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Izquierda y derecha: La metáfora acabada


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30/07/2020


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El origen de lo que llamamos izquierda y derecha se remonta a hace unos siglos. Entendemos estos términos como una metáfora dada, dentro de muchas otras, en la época de la revolución francesa. Para intentar entender el proceso etimológico y evolutivo de los términos es necesario indagar en el origen y posteriormente seguir los cambios a través de la historia. Cualquiera que pueda seguir la genealogía de las ideas políticas de la izquierda y la derecha, sin duda, encontrará el nacimiento en el siglo XVIII. En la segunda mitad de este siglo, con la guerra de independencia de las colonias británicas, se producen una serie de debates que trascienden fronteras. Estos debates pusieron la base para los términos dicotómicos, de hecho, leyendo dichos debates y viendo cómo transcurren los acontecimientos, se puede observar cómo la izquierda y la derecha nacen, precisamente, con las ideas de los debates que se produjeron entre dos personajes influyentes dentro de este siglo. Edmund Burke y Thomas Paine, sus reflexiones y artículos muestran el pensamiento político correspondiente, así Paine representaba al liberalismo clásico en forma de izquierda y Burke al conservadurismo moderado en forma de derecha.


 

Thomas Paine y la izquierda liberal

El liberalismo clásico de Paine construyó en él una devoción por los derechos individuales, poniendo al Estado como guardián de ellos, y como consecuencia odiaba la violación de estos, provocándole una pasión por la justicia del débil que sufre bajo la violencia del fuerte. Bajo estas premisas, Paine defendió la legitimidad de los gobiernos durante la revolución de las colonias británicas y la revolución francesa, pues si todo poder que se ejerce sobre una nación tiene un origen, este sólo podía ser delegado o tomado. Así, todo poder delegado es confianza y legítimo, y todo poder tomado constituye una usurpación ilegítima, pues si el Estado existe para garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos, un Estado que no lo garantice no es digno. Este razonamiento llevó a Paine a defender la revolución como la única herramienta que tiene el pueblo para establecer un nuevo régimen cuando este está demasiado corrupto, entendiendo la revolución como una reversión del régimen para crearlo desde cero de una forma más justa. Sus ideas sobre los privilegios de la aristocracia o de la monarquía corresponde al de muchos otros autores ilustrados como Montesquieu o Rousseau, pues para él, un sistema con estas características era un sistema meramente animal e inadecuado para una política racional, y así fue cómo estuvo defendiendo la elección del gobierno en contra del sistema hereditario. Y como no puede ser de otra forma abogaba por un sistema de pensiones público para los pobres, educación pública gratuita, prestaciones públicas para los padres, mayor representación parlamentaria de las clases bajas, un impuesto progresivo e igualdad de derechos; de hecho, muchas de las ideas que Paine defendía se habían materializado en Estados Unidos y eso fue lo que le llevó a querer imponer la misma libertad y los mismos derechos en Francia.





Edmund Burke y la derecha conservadora

Burke era un Whig inusual del parlamento británico, se diferenciaba de los demás Whig en que lo que más le interesaba, como último fin, no era las tendencias reformistas, que sí interesaban a los demás de su partido, sino el deseo de mantener la estabilidad y unidad de la sociedad. De hecho, él era un defensor de la monarquía, llegando a oponerse a los Whig más radicales que querían introducir principios de supremacía parlamentaria que apuntaba a un Estado republicano. se ve en él un conservadurismo con ideas opuestas a las de Paine, de hecho, se burla de la definición que este da sobre la legitimidad de los gobiernos, pues significaría que todos los gobiernos de la historia habrían sido ilegítimos por no tener comienzos justos y por tanto sería afirmar que el gobierno de Inglaterra, que él defendía, era más de lo mismo. Bajo esta premisa se ve la diferencia principal que hay entre estos dos personajes, pues Burke no le da tanta importancia a los comienzos sociales y políticos de los gobiernos, ya que cree que la legitimidad se desarrolla con el tiempo mediante la reforma, y no en el origen; por lo que rechaza totalmente la idea de las revoluciones. Es así cómo, en la Toma de la Bastilla, aunque sí defiende que el Antiguo Régimen había cometido injusticias, denuncia con más ímpetus la violencia cometida por los revolucionarios. De igual manera denunciaba el asalto a Versalles en el que la muchedumbre atacó al monarca y donde casi matan a la reina, y a la par obviaba la escasez de los alimentos, el alto precio de ellos y la gran falta de derechos que con la monarquía se estaba permitiendo. Por lo tanto, se ve en él una defensa de los privilegios, y no teme en afirmarlo, así es como Burke estaba a favor de la tecnocracia, pues los políticos tenían que ser gente preparada y con estudios, pero a la vez estaba a favor de la herencia monárquica; dicha tecnocracia no deja de ser una forma de aristocracia que no asegura la virtud política de Montesquieu, que se basa en la representación política, y que también Paine defendía. Pero esto no sorprenderá tanto como el férreo pensamiento que este tenía sobre elegir a nuestros gobernantes ya que, para él, el pueblo no tiene derecho a hacerlo.

