo, en el mejor de los casos, por ejemplo. Por cierto, vale decir en este punto que los padres en el intento de enseñar a sus hijos a razonar no deberían asumir que sus hijos les otorguen el mismo tipo de deferencia que les conceden a sus docentes, pues dichas deferencias podrían ser disímiles entre sí de una manera importante.

Sea lo que fuere, así, que estuviera fomentando ese compartimiento en ciertos hijos, una posible forma de superarlo podría ser que ellos aprendieran a racionalizar sus pensamientos, sentimientos (control de las emociones) y comportamientos, pues sobre todo la supervivencia  de aquellos podría estar en juego.

Cuando un hijo no razona, esto es, no cuestiona, argumenta, critica ni reflexiona puede llegar a ser presa fácil de distintas situaciones desfavorables para él: ser estafado o cuenteado, creer en noticias falsas, considerar que toda la información que se presenta en internet es confiable, no darse la oportunidad de contemplar otros caminos de vida a parte de los que dictamina su sociedad (incluyendo la familia, por cierto), o no lograr comprender nuevos aprendizajes.

Ahora bien, si bien es cierto que el acto de razonar, según algunos resultados de algunos estudios neurocientíficos [2], sería más desgastante para el cerebro que la ejecución de otros procesos cerebrales, ya que se supone que ese órgano consume más energía en dicha actividad que en otras, pero a qué precio según lo arriba citado.

En contraste con eso, razonar contribuye a la generación de conocimientos, por ejemplo. Un caso sobre esto es que por medio de la razón se pudo conocer qué es un triángulo, es decir, un triángulo es una figura geométrica que está conformado por tres lados y sus ángulos internos siempre suman 180 grados, al menos dentro la geometría euclidiana. Pero, no hay que olvidar que la experiencia hace también un aporte importante a dicha producción.

Entonces, qué enseñar a los hijos a fin de que ellos puedan aprender a razonar. Pues, saberes y habilidades relacionados, por ejemplo, con los pensamientos crítico y reflexivo y, asimismo, con la práctica de la argumentación, meta-cognición e investigación; que no son, por cierto, competencias que si están de moda o no, sino que más bien aquellas se requieren para tal cometido. A todo esto, ¿Significa que mis hijos o hijas no razonan para nada? No, eso no es así. Suelen hacerlo de una manera espontánea, o de vez en cuando como chispazos de luz, unos más que otros. Pero, razonar deliberadamente podría hacer, en ciertos casos, la diferencia entre seguir vivo o no. Esto quizás para usted suene posiblemente exagerado, mas no estaría demás en decírselo. 

Y sí, en efecto, en la escuela los hijos y las hijas deben aprender las competencias arriba sugeridas. Pero, resulta al menos en la práctica que eso no siempre sucede. Puesto que existen profesores de ciertas escuelas, colegios e Instituciones de Educación Superior (como Universidades, Escuelas Politécnicas, Institutos Técnicos y Tecnológicos Superiores) de algunos países en el mundo no saben razonar deliberadamente, por ejemplo [3]. Sí, en efecto, si ellos no lo saben hacer cómo se supone que estos van a enseñar a sus aprendices a razonar de una manera intencional. Por tanto, si usted sospecha de que en la institución educativa a sus hijos no les enseñan a aprender a razonar, sería interesante que usted se haga cargo rápidamente de solucionarlo, por ejemplo. Pero no solo eso. Los resultados de ciertos ejercicios podrían darle indicios acerca de si su hijo o hija sabe o no razonar deliberadamente. Por ejemplo, usted podría pregúntale a su vástago simplemente lo siguiente: ¿Para qué te sirven las cosas que aprendes en la escuela? Si su hijo o hija le quedan mirando con un gesto de asombro, o parecen estar paralizados, o no terminan  de contestarle esa inquietud, entonces, preocúpese (o mejor dicho ocúpese en solucionarlo) pues podría ser que él o ella no sepan razonar adrede y/o dispongan de una escasa cantidad de conocimiento por falta de lectura, por ejemplo.                  

