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Bellini, restaurante giratorio


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10/10/2020


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“Piano Bar . . . adoratorio.” 


 

World Trade Center, aposento,

al que roza el bello viento,

México, Ciudad Bendita,

con su presencia palpita.

 

Elevador, dulce hechizo,

mágico sentir de un piso,

número cuarenta y cinco,

cerca del cielo, me afinco.

 

Ascendiendo, siempre subes,

eso de andar entre nubes,

donde está la recepción,

¡madre mía, que distinción!

 

Decoración elegante,

digna de gente galante,

estando a tan gran altura,

la clase se vuelve pura.

 

Restorán, circunferencia,

de hierro, hormigón, esencia,

de un pivotar serenado

que ronda lo más sagrado.

 

El grosor de sus cristales,

azulados ventanales,

barras grises, bien pintadas,

soleras fuertes, armadas.

 

Maravilla lo bien hecho,

candiles penden del techo,

el estilo es conceptual,

luces de brillo virtual.

 

Rotatorio, fiel destino,

servir con arte, su sino,

el menú internacional,

comer es sensacional.

 

Viandas, postres y manjares,

bebidas, copas, cristales,

la cata se hace infinita,

lontananza veo cerquita.

 

Los meseros, Capitanes,

todos ellos muy galanes,

atienden con seriedad

a clientes, . . . felicidad.

 

Restaurante giratorio,

piano bar, adoratorio

que, a la gloria, dice: ¡hola!,

delicada pirinola.

 

Trompo suave, imperceptible,

dando vueltas, insensibles,

en el valle que es “cazuela”,

la cúspide, te consuela.

 

Se habla de tú con los montes,

los volcanes, horizontes,

con el sol, que da fortuna,

o con la plateada luna.

 

La música, una delicia,

por las noches acaricia,

las estrellas fulgurantes,

las centellas fascinantes.

 

Récords Guinness, califica,

premia, avala, certifica,

más de mil metros cuadrados

al negocio consagrados.

 

Siendo el mayor del mundo,

sobre ese plano profundo,

rotando se halla el Bellini

que, a la cuenca, torna . . . mini.

 

Pequeña, desde lo alto,

el corazón me da un salto,

vértigo que ni se siente,

el recinto te consiente.

 

En ciento cinco minutos

de disfrutes absolutos,

trecientos sesenta grados

a los ojos consagrados.

 

Que siempre cumpla su anhelo,

besar nuestro hermoso cielo,

tener corona por cuño,

la capital en un puño.

 

Tal metrópoli, a sus pies,

todo el tiempo, sin traspié,

la magnífica ciudad,

en su inmensa nimiedad.

 

Word Trade Center, torre azul,

sitio in, refugio cool,

la urbe y Belllini,  . . . dos,

que están cerquita de Dios.

                                                                                                                                           

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda

México, D. F., a 1º de octubre del 2017

Reg. SEP Indautor No. (en trámite)               



Etiquetas:   Poesía   ·   Arquitectura

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