 

Izquierda y derecha de origen en la revolución francesa

La izquierda y la derecha, como términos, tienen fecha de creación en 1789, con la revolución francesa. Es a mediados de ese año donde, en la Asamblea Nacional francesa, un diputado pone a debate la cuestión del veto del rey. El derecho a veto del rey corresponde al derecho de, según el tipo de veto (absoluto, suspensivo, parcial…), poder impedir la promulgación de una ley. Los que estaban a favor de que la soberanía pasase a la nación, sin que el rey tuviera poder sobre las leyes, se pusieron a la izquierda del presidente de la asamblea, y los que estaban a favor de que el rey mantuviera el veto absoluto se pusieron a la derecha. Frente a esta relación binaria hay que aclarar que, entre un lado y el otro de la asamblea, estaba el centro. Este centro representa la moderación de los dos extremos, así estos defendían el veto suspensivo, siendo este una clase de veto pero sin tanto poder como el veto absoluto. Las ideas básicas a los que los términos hacen referencia, sin contar el centro, son a las ideas correspondientes de Burke y Paine.

Lo que la izquierda hizo al oponerse al Antiguo Régimen no sólo fue querer acabar con un modelo de Estado e imponer otro, pues ya Montesquieu nos enseñó cómo una república puede ser igual de ilegítima que una monarquía absoluta, sino dar libertad al pueblo, por lo menos en la teoría. Esta búsqueda por la libertad de Francia hizo que se creasen unos derechos, entendidos como universales y que, de ellos, Paine catalogaba como “derechos naturales”. Estos derechos universales, que fueron aprobados por la asamblea y que los franceses se dieron así mismo, fueron escritos en un documento llamado: “Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano”, cuya trascendencia fue tan grande que parte de esos derechos son los famosos derechos humanos que recoge la ONU. La visión de la derecha no podía ser de otra forma que opuesta respecto a esto pues, para el pensamiento burkeniano, la elección (darse así mismo las leyes) no podría estar sujeta a la imaginación de una nación; Es así como Burke recelaba del consentimiento que un votante deposita en su representante, pues este consentimiento no podía definir un régimen, ya que la receta pura donde los representantes estaban sujetos para servir a los ciudadanos, entendida también como democracia, le parecía un desastre.

Junto con la igualdad de derechos de la izquierda, se provocó una unión del pueblo francés, pues los llamados tres Estados (Nobleza, clero y estado llano) que realmente correspondían a clases sociales, se unificaron en un solo término: “ciudadanos”. seguido de esto, apareció también la nación política, cuya estructura era una metamorfosis del Antiguo Régimen que termina por unir como franceses a bretones, galos, etc… que antes habían estado divididos como naciones étnicas. Como contraparte a estos procesos de unión e igualdad se opuso la derecha fuldense, cuyo objetivo era que continuara la monarquía y las diferencias de clases, o la derecha girondina, que querían hacer de Francia una federación para dividir más a la sociedad francesa y continuar con la monarquía; En cualquier caso, la derecha de la revolución francesa seguía la corriente burkeniana pues no le gustaba los cambios, no porque acabar con el Antiguo Régimen fuera acabar con los privilegios de los que muchos gozaban sino porque provocar una revolución cortaría los vínculos de la sociedad con el mundo de la política, haciendo así a su suerte el devenir de la nación, pues después de la revolución nadie sabía qué iba a pasar. También tenían muy en mente el pasado, pues lo que se nos había dado tenía que ser cuidado y preservado, entre ellos el Antiguo Régimen; contraria sería la visión de la izquierda pues cada tiempo (pasado-presente-futuro) tiene derecho a ejercer sus propios juicios políticos en su momento, así el pasado habría tenido oportunidad de ejercer su derecho igual que lo tiene el presente, por lo que se nos haya dado, si es ilegítimo, no tiene porqué ser preservado.