A continuación se revisarán un par de ejemplos acerca de cómo enseñar a hijos e hijas a razonar. Pero antes es importante indicar que hay varios factores que están involucrados en su proceso de aprendizaje-enseñanza que usted amable lector debería contemplar [4].

No obstante, usted obviamente debe saber razonar deliberadamente, pues de lo contrario cómo le va a enseñar a su hijo o hija a aprender a razonar. Así pues, si no sabe hacerlo, empiece por aprender usted primero. Efectivamente, el presente escrito no es un manual de cómo hágalo usted mismo en su hogar. Esto es, no son recetas las que se exponen aquí, sino más bien pautas que le pueden ayudar con el cometido en cuestión, claro está, si es que usted decide aceptarlo. Pero si no quiere hacerlo, pues pida ayuda, por ejemplo, a un especialista o a un experto a fin de que cualquiera de ellos le puede enseñar a sus hijos e hijas a razonar.

Ahora sí, existirían mejores condiciones cuando se consideran los temas y actividades que les interesa a los individuos, al momento de tratar de enseñarles a razonar. Y, por supuesto, esto no se encuentra al margen de los hijos y las hijas en cuanto a sus aprendizajes. Por ejemplo, si a su hijo le gustan los videojuegos trate de conversar con él sobre ellos. Entonces, usted tendría la oportunidad de escuchar algo parecido a lo siguiente de parte de aquel: papá (o mamá) ya pude pasar de nivel en mi videojuego favorito.

Y usted a su vez podría decirle: ¿Y, cómo lo lograste? Luego, su hijo le podría responder, por ejemplo: tuve que jugar varias veces, y probar diferentes formas. E inmediatamente le podría preguntar: ¿Y, por qué tuviste que intentar varias veces hasta lograrlo? Su hijo, entonces, podría decirle: porque lograba llegar hasta un punto en el juego, y no podía avenar desde ahí. Inmediatamente, le podría preguntar: ¿Entonces, que hiciste para avanzar?

Su hijo, a continuación, le podría indicar lo siguiente: observé unos videos en Youtube relacionados con mi videojuego en donde pude conseguir ayudas (pistas) para avanzar en mi videojuego. E inmediatamente usted podría pedirle que le demuestra cómo lo hace al jugar ese videojuego. Esto, asimismo, le ayudaría a usted a continuar practicando con su hijo, sin que este posiblemente se haya dado cuenta de lo que habían estado haciendo, esto es, practicar la argumentación, por ejemplo.

Sí, en efecto, como ya se dijo antes, a más del aspecto cognitivo, otros elementos, como se pueden apreciar aunque sea de manera implícita en el ejemplo anterior, como actitudes y emociones también entran en jugo al momento de enseñar a razonar a otros, como que los padres puedan llegar a comprender que las cosas que son valiosas para sus hijos en un momento de sus vidas son diferentes a las cosas que los padres consideran que son valiosas en ese mismo instante de vida. Esto, entonces, les podría ayudar a ellos a relacionarse con sus hijos e hijas y, por ende, podrían enseñarles a razonar, por ejemplo.

Pero, ese sería el principio, pues una vez que se haya podido cuajar una relación favorable con sus hijos, al menos en cierto grado, podrían avanzar juntos con esa misma enseñanza, leyendo un libro, una revista o un periódico, o inclusive viendo videos de otros temas, por ejemplo.

Sí, en efecto, hacer eso no es una tarea fácil. Y se va a poner mucho menos fácil cuando se enteren de que, por lo menos, no sería sencillo, según algunos expertos [5], la transferencia de competencias adquiridas de un contexto a otro. Por ejemplo, si sus hijos lograran ciertas competencias al jugar videojuegos, esto no querría decir necesariamente que así de fácil las podrían utilizar en el aprendizaje de estudios sociales. Pero, quizás como son sus hijos al menos valdría la pena que lo intentara.

