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Repensar el Comercio Internacional: Adecuarnos a un nuevo orden mundial


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04/10/2020


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Preparar el Comercio Exterior para un nuevo orden mundial

Asumiendo que estamos viviendo un reordenamiento del poder mundial, que se ha venido evidenciando en la guerra comercial de EEUU y China, a lo que se ha agregado la complejidad de una pandemia y una profunda recesión mundial, la estrategia de inserción internacional, tal como se ha vivido desde 1995, se comienza a agotar y amerita ser revisada.

Países como Chile, que se sumaron al modelo extractivista global, implementando la desregulación de su mercado, para una apertura irrestricta de su economía interna, con una débil acción fiscalizadora del Estado, provocando numerosas zonas de sacrificio, intolerables para la salud y calidad de vida de la población, enfrentan hoy una dependencia de alto riesgo, que exigirá ajustar las políticas públicas del sector externo.

La búsqueda de un crecimiento económico, sin límites racionales, que significó concentración de la riqueza en una minoría, aceptando reglas que han facilitado una hegemonía corporativista y financiera por sobre los Estados y las economías reales, ha dejado como resultado una profunda asimetría y desigualdad, que ha pauperizado a la gran mayoría de la población mundial.

Como efectos de la pandemia, el modelo de producción globalizado y su logística asociada han debido enfrentar serios problemas. Las cadenas de valor que incorporan distintos actores de diversos países, han sido jaqueadas y difícilmente podrán recomponerse tal como funcionaban antes de la crisis sanitaria global. Es posible que las políticas de producción y de distribución física a nivel global, permanezcan trabadas por largo tiempo. Frente a lo cual, se ha vivido en el último período un salto cualitativo en automatización e inteligencia artificial, que repercutirá profundamente en los procesos de comercio exterior de los distintos países, destacándose como tendencia un crecimiento notorio de las operaciones de comercio electrónico.

En materia monetaria, se percibe un realineamiento de importantes actores, como Rusia, India y China, para interactuar en sus propias monedas, lo que significa debilitar más al dólar y al sistema del FMI y su patrón teórico del DEG, Derecho Especial de Giro. Es altamente probable que en el mediano plazo coexistan en la economía mundial dos sistemas monetarios que compitan por alcanzar preponderancia, en un clima de relaciones económicas con acento en el bilateralismo. Es probable que se vuelva al patrón oro y ello remecerá el sistema articulado por EEUU a partir de la pos segunda guerra mundial.

Para nuestro comercio exterior chileno, que funciona en un ambiente dolarizado, con tablas de conversión del dólar estadounidense a las diferentes monedas que el  Banco Central acepta como divisas o medios de pago, un cambio de este orden actual que hemos aplicado por 50 años, exigirá cambios operativos importantes. El control cambiario requerirá más regulación, restringiendo mantener divisas en el exterior más allá de su simple declaración. Tal vez se requiera fijar plazos de cobertura al exterior o reimplantar el registro de importaciones y exportaciones en alguna gama de productos. En síntesis, la autoridad monetaria deberá atender que el país mantenga respaldos que le permitan interactuar con mayor disciplina de los usuarios en el mercado cambiario. Junto con controlar el aspecto inflación, el Banco Central deberá cuidar que las reservas del país se mantengan en distintas divisas, para poder administrar las coberturas al exterior y los retornos de exportaciones en las divisas que se necesite. El arbitraje de monedas se deberá incorporar en el sector externo para facilitar la contratación de suministros con los distintos bloques económicos que pudieren crearse en un escenario multipolar.

En este mismo orden de ideas, la regulación del mercado cambiario será necesario para asegurar las reservas necesarias para el funcionamiento de la economía, lo que quizás obligue a regular el acceso a los medios de pago, estableciendo prioridades de acuerdo al interés nacional, lo que podría dar pie a la fijación de categorías cambiarias, de acuerdo al destino de las divisas.

Por otra parte, aunque la legislación permite que las ventas para exportación puedan ser monetarizadas o no, la práctica de compraventa internacional en comercio compensado o trueque, no ha estado difundida en la experiencia comercial de los últimos 40 años. Frente a la necesidad de usar las reservas racionalmente, reactivar a nivel latinoamericano el Convenio de Créditos Recíprocos de ALADI, puede ser una alternativa útil para incentivar el comercio regional, con arqueos periódicos de saldos, sin gastar divisas genuinas.

Por lo tanto, el Comercio Exterior de nuestro país se deberá adecuar, incorporando instrumentos de regulación del intercambio que por décadas no se ha usado, para conducir el comercio exterior en tiempos de cambios. El desarrollo del Trueque como modalidad de venta, puede que sea una alternativa necesaria para realizar transacciones no monetarizadas con países del mundo que nos puedan proveer insumos estratégicos o ser destino de nuestros productos y manufacturas.  

A fin de mantener equilibrios en el Balance de Pagos, el país deberá exigir la repatriación de los dineros que personas o empresas mantienen en paraísos fiscales.

En lo que se refiere a Exportaciones, que constituyen por esencia el ingreso genuino de una economía, se debería rediseñar los mecanismos de promoción y fomento productivo, incentivando la exportación de servicios que es funcional a modelos de teletrabajo, procurando el desarrollo de tecnología que pueda ser objeto de servicios transfronterizos.

En una estrategia que apunte a dar valor a nuestras exportaciones, el Estado debiera fijar reglas restrictivas a la exportación de productos primarios, aplicando derechos de exportación que graven la explotación y exportación de recursos no renovables. Esto es altamente sensible en el sector minero y las exportaciones de concentrados minerales. La aplicación de un derecho de exportación, que se aplique al precio FOB debidamente fiscalizado de los concentrados, podría generar ingresos fiscales que puedan, entre otros fines, potenciar la Investigación y Desarrollo de áreas estratégicas, como el cobre y el litio.

Toda la reingeniería que supone esta adecuación del Comercio Exterior, debe ir en paralelo al desarrollo de competencias y facultades fiscalizadoras del Estado, con el objetivo estratégico de aplicar controles efectivos a los precios de exportación, manteniendo una inteligencia comercial en la fiscalización, que erradique las prácticas evasivas o depredadoras de nuestros recursos. En este sentido, para asegurar que la calidad, cantidad y valor de lo que se exporta se haga a valores reales, se deberá colocar sensores en la valoración de las mercancías y los servicios, a fin de neutralizar las prácticas evasivas que perjudiquen al país, en especial, triangulaciones que provocan una fuga de divisas al registrar precios ficticios y no reales. Cuidar que el comercio exterior ocurra a precios de mercado y con contratos de suministro auditables, significa alcanzar un conocimiento profundo de cada sector, lo que desalienta el fraude o el contrabando.

En cuanto a avanzar en un sinceramiento de la economía, se debería eliminar los subsidios a los monocultivos forestales del Decreto 701/1974 que significaría recuperar esos recursos para orientarlos a la generación de sellos de diferenciación agrícola o pecuaria, como lo serían cultivos orgánicos, medición de la huella de agua o de carbono. Lo propio se debe hacer con la cuestionada Ley de Pesca y con el Código de Aguas, lastres de un sistema corrupto intolerable para una economía que debe centrarse en el hombre y la naturaleza.



Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Octubre 04/2020.



Etiquetas:   Políticas Públicas   ·   Comercio Internacional

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