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En el centenario de don Benito Pérez Galdós. La de los tristes destinos I


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18/05/2020

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1. Ascendencia






La de los tristes destinos es el último episodio de la cuarta serie, la era isabelina, de los Episodios nacionales. Está firmado por don Benito Pérez Galdós en Madrid en 1907. Tenía Galdós en aquel momento 64 años.





La de los tristes destinos cuenta el destronamiento de Isabel II, la llegada al poder de Prim, y, sobre todo, los amores de Santiago Ibero y de Teresa Villaescusa. Sin olvidar la participación de Ibero en varios levantamientos a favor de Prim.





Cuando Galdós termina La de los tristes destinos, los Episodios nacionales están formados ya por cuarenta novelas. Todavía había de escribir seis más. Algunos de los personajes ya habían pasado de unos episodios a otros; y algunos de los Episodios a otras novelas, como es el caso de Elena Cordero, hija de don Benigno Cordero y de doña Robustiana Toros de Guisando de Cordero, que pasará a Fortunata y Jacinta, aunque con el nombre cambiado. En la novela se llama Isabel, se casa con un tal Gumersindo Arnaíz, y de esta unión nacerán 17 hijos, Jacinta entre ellos.1 Nada se nos dice de Angelito Seudoquis, el antiguo novio de Elena, convertida ahora en Isabel. Los ejemplos se pueden multiplicar.





El protagonista de La de los tristes destinos es Santiago Ibero. Santiago Ibero es hijo de Santiago Ibero y de Gracia de Castro-Amézaga. Estos personajes pertenecen a la tercera serie, como también los padres de la novia que persigue Ibero sin dar con ella: ha sido encerrada en un convento.





Santiago Ibero lucha y conspira a favor de la libertad. En aquellos momentos, la novela está ambientada en 1866, eso equivalía a estar a favor de Prim y en contra de la reina y de su nefasta camarilla. Cuando aparece en los Episodios, Ibero tiene 18 años. Santiago Ibero huye de casa del canónigo Tadeo Baranda, párroco de Nájera, en donde está restableciéndose, con el ánimo de incorporarse a las tropas de Prim, que va a partir hacia México.2 No consigue incorporarse al ejército, pero Ibero sufre toda una serie de avatares y aventuras, una de las cuales lo llevará a conocer a Teresa Villaescusa. Teresa, ya en plena decadencia, se enamora de Santiago.3





Don Benito, al parecer, no llevaba un fichero de sus personajes con sus nombres y apellidos y fechas de nacimiento. Bien es verdad que no mata a ninguno para volverlo a la vida poco después y meterlo en otra batalla. Pero no es muy escrupuloso con las fechas, y olvida personas o personajes cuando le interesa. Ya lo hemos visto en el caso de Elena-Isabel Cordero, enamorada de Ángel Seudoquis en El terror de 1824, y casada, a los 32 años, y había de traer 17 hijos al mundo, con Gumersindo Arraíz.





Algo similar sucede con Teresa Villaescusa. Su padre, el coronel Villaescusa, aparece en O'Donnell, episodio que pertenece a la cuarta serie. Está ambientado en 1854. El coronel Villaescusa está enfermo de cáncer, y no tiene muy buena opinión de su mujer, Manuela Pez, ni de su hija. Cuando llega a casa, esperando encontrar un cierto alivio en ellas, le anuncia la criada que “la señora y la señorita no están.”





“-¿Y adónde han ido esas...?





Terminó con grosería cruel, a la que siguieron los acostumbrados anatemas contra las cosas divinas.”4





El coronel está sufriendo unos dolores intensísimos por culpa del cáncer. En medio de esos dolores, desprecia a la divinidad, y a todo el mundo.





“A su hija y a su mujer no las exceptuaba Villaescusa de ese menosprecio y desestimación. Las veía como dos pobres pulgas que andaban brincando de cuerpo en cuerpo, en busca de un poco de sangre con que nutrirse.”5





El coronel no pudiendo soportar los dolores de un cáncer, que intuimos de estómago, se suicida de un tiro. Deja a su mujer y a su hija en medio de la miseria, pues estas han gastado en ropas lo que está más allá de sus posibilidades.6





Y Teresa Villaescusa, la hija del coronel, huyendo de la miseria, se convertirá en la querida del marqués de Loarre. Irá pasando de mano en mano, aunque esas manos sean, cada vez, menos finas y más bastas. Su madre hará las veces de celestina. Uno de sus amantes será Guillermo de Aransis, sobrino de sor Teodora de Aransis.





