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"La educación intercultural. Una metodología a compartir; desde el aula a los entornos próximos"


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10/03/2011

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Introducción


Antes de iniciar el desarrollo conceptual de nuestra exposición queremos dejar clara la importancia que le concedemos a establecer como punto de partida un concepto de cultura lo más preciso posible. Realmente, una gran mayoría de la producción científica sobre interculturalidad y multiculturalidad ha sido generada en el ámbito educativo y con el mismo destino. Esta circunstancia ha propiciado construcciones tipológicas en las que se han desarrollado modelos de gestión de la diversidad cultural, basados en la nacionalidad y, otras veces, en la religión, reduciendo al mínimo la complejidad de las culturas.

Hay términos que pueden encubrir una transformación continua con ritmo variable, llegando a convertirse en signos . Evidentemente el término cultura se ajusta a tal situación. Basta únicamente considerar el elevado número de definiciones que pretenden explicarla y el número de disciplinas científicas que se interesan en ella y a las que afecta. Del mismo modo, durante su itinerario a través del tiempo va asumiendo significados provisionales y generalmente siempre está a punto de cambiar hacia algo nuevo.

Se considera que la definición de cultura más completa es la de Mundiacult de 1982 y que desde entonces prácticamente no se ha avanzado. No obstante, las últimas líneas de pensamiento, que vienen a coincidir con el proceso acelerado de globalización y con el desarrollo de la sociedad de la información o del conocimiento, nos plantean la cultura de una manera distinta, no como sustantivo sino más bien a modo de adjetivo. Nos referiremos pues a lo cultural referido a:

“…..diferencias, contrastes y comparaciones, pensándola menos como una propiedad de los individuos y de los grupos y más como un recurso heurístico que podemos usar para hablar de la diferencia, es decir, como el subconjunto de diferencias que fueron seleccionadas y movilizadas para articular las fronteras de la diferencia” (Appadurai 2001)

Así pues, en vez de hablar de cultura como sistema de significados, hablaremos de lo cultural como el choque de significados en las fronteras, como algo que sucede en zonas de conflicto, con interpretaciones locales y con una clara vocación política, en la medida en que establece los modos de relación, y las alianzas, negociaciones o enfrentamientos. Es la cultura pública que tiene coherencia textual, pero diferentes interpretaciones.

En una línea similar encontramos las propuestas de Zygmunt Bauman (2002) que defiende un concepto de cultura como matriz, es decir, como estructura básica de elección con infinitas posibilidades.

“El factor más prominente de la vida contemporánea es la variedad cultural de las sociedades, más que la variedad de culturas en la sociedad: aceptar o rechazar una forma cultural no es más que un trato puntual, no requiere aceptar o rechazar todo el inventario existente ni implica una “conversión cultural”. Y tal vez siempre haya sido así. Pero incluso si, en algún momento, las culturas fueron sistemas completos en el que cada unidad era crucial e indispensable para la supervivencia de todas las otras, es casi seguro que lo han dejado de ser”.

Estructuras Conceptuales

Una de las actuaciones más urgentes que los investigadores de la interculturalidad deben acometer es la clarificación terminológica de los conceptos sobre los que se trabaja. Multiculturalidad e interculturalidad son elementos que se han incorporado al discurso de múltiples disciplinas y son de uso corriente en el lenguaje de los más variados agentes sociales: políticos, trabajadores sociales, medios de comunicación, educadores, etc. Y parece suficientemente claro que no siempre entendemos lo mismo. Esa es la razón que nos lleva a hacer explícita nuestra conceptualización, fundamentalmente en lo referente a interculturalidad, ya que constituye la base de nuestra exposición.

. Multiculturalidad

Realidad social, descripción de la sociedad que está compuesta por distintos grupos que interpretan lo cultural de forma diferente como consecuencia de su diversidad en cualquiera de las múltiples facetas que conforman lo cultural.

Multiculturalismo

Entendemos que podemos acercarnos a su concepto desde dos planos: 1) como respuesta institucional a la multiculturalidad, designando, en este caso, las políticas de atención a las minorías desarrolladas fundamentalmente en los países anglosajones. Y 2) como doctrina que respalda la concesión de derechos diferenciados a las minorías culturales.

Interculturalidad

Metodología, conjunto de procedimientos que orienten lo cultural, basados en el diálogo, la autocrítica y la heterocrítica, la alteridad, la reciprocidad, la cooperación y la solidaridad como superación de la tolerancia.

Intentaremos profundizar someramente en este concepto. El común denominador de la mayoría de los trabajos que abordan una definición de interculturalidad viene definido por la relación entre culturas, ahora bien las condiciones en que debe producirse la relación varían. En unos casos se plantea que la relación debe ser horizontal, en otros se menciona el respeto o el diálogo, igualmente se plantea la comprensión, la simetría, etc.

En nuestra opinión consideramos necesario que las relaciones entre culturas reúnan todos los condicionantes a los que hemos hecho mención para que la metodología que proponemos sea efectiva. Resulta especialmente relevante la consideración de la solidaridad. Tolerancia, siguiendo a autores como Bauman, Dussel, Jabés o Tenembaum, puede significar despreocupación e indiferencia:

“Ser benévolo y la tolerancia para la cual representa el símbolo de conducta y de expresión bien puede significar indiferencia y despreocupación derivadas de la resignación (…): el Otro no va a ir y no se va a volver como yo, pero no tengo manera (en este momento por lo menos, o en un futuro previsible) de obligarlo a irse o a cambiar. Como estamos condenados a compartir tiempo y espacio, hagamos soportable y un poco menos peligrosa nuestra coexistencia. Espero que mi oferta de reciprocidad sea aceptada; esa esperanza es mi única arma” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).