Se ve en la dicotomía de izquierda y derecha una especie de Cristo y Anticristo, de hecho, en la relación con los términos hay mucho sentido religioso. Por ejemplo, la fraternidad, que reconoce a todos los miembros de la misma especie y que la izquierda francesa mostraba, no era más que un principio teológico que utilizaban los fundamentalistas islámicos o cristianos para referirse a los hermanos de Cristo o los hermanos musulmanes; pero no era la única relación que los términos tuvieron con la religión, pues la metáfora, desde el comienzo, ha estado envuelta en un oscurantismo. Para la iglesia, la izquierda, era vista como algo demoníaco por sus ideas de la razón humana, pues era notable el ateísmo que estos revolucionarios mostraban. Y para los revolucionarios, la derecha era vista como los infames, sediciosos y perversos hombres que buscaban imponer sus privilegios ante los demás ciudadanos. El mal y el bien ha sido algo que han compartido los dos términos y que, desde el origen, ha llegado hasta nuestro tiempo.

Es también en el comienzo de los términos cuando se ve el pensamiento painesiano de la izquierda francesa que repercutirá en todas las demás izquierdas definidas políticamente, pues aquí tiene el proceso de racionalización. Este proceso busca guiarse por la razón en posición de una irracionalización que esta derecha le otorga al Antiguo Régimen por estar basado en el trono por derecho divino.

 

Las izquierdas y las derechas como definiciones no unívocas

El origen de la izquierda y la derecha nos da una base sólida en la cual podemos entender los términos y con ello la metáfora, pero cuando la definición política de dichos términos no es unívoca ni lineal, nos encontramos con la ardía y complicada cuestión de intentar definirlos aun conociendo los comienzos; esto no quiere decir que no tengan relación, pues el origen de los términos es tratado como base para entender las demás.

Al no ser los términos unívocos quiere decir que no han tenido siempre la misma analogía, pues izquierda y derecha son una variante de la historia cuyo contexto social los ha definido; es por ello que, sobre estos términos, no se debería de hablar en singular, pues no habría una sola izquierda ni derecha, sino en plural, pues el paradigma variaría entre el filosófico, político, religioso, sociológico... que a lo largo del siglo XVIII en adelante se ha dado, no siendo todas las izquierdas iguales ni válidas. Así, Gustavo Bueno solía “burlarse” de aquellas personas cuya definición de su ideología consistía en “soy de derecha de toda la vida” o “soy de izquierda de toda la vida”, pues como exposición de los ideales de cada uno es errónea.

La definición de la izquierda en su genealogía por criterios sociológicos inseparables como el socialismo, liberalismo, comunismo, etc… conlleva toparse con errores que no definen el significado ontológico del término, pues las concepciones para la derecha también existen en estas categorías (derecha comunista, derecha socialista, derecha liberal). Tampoco podría definirse por progresista, pues las llamadas “derechas democráticas” son también progresista en tanto que están a favor de la democracia, es decir, justamente de lo que estaban a favor los liberales ilustrados de la izquierda francesa; es también maniqueo el término “progresismo” pues como progreso se pueden entender muchos sucesos, así Franco hubiera sido un dictador de derecha socialista que en la segunda mitad del franquismo provocó desarrollos importantes en España, siendo objetivamente progresista y socialista. Nos encontramos con que la izquierda política – y aquí hay que diferenciar esta de las sociológicas, psicológicas, religiosas, etc… debido a que el término político tiene influencia en el Estado como proyecto y así pueden ser definidas – se compone de generaciones. Todas estas generaciones definidas de la izquierda no sólo son la negación de la derecha sino también la negación de otras generaciones de la misma izquierda, así la izquierda jacobina de la revolución francesa con principios liberales que abogaba por controlar el Estado desde la nación rompe con la izquierda anarquista que desea acabar con el Estado, pero esta izquierda anarquista tiene subgéneros que se contraponen también; es por ello imposible definir una única izquierda por los criterios sociológicos anteriormente dichos, por la heterogeneidad del sentido de los términos, pero sí se puede definir la izquierda con criterios ontológicos.

