Cuando ayer Pedro Sánchez en su intervención en el Pleno del Congreso en el que se iba a aprobar la sexta prórroga del Estado de Alarma, en tono desafiante soltó “yo lo digo alto y claro: ¡Viva el 8 de marzo!", supongo que pretendía demostrar su nula preocupación por las responsabilidades que contrajo su gobierno cuando autorizó, a través del Delegado del Gobierno en Madrid, la manifestación del 8 M. Una decisión que realmente define el paradigma que conforma la actuación de su gobierno ante la epidemia del coronavirus: Irresponsabilidad, falta de previsión e ineptitud.