Otra oportunidad también podría ser, con el fin de enseñar a los hijos e hijas a razonar, la que tiene que ver con el siguiente caso: mamá (o papá), te comento que el otro día vi un ovni. Y mi amigo Panchito me dijo que los ovnis son extraterrestres que nos están visitando aquí en la Tierra. Siento temor de esos extraterrestres. ¡Qué gran ocasión para enseñar a los vástagos a cuestionar! Por cierto, en este caso parte de una de mis anécdotas podría encajar como anillo al dedo. Un día una persona me dijo lo siguiente: “tú como científico…¿Crees que hayan Ovnis?”. Entonces, le respondí algo por el estilo: si te refieres como ovnis a objetos voladores no identificados, estos no podrían estar necesariamente relacionados con posibles visitantes de otros mundos, pues se podría tratar simplemente de un balón meteorológico, por ejemplo. Además, le comenté que si uno no tiene los ojos entrenados, como los de los astrónomos, entonces uno podría creer ver cualquier cosa. Y él me respondió: “Buen punto. Siempre se aprende algo. Me gustó lo que dijiste sobre que no está relacionado con extraterrestres”. Hasta aquí la anécdota.

Ciertamente, un individuo podría llegar a creer ver cualquier cosa al mirar al cielo, por ejemplo. Desde naves extraterrestres hasta nubes en formas de elefante que anunciarían que está próxima una tormenta con una fuerte lluvia (esto último, a propósito, no es cierto) [6].

Por tanto, una madre y/o un padre podrían aprovechar las siguientes pautas a fin de que su hijo o hija empiecen a aprender a cuestionar las cosas de una manera deliberada, con el fin, por ejemplo, de que él o ella no lleguen a aceptar ciegamente todo lo que les digan ciertas fuentes de información (o inclusive algunas inteligencias artificiales): ¿Qué tu comprendes por ovni? ¿Existe evidencia de vida extraterrestre? Y si es así ¿Cómo sería esa forma de vida? ¿Qué tipo de evidencia es esa? ¿De dónde esa evidencia procede?

Finalmente, me permito citar las palabras de un científico en Cronobiología sobre el tema aquí tratado: “…si queremos una sociedad menos crédula, menos ingenua, debemos proveerla  de las herramientas necesarias para un análisis crítico a una edad más temprana” [7].

   

                                 

[1]Para más información, remítase a Cortassa, Carina (2012). La ciencia ante el público. Dimensiones epistémicas y culturales de la comprensión pública de la ciencia. Argentina: EUDEBA.

 

[2]Para más información, remítase a BBC (2012). ¿Quemamos más calorías cuando nos esforzamos para pensar? Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/06/120618_respuestas_curiosos_junio_23; y a Lareo, L. R (2006). Costo energético de procesos cerebrales con especial énfasis en aprendizaje y memoria. Universitas Scientiarum, 11, 2, 77-84.

 

[3]Para más información, remítase a Morán Carmen (2001). 'Es importante que los jóvenes aprendan a razonar y a discutir'. Disponible en: https://elpais.com/diario/2001/04/02/educacion/986162403_850215.html; Juárez, José e Inzunsa, Santiago (2014). Comprensión y razonamiento de profesores de Matemáticas de bachillerato sobre conceptos estadísticos básicos. Perfiles Educativos, XXXVI, 146, 14-29; y a Fabra, Maria Lluïsa y Argemí, Miquel Domènech (2001). Hablar y escuchar. Relatos de profesor@s y estduaint@s. Barcelona: Ediciones Piadós Ibérica.     

 

[4]Para más información, remítase a Lipman, Matthew, Sharp, A. M y Oscanyan, F. S. (1992). La Filosofía en el aula. Madrid: Ediciones de la Torre; Lipman, Matthew (1998). Pensamiento complejo y educación. Madrid: Ediciones de la Torre; y a Lipman, Matthew (s. f.). Philosophy for children. Montclair State College.

 

[5]Para más información, remítase a Renta Davids, Ana Inés (2013). La transferencia del aprendizaje en contextos de formación para el trabajo y el empleo (Tesis doctoral). Departamento de Pedagogía, Universitat Rovira I Virgili.

 

[6]Para más información, remítase a Dewey, John (1989). Cómo pensamos. La relación entre pensamiento reflexivo y proceso educativo. España: Ediciones Paidós Ibérica S. A.

 

[7]Golombek, Diego (2014). Las neuronas de Dios. Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel. Argentina. Siglo Veintiuno Editores.   

    



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