Estas izquierdas definidas son generaciones que suceden históricamente a partir de la izquierda jacobina de la revolución francesa, así tendríamos una fila de izquierdas definidas: izquierda liberal, izquierda anarquista o libertaria, izquierda socialdemócrata o socialista, izquierda comunista, izquierda maoísta. Cada una tiene una visión del Estado y de su organización de modo diferente, viendo por ejemplo cómo la izquierda socialdemócrata tiene como proyecto tener un Estado del bienestar o cómo la izquierda comunista tiene como proyecto la dictadura del proletariado. La forma en la que verdaderamente se definen de forma ontológica estas izquierdas, y por tanto a la izquierda, se basa en el proceso de racionalización revolucionario, apareciendo de nuevo el pensamiento painesiano acerca de la revolución. De esta forma, con la revolución se establece un nuevo orden con el objetivo de establecer una configuración política estable basada en los ciudadanos; dichas revoluciones no tienen porqué ser con armas pues podrían ser pacíficas, pero sí necesitan ir acompañadas del Estado. Es en este sentido revolucionario, a través de la razón, el que define a una izquierda.

Por otra parte, están las izquierdas indefinidas, estas izquierdas no tienen una propuesta de Estado y son los residuos de los proyectos fallidos de las izquierdas políticas. Se hacen llamar de izquierda por analogía con semejanzas o por atribución, es decir, son izquierdas porque desde un punto de vista emic (punto de vista desde el propio agente) se consideran así mismo de ello, pero desde un punto de vista etic (punto de vista de quien observa desde fuera) no son realmente izquierdas definidas. Movimientos como podría ser el veganismo, antiglobalización, anticultura, ONGs, movimientos en busca de la pureza, movimientos en busca de los DDHH… Son movimientos culturales o éticos pero no políticos. De hecho, a estas izquierdas le horroriza el concepto de patria y nación abogando más por “los pueblos”, justamente contraria a toda izquierda definida y quedando así expresado cómo la búsqueda de una causa justa no hace a nadie de izquierda. Ejemplos de esta izquierda indefinida podría ser cómo algunas universidades de Estados Unidos donde existen los espacios seguros, siendo catalogadas como guarderías para veinteañeros por Santiago Armesilla, están diseñadas para que el estudiante no escuche mensajes opresores.

 

La cuestión de la derecha es algo distinta a la izquierda, pues dicha izquierda ha tenido diferentes proyectos que como criterios ontológicos para definirlos ha sido el racionalismo revolucionario, lo que hace que la izquierda no pueda ser per se la de la revolución francesa, haciendo que haya una pluralidad estructural de diferentes generaciones pero todas compartiendo los mismos criterios; por el contrario, la derecha no puede tener generaciones porque no ha tenido más proyecto que el del Antiguo Régimen. Ahora bien, hablar del Antiguo Régimen en la actualidad sería equívoco, porque nadie querría una forma de Estado absoluto, ni si quiera los que están a favor de la monarquía, pues estos defenderían la monarquía constitucional con separación de poderes. Para hablar de la genealogía de la derecha se habla de modulaciones, así la idea de derecha sólo sería una, estructuralmente hablando, pero con diferentes formas de mostrarse y los criterios ontológicos para definirla tendría que ver con la reproducción del Antiguo Régimen respecto al mantenimiento del poder. El franquismo era una representación de mantenimiento de poder del Antiguo Régimen.

Esta representación no sólo se da en dictaduras, por ejemplo, se da también en autocracias o aristocracias, pues el poder político está reducido a un grupo de personas.  Algunas derechas como la de los serviles de las cortes de Cádiz sí se asemejaban más a un modelo canónico de Antiguo Régimen, pues fueron ellos los que, junto a los liberales, lucharon contra Napoleón cuando este quería invadir el trono en España. Estos serviles lucharon para defender la monarquía instaurada, preservando el orden eterno de Burke y haciendo su relación con el Antiguo Régimen más consistente; pero tras los años esa ambición se ha desdibujado y desde la mitad del siglo XX, con el auge de las democracias, se ha perdido. Realmente, la derecha que busca un régimen con libertad política no sería catalogada como derecha, de esto viene que en Estados Unidos la dicotomía se haga entre el partido republicano y demócrata, sin llamarse izquierdas o derechas, pues la libertad del país ha hecho que la dicotomía antigua deje de tener sentido. Esta derecha también se caracteriza por ir en contra del racionuniversalismo que ha tenido la izquierda definida, así se podría ver el ejemplo del fascismo pues como corriente creada bajo un etnicismo lo hace irracional, haciendo de cualquier corriente llamada como izquierda que sea nacionalista u racista lo mismo.

