La democracia secuestrada

A la vista de las últimas noticias referentes al cisco electoral y los debates entre los candidatos, todo indica que PP y PSOE anhelan mantener este bipartidismo que convierte la democracia en algo diferente, modernamente denominado partitocracia. Una ficción que pretende hacernos creer a los ciudadanos que vivimos bajo el régimen genuino y auténtico, cuando lo hacemos bajo el régimen quimérico que se esconde tras ese neologismo cuyos pilares principales, básicamente, son: la ausencia de una verdadera separación de poderes con injerencias del poder político en el judicial, la infrarrepresentación de la sociedad civil y la financiación de los partidos políticos mediante fondos públicos. Por si no fuera suficiente blindar ese sistema partitocrático con una injusta ley electoral y el silencio impuesto en los medios a los partidos minoritarios, tampoco desean escuchar y debatir con las demás opciones políticas, algo propio de un sistema democrático y no del resultante tras su degeneración.

 

. Una ficción que pretende hacernos creer a los ciudadanos que vivimos bajo el régimen genuino y auténtico, cuando lo hacemos bajo el régimen quimérico que se esconde tras ese neologismo cuyos pilares principales, básicamente, son: la ausencia de una verdadera separación de poderes con injerencias del poder político en el judicial, la infrarrepresentación de la sociedad civil y la financiación de los partidos políticos mediante fondos públicos. Por si no fuera suficiente blindar ese sistema partitocrático con una injusta ley electoral y el silencio impuesto en los medios a los partidos minoritarios, tampoco desean escuchar y debatir con las demás opciones políticas, algo propio de un sistema democrático y no del resultante tras su degeneración.
Las opciones llamadas minoritarias -a la vista de los resultados electorales que han venido obteniendo- puede que no lo sean tanto si examináramos el pensamiento de la gente, de la calle. No debemos olvidar que los resultados electorales obtenidos por los partidos que no forman parte del sistema bipartidista son el resultado de aplicar al número total de votos el instrumento de ‘procesado’ oportuno, que no es otro sino la ley electoral.

La democracia se encuentra secuestrada por los dos grandes partidos nacionales y los mecanismos legales pero injustos que están a su servicio. Mucha gente, decepcionada y harta de los dimes y diretes y del ‘y tú más’, que monopolizan los esfuerzos de PP y PSOE en detrimento del interés general, hace uso del voto preventivo –en favor de uno o del otro, según el caso- al creer que una tercera vía no va a obtener el respaldo suficiente, no ya para poder gobernar, sino para siquiera conseguir formar grupo parlamentario propio y así ejercer una mayor influencia en las decisiones parlamentarias. Este voto es el del ciudadano resignado que movido por una gran decepción o animadversión hacia una de las opciones políticas principales, decide, con poca o ninguna convicción, otorgar su confianza al que también le ha defraudado y decepcionado, cuando no directamente engañado (no olvidemos tantas promesas electorales incumplidas), por el mero hecho de que su gestión le parece algo menos reprobable.

Esta percepción se ve multiplicada por el efecto bucle que se produce cuando, precisamente por entender que votar a las minorías resulta estéril, el escaso apoyo que obtienen estos partidos se ‘procesa’ por los mecanismos bipartidistas y el resultado es una escasa o nula representación en las instituciones.

Si el sistema electoral permitiese que la representación finalmente adjudicada a los partidos minoritarios fuese un reflejo más fiel, por no decir directo, del apoyo popular que obtienen en las urnas, el ‘efecto secuestro’ iría desapareciendo progresivamente, ya que la gente vería que son aquéllos a quienes han votado los que los representan en las instituciones.

Esto únicamente se consigue estableciendo una circunscripción electoral única para las elecciones generales al Parlamento. Un Parlamento nacional, donde se toman decisiones que afectan al conjunto del Estado, debe estar integrado por los conjuntos de Diputados resultantes de repartir de manera proporcional y directa los escaños según el número de votos obtenidos por cada candidatura en la circunscripción única a la que se pretende representar. Sin ponderación alguna.

Para representaciones territoriales ya contamos con el Senado, donde la representación debe ser también proporcional y directa, tomando, en este caso la provincia como circunscripción electoral.

Todo lo anterior, a su vez, produciría un efecto de descenso del voto preventivo, que no es más que una adulteración de la voluntad de los ciudadanos inducida por un sistema de representación electoral injusto, y que, como tal, ningún bien hace a nuestra ¿democracia?

UNETE



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