Incluso podemos llegar algo más lejos, tolerar puede implicar la convicción, en quien tolera, de que la persona, el grupo o la conducta tolerada implica algo defectuoso, imperfecto, que no se ajusta a los valores y creencias propias. El concepto de tolerancia implica, igualmente, la certeza de que es posible distinguir lo correcto de lo incorrecto y, por ello, genera visiones opuestas. La tolerancia niega a los otros, a los extraños, posiciones equiparables en la sociedad. Las implicaciones de la palabra son subconscientes y no enunciadas: estamos separados y no somos iguales. Por consiguiente, antes que generar solidaridad, el concepto de tolerancia la proscribe al impedir la igualdad, y al hacerlo así promueve una relación de dominante y dominado.

Sólo sintiéndonos solidarios y corresponsables de nuestro futuro compartido, podemos construir de forma inequívoca una sociedad multicultural que no presente los problemas actuales:

“Mi nexo con el extraño se revela como responsabilidad; más que la neutralidad indiferente o incluso la aceptación cognitiva de la similaridad de condición (y ciertamente no mediante la desdeñosa versión de la tolerancia: le funciona ser como es, y hay que dejarlo ser, aunque no me imagino siendo así. Se revela, en otras palabras, como comunidad de destino, y no simple semejanza de sino. A un sino compartido le es suficiente con la tolerancia mutua; un destino conjunto requiere solidaridad” (Bauman 2007 en “Las contradicciones culturales de la modernidad”).

Las prácticas interculturales en los centros educativos

Pese a la clara existencia de la diversidad en España, las tendencias homogeneizadoras mantuvieron la ficción de la cultura única y no se iniciaron prácticas interculturales en nuestros centros, hasta la llegada de inmigrantes ajenos a la cultura hegemónica occidental. Del mismo modo, la visión de los medios de comunicación centra la multiculturalidad en ese mismo parámetro.

Si a esta realidad unimos la escasa atención que se prestó a la conceptualización sobre cultura, nos encontramos con unas actuaciones dominadas por una visión estática de la cultura y que, en la mayoría de los casos, no conseguían otra cosa que potenciar criterios asimilacionistas.

Necesitamos, por tanto, desarrollar propuestas educativas, que respondan a la realidad multicultural de nuestra sociedad:

“Nuestras sociedades son multiculturales, pluriétnicas, con múltiples realidades y relaciones desde perspectivas de género, de religión, nacionalismos, diversidad física, psíquica o sensorial, etc. Pero la realidad es que la política social, y especialmente las políticas educativas, si bien últimamente parecen haber asumido nominativamente un discurso intercultural, no han apostado realmente por una educación intercultural que no sólo relaciona la educación con las diferencias culturales, sino que establezca ese fenómeno social que conlleva la multiculturalidad como eje principal e imprescindible para construir una educación pública y de calidad” (Vila Merino 2005).

Vivimos todavía un momento de confusión, sin una política clara que oriente la gestión de la diversidad por parte de las administraciones competentes en materia de educación, sin afrontar las necesidades formativas específicas del profesorado, la interculturalidad se desliza entre las acciones plenas de fuerza pero individuales de los docentes. En este contexto se incorpora nuestra propuesta, queriendo integrarse en las líneas programáticas de la teoría crítica del curriculum, del mismo el eje central gira alrededor del diálogo y la diversidad, se construye de forma cooperativa y democrática y aspira a la emancipación.

Existen bastantes modelos de educación multicultural y no tenemos posibilidad de hacerlos presentes en este trabajo, pero es evidente que nuestra propuesta metodológica acompaña a los enfoques de cambio social que generan una nueva sociedad de la mano de una actuación que incluya todos los ámbitos sociales y no sólo el educativo.

Por tanto, la metodología que proponemos para las intervenciones interculturales, pretende lograr que los individuos participantes y beneficiados de tales intervenciones puedan desarrollar competencias en múltiples sistemas de diferencias, contrates y comparaciones, es decir en múltiples lecturas de lo cultural.

Prácticas en entornos próximos

Como ya hemos comentado, nuestra apuesta por el enfoque de cambio social implica actuaciones en todos los ámbitos sociales y, por supuesto, en los entornos próximos.

La importancia de los contextos de desarrollo en los aprendizajes y el papel del resto de los actores que conviven en los entornos próximos mediatizan el resultado final del proceso de aprendizaje. Por tanto, la intervención intercultural debe hacerse notar en esos entornos próximos como muestra de la convivencia compartida y el mutuo respeto

Bibliografía

Appadurai, Arjun. 2001. “La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización” México. Trilce.

Bell, D.; Bellah R.N., Walzer, M., Ikegami, E., Eisenstadt, S.N., Wittrock, B., Koselleck, R. y otros. 2007. “Las contradicciones culturales de la modernidad”. Barcelona. Anthropos.

Bauman, Zygmunt. 2002. “La cultura como praxis” Barcelona. Paidos

García Canclini, Nestor.2004. “Diferentes, Desiguales y Desconectados” Barcelona. Gedisa.

Jabés, Edmond. 1989. “Un étranger avec, sous le bras, un libre de petit format” Paris. Gallimard.

Perrenoud, P. 2004. “Diez nuevas competencias para enseñar”. Barcelona. Graó.

Quintana Cabanas, J.M. 2005. “Pacifismo, Cultura Social e Interculturalidad. Perspectivas desde la educación”. Barcelona. PPU s.a.

Soriano, Ramón. 2004 “Interculturalismo. Entre liberalismo y comunitarismo”. Córdoba. Almuzara

Vila Merino, Eduardo S. 2005. “Ética, Interculturalidad y Educación Democrática. Hacia una Pedagogía de la Alteridad”. Huelva. Hergue

Etiquetas:   Educación

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