Así el término no estaría envuelto en un paradigma explícito de sólo querer una monarquía absoluta sino en preservar un régimen de poder en el cual haya privilegios políticos respecto de unos a otros cuya similitud tuviera con el Antiguo Régimen. Estos regímenes de poder donde la derecha está presente no tiene porqué ser dictaduras, como ya dije, y se representaría en España con la Constitución de 1978 pues es el claro ejemplo que no hemos roto con el Antiguo Régimen, con el franquismo.

 

La metáfora acabada

Pareciera irónico que quisiese acabar con el mito de la metáfora de izquierda y derecha pero haya defendido el artículo usando los mismos términos, pero esto no es más que la necesidad de jugar en la misma dialéctica.

Como se ha visto, la izquierda y la derecha no existen en un sentido unívoco, sino que existen las izquierdas y las derechas. En la búsqueda de qué definen a cada una se ha visto el proceso de racionalización revolucionario (izquierda) y la conservación de un Antiguo Régimen que puede tornarse de varias formas (derecha). Estos criterios ontológicos definen los términos en plural, haciendo ver que definir la izquierda por comunismo o socialismo, como si de una idea lineal se tratase, es erróneo; de la misma forma sería erróneo definir a la derecha por ser monárquicos, absolutistas, etc… Se ha visto también la inutilidad de la metáfora en cómo no sirve realmente para definir las diferentes corrientes, pues podríamos decir que el socialismo, por poner un ejemplo, es tanto de izquierda como derecha, siendo este término algo secuestrado por la izquierda, haciéndonos imposible saber con exactitud, jugando con la dialéctica dicotómica, si se refiere a un u otro término; pues lo que es de izquierda es de derecha también.

Automáticamente, cuando alguien dice “soy de izquierda/derecha”, salta la pregunta: “¿De qué corriente?”. Por ello, el sujeto “izquierda” o “derecha” no sirve como respuesta definitoria de nuestro pensamiento o ideas. Es un término vacío que, como dijo Tocqueville, dejó de existir cuando dejó de existir la Francia revolucionaria; a pesar de ello, los términos no se utilizaron en ese periodo revolucionario.

El tiempo en el que una metáfora es eficiente es algo tasado, pues lo que en un momento histórico determinado significa algo pasa a significar algo distinto en otro. Así, una metáfora muere cuando la naturaleza metafórica es ajena a la conciencia de quien la utiliza – es decir, que el significado de origen no tiene nada que ver con el dado, así se llaman de izquierda los nacionalismos catalanes y son tratados como tal – pues aquella persona que no sepa contrastar su interpretación de los términos con otros posible, queriendo decir que para él está unívocamente determinado dichos términos, aparece la muerte de la metáfora, pues el carácter metafórico aparece como diluido en el tiempo. La utilización última que se le da a los términos ya no tendría que ver con unas ideas u otras sino como utilización partidista. Así sería cómo Hitler, con el nazismo, siempre se quiso ver de izquierda pues sería esta la única manera para justificar su acto en el exterior, tanto era así que para él primero iba la raza y luego las clases, a pesar de haberse opuesto al comunismo. Estos términos han servido para controlar a las masas indiscutiblemente, así los partidos de masas que nacieron en la república de Weimar, llamándose de izquierdas porque eran socialistas, intentaron unir a cuanta más gente posible mejor para llegar a gobernar y en nombre de esa izquierda justificaban acabar con la democracia formal de un gobierno para implantar una democracia material – la cual consistía en delimitar el igual acceso al voto para llegar al poder cuanto antes e iniciar el cambio hacía una igualdad económica y social – Como términos inservibles conlleva la superación de los mismos en un proceso definitorio más justo y entendible.

 

 



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