A punto está de abandonar este tipo de vida cuando conoce a Tuste, que socorre a una familia. El tal Tuste es, ni más ni menos, que Juan Santiuste7, que será, más tarde, protegido del marqués de Beramendi e historiador idealista. Un historiador, cierto es, un tanto peculiar, pues le da por escribir la historia de España no como sucedió sino como debería haber sucedido. Hace que los liberales fusilen a Fernando VII en Cádiz, con lo cual nos quedamos sin guerras carlistas.





Cuando Teresa conoce a Juan Santiuste ambos están en la más pura miseria. Se enamoran. Pero Teresa lo piensa detenidamente, y deja plantado al futuro historiador, pues “[...] si ella se metía en la vida pobre, ¿quién había de dar estos bienes al honrado y amante Santiuste? ¿Quién cuidaría de su alimento? ¿Quién le socorrería en sus desgracias? ¿Quién le pondría la gran tienda de armero, en el caso de que optase por la industria? ¿Quién le proporcionaría las mejores ropas, los libros más instructivos, la casa cómoda y elegante y las mil frivolidades y pasatiempos que engalanan la vida... [...]”8





Como se puede entender esto son excusas de Teresa para no ser ella quien lleve vida de pobre. De hecho a Santiuste no le pregunta su parecer. Juan Santiuste, protegido por José García Fajardo, marqués de Beramendi, y uno de los protagonistas de la cuarta serie de los Episodios, parte hacia Marruecos en calidad de historiador.9 Olvida a Teresa Villaescusa, tanto como ella lo olvida a él.





2. Santiago y Teresa













Santiago y Teresa se conocen en el Cabañal, en Valencia, esperando el enésimo pronunciamiento de don Juan Prim. Sucede el tal conocimiento en el capítulo XVII de Prim. Ella es por entonces la amante de un tal Jacinto González Leal, afecto a la causa, y está al tanto de la escapada de Santiago de casa de sus padres. Durante todo el diálogo ella lo tutea en tanto él le habla de usted. No obstante, y pese a lo sostenido por Teresa más hacia delante, no hay mucha diferencia de edad. Ibero, pues, le habla de usted por cortesía o cortedad.





Sabemos que a finales de 1855 a Teresa le salió un novio, al que siguieron unos cuantos más. Ninguno llegó a fruto de bendición. “Rodaba el Tiempo, rodaba la Historia sin que Teresa encontrase novio de que ahorcarse. […]. Radiante de belleza, y dislocando a cuantos la veían y más aún a los que la trataban, entró la señorita en los veinte años. [...]”10





Podemos decir, por lo tanto, que Teresa debió de nacer hacia 1836. Hemos contado un año más de la fecha dada por Galdós, puesto que dice que es “a finales del 55” cuando le sale el primer novio a Teresa. Cuando aparece Santiago Ibero, en Prim, tiene este 18 años. A finales de octubre se entera que se estaban pertrechando hombres y armas para enviarlos a México. No sabemos el tiempo que ha pasado en compañía de don Tadeo Baranda, pero, teniendo en cuenta el volumen de sus lecturas, podemos cifrarlo en un año, más o menos. Así pues, Santiago debió de nacer sobre 1843-1842.11 Sea como fuere no hay más de seis o siete años de diferencia entre ellos. A Teresa tal diferencia le parece un mundo:





“-Mira lo que dices Santiago. Soy más vieja que tú, bastante más... no quiero precisar con números la diferencia de edad... Básteme decir que he pasado de los treinta y tú no has entrado en los veinticinco.”12





En el momento de pronunciar estas frases estamos en 1867. Como es sabido el destronamiento de Isabel II se produjo en 1868. El cambio de fecha viene indicado en el capítulo XXIII:





“Crudísimo fue en París el invierno del 67 al 68.”





Las indicaciones dadas por Teresa son, desde luego, muy vagas: “ Básteme decir que he pasado de los treinta y tú no has entrado en los veinticinco.”





Ella nació, pues, más o menos, hacia 1835 y él hacia 1843. No hay una diferencia mayor de siete u ocho años. Eso sí: hemos sido generosos, y hemos contado 32 años para Teresa: “he pasado de los treinta”. No obstante, cuando le conceden la libertad a él, a Santiago, Tarfe, que se la gestiona, le dice a Isabel II: “El otro es un jovencillo de apenas veinte años, llamado Santiago Ibero.”13 Estamos en 1866.





Cuando Teresa conoce a Santiago Ibero, esta no tarda nada en interrogarlo para saber si tiene novia. “[...]. Novia tengo; pero no es mi intención verla por ahora, ni está en el camino de aquí a mi pueblo.”14 Ella no se queda muy convencida de que no vaya a buscarla.





