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"La censura en la época del virus"


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20/04/2020

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Entre otras muchas consecuencias derivadas de la situación provocada por el virus, se encuentra la imposición de la censura de forma más o menos camuflada. Censura que se sigue al pie de la letra no solo por los medios de comunicación oficiales, cada uno de acuerdo con sus respectivos intereses, sino incluso por esos otros medios que despliegan al viento la bandera de las libertades y el inconformismo, pero luego agachan la cabeza ante las más o menos veladas recomendaciones de los que cortan el bacalao.

La cosa queda centrada en que no se puede escribir, al menos los escribientes no autorizados, de aquellas cosas relacionadas con el virus que levanten la liebre y alarmen a la población, porque ya está suficientemente alarmada con las verdades oficiales. De manera que esos medios abanderados por la rebeldía tratan de escurrir el bulto y eludir compromisos ignorando o deslizando al lugar más discreto posible las opiniones de quienes van por libre, es decir, los que no tienen otros compromisos que con ellos mismos.

No prohíbe la censura escribir y hablar expresamente del virus porque sería demasiado llamativo. Cierto que se puede hacerlo de los aplausos que la población dedica a unos y a otros. También algo sobre esos datos, según parece en gran medida falseados, referidos a los contagios. Muy poco sobre los muertos, y en todo caso para decir que se trata mayoritariamente de viejos. En cuanto a los curados hay vía libre, se pueden inflar lo que se quiera, incluso añadir a esos que hoy ingresan en la uvi y mañana son dados de alta milagrosamente, pero ni una palabra de las recaídas. De las estadísticas maquilladas es mejor no citar los dientes de sierra y señalar que la curva se aplana. Estas noticias y otras similares no son objeto de censura, porque animan al personal a tragar con lo del confinamiento y a los publicistas estar en la onda que les marcan los mandantes.

Del otro lado, no sucede así con cualquier otra noticia que no sea afín a los intereses dominantes. Aunque no hay problema, porque no va a salir a la luz siguiendo la trayectoria directa a la papelera, una vez que se estampilla como bulo o simple desinformación, cuando no de conspiración. Aclarar que, al margen de las sandeces que se suelen colar entre las calificadas de fake news, en general estas son una fuente de información más y lo de la conspiración queda para las mentes calenturientas. El hecho es que no hay pluralidad informativa, se habla de libertad de información y esta acaba siendo reconducida a la información procedente de los cauces oficiales.

Por citar un ejemplo de la política informativa que se sigue. A nadie se le pasa por alto que estamos ante un virus muy especial y hasta si cabe inteligente, porque no tiene fronteras, se difunde a la manera de la velocidad de la luz, ha venido para quedarse y es muy selectivo. En lo que se refiere a este último punto cabe señalar que mata a los ancianos y respeta a los más jóvenes, no toca a los políticos o la hace de manera suave y daña las economías de las personas comunes. Ya sobre estas referencias, a vuelapluma cabría señalar que no parece ser un virus natural. Sin embargo los expertos de cátedra dicen que es natural y hay que creerlo por decreto.

Resulta que ahora ha venido a decir Trump —que suele ser un oráculo de sabiduría porque está respaldado por el dinero y este es el que más sabe— que se está investigando si el virus salió accidentalmente de un laboratorio chino. Del otro lado, los chinos dicen que se lo llevaron los americanos. Ahora el virus ya no resulta ser tan natural como se dice. Sea de un lado o de otro, el debate queda abierto y fundamentalmente si la pandemia no habrá sido provocada por una moderna arma de destrucción masiva, en vez de un proceso derivado de causas naturales. No obstante, las expectativas apuntan a que la solución está ahora en las farmacéuticas con sus vacunas y el arsenal de fármacos. Aunque hay que aclarar que sobre este panorama siempre planea el asunto del dinero. Pero ese largo debate sobre la cuestión queda reservado al monopolio informativo debidamente autorizado. En cuanto a lo que está situado más allá de su reserva natural, ya no hay debate, porque llega la censura informativa imponiendo el silencio, para que solo hablen los del gremio siguiendo las consignas de los expertos.

Concluyendo, baste señalar que así les luce el pelo a las democracias avanzadas, preñadas de libertades y derechos que no ven la luz, porque para eso está el oscurantismo en plena época de las libertades, es decir, para que las personas no puedan tomar posiciones por falta de información ante lo que es la estricta realidad y consolarlas con esa otra realidad maquillada que promueven sus mandantes.

Antonio Lorca Siero.



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