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la soledad de la muerte


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26/07/2020

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Mi intención al escribir estas palabras y compartirlas con ustedes, no es generar polémica, ofender, ni mucho menos hacer sentir que invado sus pensamientos, lo hago y lo seguiré haciendo con la venia de Dios, por convicción, por qué me nace, porque quiero expresar mi opinión muy personal sobre múltiples temas de la vida cotidiana en esta hermosa Colombia.


Hoy es uno de esos días en los cuales se vive la vida con un sin sabor, días que parecen una montaña rusa de emociones, todo esto debido a la pandemia que está atravesando el mundo y en especial nuestra querida Colombia. Vemos a diario como los medios masivos de información nos bombardean con artículos, notas, información general de esta situación, como la información que nos llega de todos lados (sean formales o informales) como cadenas de whatsapp, la conversación con algún familiar, compañero de trabajo, vecino o amigo, nos ha llevado a un estado de alerta y estrés sin igual.

Mientras lo anterior sucede en el día a día en cada uno de los rincones de nuestra Colombia,  el gobierno en cabeza del señor presidente Iván Duque Márquez, en el justo momento en que los hogares los invade el olor al mejor café del mundo y en el cual muchos nos sentamos a atender las palabras del señor presidente mientras compartimos o nos disponemos a preparar la última comida del día, escuchamos atentamente las cifras diarias que a su paso voraz va dejando la pandemia en Colombia. Vemos números, estadísticas, cuadros, comparaciones internas y externas con países que sufren el mismo flagelo que nosotros, el señor presidente nos da todos los días un parte de tranquilidad o con su tono de voz de joven universitario lleno de energías y con énfasis en su rostro, cuando en ocasiones es necesario uno que otro llamado de atención.

Llevamos alrededor de 120 días en una cuarentena que ha tenido múltiples nombres, nombres que van cambiando de acuerdo a las diferentes medidas que se van tomando para mitigar el impacto de la misma, medidas que hoy nos dejan con 240.795 colombianos contagiados, 119.667 recuperados gracias a DIOS, pero la cifra triste y más real de todas, en la cual me quiero enfocar y la que da título a esta columna, un número que representa la realidad más dura, 8.269 muertes, colombianos, personas que tenían una familia, hijos, esposos, padres que han fallecido a causa del covid.

Colombianos con un nombre, un número de identificación, con un rostro, una historia, unos sueños, una vida llena de sentimientos, metas, acciones, entre otras muchas cosas, este virus nos ha arrebatado la vida y con ello la humanidad, la posibilidad de acompañar a nuestras familias y amigos en los momentos más difíciles que se pueden atravesar a lo largo de nuestra existencia.

Hoy quiero tomar con respeto y como ejemplo de lo inhumano que es la situación que estamos cursando, a una persona llena de vida, de amor por su familia, un colombiano que todos los días se levantaba detrás de un volante a conseguir el sustento de su familia, día y noche a trabajar para poder vivir, para poder brindar un mejor futuro, para sus hijos, y con todo el sacrifico ir poco a poco escribiendo un legado, forjando su futuro, escribiendo su historia, fabricando con sacrificio y buen ejemplo su trasegar, una persona que por desgracia y por voluntad de Dios ya no nos acompaña, el covid le arrebató la vida y con ello le arrebata a una familia su ingreso, a una esposa a su compañero, a unos hijos a su padre, a unos padres a su hijo, a unos amigos un gran ser humano.

Esta es la realidad que nos muestra la vida, la realidad para que no estábamos preparados, pero la humanidad está llamada a disponerse de la mano de Dios para avanzar, salir de esta lúgubre noche que estamos cursando, esto nos lleva a replantear la forma en la que vemos la vida y como hemos percibido esta pandemia, y lo escrito es para hacer un llamado enérgico al humanismo que hemos perdido con el paso del tiempo.

Hoy estamos llamados a darle nombre a esta pandemia, a que los muertos y sus familias no sean más una estadística, ni un número de referencia para poder resaltar los logros o los errores del cómo enfrentamos esta amenaza que apunta acabar con la humanidad, por respeto a las víctimas y sus familias hoy más que nunca debemos humanizar la muerte, evitar esta soledad de la muerte, tratar de que la muerte de las víctimas del covid tenga un rasgo de respeto y empatía.

En este día más que nunca como país estamos llamados a unirnos todos y juntos celebrar la vida, pero también juntos como hermanos que somos rendir homenaje nombre por nombre a los muertos que nos deja esta enfermedad, demanda hacerlo por su dignidad, por respeto, por amor, por homenaje pero, sobre todo porque al darle una cara a la muerte, dejaremos de morir en soledad y en silencio, para anunciarle al mundo y a Dios que va un ser que lleva consigo el legado y los sentimientos de sus familia.

Hamilton Javier Borelly Simonds



Etiquetas:   Salud   ·   Colombia   ·   Coronavirus

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