Varias veces se vuelven a encontrar ambos: en Tarancón15 y en Urda, donde Ibero la deja durmiendo en un carro del ejército en tanto él se va a Madrid con una carta para don Ricardo Muñiz.16 No se vuelven a ver hasta mucho después.





Siguiendo a Ibero nos enteramos de que, efectivamente, este tiene una “novia”, hija de don Baldomero Galán y de doña Saloma Ulibarri, personajes ambos de la tercera serie de los Episodios, los de las guerras carlistas. Ella, Saloma, es hija de don Adrián Ulibarri, alcalde de Miranda de Arga, mandado fusilar por Zumalacárregui.17 Él es un oficial liberal; y ambos son conocidos de don Beltrán de Urdaneta, padrino además de Santiago.18





Los padres se oponen a esta boda. Y más que nadie el padre, don Baldomero Galán, “[...] más terco que una mula. Mal suegro te ha caído. No esperes que te dé el consentimiento si te lo ha negado ya. Es de los que remachan sus ideas como si fueran clavos, para que nadie pueda sacárselas de la cabeza. De doña Saloma sé que ha sido hermosa. Antes de casarse con don Baldomero, tuvo que ver con un cura que andaba en la facción de Zumalacárregui. Me lo contó un coronel navarro convenido de Vergara.”19





Teresa, mientras tanto, sigue degradándose, por mediación de su madre y merced a los amantes por los que va pasando. Ibero continua luchando por Prim y por la libertad. Esa lucha lo va a llevar a la cárcel junto con su amigo Leoncio Ansúrez. Al poco de ponerlo en libertad merced a Tarfe, como hemos visto, la policía sigue buscándolo, y Santiago sale huyendo hacia Francia. En ese tren, utilizado para la huida, casualidad de casualidades, también viaja Teresa con su nuevo amante, un vejete que enfermará en Arechavaleta.20





Teresa ahora no lo dejará escapar: lo cita en el vagón, cuando no está el vejete, a través de una criada que informa a Ibero que la señorita “está dislocada por usted.”21 Santiago acude a las citas. Le dice a dónde va; y cuando el vejete, ya en el destino, enferma, ella, tras entregarlo a los parientes, lo sigue22. A partir de este momento sólo se separarán por mor de la revolución, de los pronunciamientos de Prim, pues Santiago desea participar en ellos. Mientras, no obstante, ayudados por unos y por otros, se van abriendo camino en Francia. Sólo queda un obstáculo por vencer, la antigua novia de Santiago. Teresa da con ella, y le cuenta la evolución de Saloma:





“Tu Dulcinea zangolotina se ha convertido en una cuitada y sosa monjita. No ha profesado aún: por eso te dije que Jesucristo es su novio; no tardará en ser su esposo.”23





Toca, de paso, Teresa el problema de la vocación, tema que aparece a lo largo de los Episodios, Los duendes de la camarilla, Un voluntario realista... Don Baldomero Galán, viudo, entrega a la niña para que se la eduquen las monjas, y estas ya no se la devuelven al padre. Ponen a los hombres de vuelta y media, y a su antiguo novio como un perdido que lucha a favor de Prim y vive con una mujer...





“[...]La menguada chiquilla cayó en el cepo y ya no se escapa. Si la encontraras en alguna parte, verías que la han vuelto idiota... Por supuesto, yo no me equivoqué, Santiago: siempre creí que Salomita tenía muy poca sal en la mollera; a un entendimiento bien sazonado no le no le entran esas bromas del monjío...”24





Es toda una declaración de principios por parte de don Benito, pues papel nefasto va a jugar, en la camarilla de la reina, una de las monjas más famosas de la época, Sor Patrocinio, la monja de las llagas.









1El terror de 1824, cap. VIII y Fortunata y Jacinta, cap. II, v





2Prim, cap. I





3Prim, caps. XXVI y XXVII





4O'Donnell, cap. XI





5O'Donnell, cap. XII





6O'Donnell, cap. XII y XIII





7O'Donnell, caps. XXXIII yXXIV





8O'Donnell, cap. XXXII





9Aita Tettauen, primera parte, cap. VII





10O'Donnell, cap. V





11Prim, cap. I





12La de los tristes destinos, cap. XIX





13La de los tristes destinos, cap. III





14Prim, capl XVII





15Prim, cap. XX





16Prim, cap. XXVII





17Zumalacarregui, cap. I





18La campaña del Maestrazgo, caps. I y II y Prim, cap. XVII





19Prim, cap. XXVIII





20La de los tristes destinos, cap. VIII y IX





21La de los tristes destinos, cap. VIII





22La de los tristes destinos, cap. IX





23La de los tristes destinos, cap. XX





24La de los tristes destinos, cap. XX



Etiquetas:   Monarquía

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