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“El PIB y su crecimiento que tiende a infinito”


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17/04/2020


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El producto interior bruto (PIB) refleja el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos por un país o región durante un período de tiempo (normalmente un año), y se utiliza como un indicador económico para medir la riqueza de un país (>0 = crecimiento, <0 = decrecimiento), pero ¿cuánto de importante es crecer?, ¿no estará sobredimensionada su utilidad en la economía política?




En los últimos años, han surgido críticas y discusiones acerca de la forma que se está midiendo la riqueza y el bienestar a través de los indicadores macroeconómicos tradicionales. Cuando los medios de comunicación generalistas informan en las noticias sobre la salud financiera de un país, recurren sistemáticamente al Producto Interno Bruto (PIB), dando por hecho, que a mayor tasa de crecimiento porcentual interanual, mejor le están yendo las cosas a ese mismo país, pero la realidad es mucho más compleja, y en materia económica lo es aún más, porque no siempre crecimiento está asociado a riqueza y menos a bienestar social. Es importante recordar que esto último, es el fundamento de la Economía Política, tomar decisiones encaminadas al interés general para alcanzar el desarrollo y estabilidad de los pueblos, como por ejemplo: impulsar medidas para la lucha y reducción de la pobreza estructural, reducir el desempleo, fomentar la investigación científica, ayudar a PYMES, o reformas fiscales para equilibrar la desigualdad de renta. Lo que se trata es que el poder político a través de sus decisiones económicas logren una sociedad más justa y equitativa, de lo contrario la utilidad de la economía carece de sentido.



Cuando aparecen diversos analistas en programas de televisión, arrojando porcentajes del PIB como si fuese esa la única vara de medir que encuentran para diagnosticar la coyuntura económica, se me viene a la cabeza un artículo que tuve la oportunidad de leer hace ya un tiempo titulado “La ciencia (economía) sin conciencia es la ruina del alma”, cuyo autor es un profesor de secundaria llamado Cándido Marquesán, el texto no tiene desperdicio, sin embargo, voy a citar un extracto que creo que puede ejemplificar el tema, menciona a un reconocido economista chileno Manfred Max-Neef autor del libro "Economía Descalza", en él explica dicho concepto:



 “Es una metáfora surgida de una experiencia. Trabajé 10 años en áreas de pobreza extrema, en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas de Latinoamérica. Un día estaba en una aldea indígena en la sierra de Perú. Un día horrible; había estado lloviendo todo el tiempo. Parado en una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado sobre el lodo. Nos miramos. Era un hombre de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo el refinado economista de Berkeley, maestro de Berkeley, etc. Nos mirábamos frente a frente y no supe qué decirle; todo mi lenguaje de economista era obsoleto. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el PIB había subido un 5%? Era absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que debía inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza, que, en concreto, significa la economía que un economista usa cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. Los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden la pobreza. Ese es el gran problema. Y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista. Inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida”. 



A lo largo de la historia, la mayoría de países del mundo han seguido en algún momento las recetas de economistas prestigiosos, teóricos que detrás de una mesa escriben artículos, numerosos libros, sobre cómo tienen que afrontar la política económica un Estado cuando están sumergidas en una crisis, o cuando desean alcanzar aquella famosa "Riqueza de las naciones" que menciona el legendario economista Adam Smith, con mano invisible incluida, no obstante, en ocasiones lo que ocurre es todo lo contrario y la realidad desbarata todo lo escrito en un papel. Olvidar otros factores humanos o medioambientales tiene su precio, y nos enfrenta a ciertas paradojas incómodas, como por ejemplo: Imaginemos un país latinoamericano en vías de desarrollo, con recursos naturales bajo sus tierras como petróleo, carbón, litio, etc., y decide su gobierno aplicar políticas extractivistas para alcanzar su legítimo crecimiento económico, que se reflejarán más tarde en el aumento del PIB, ¿No estaría al mismo tiempo degradando el medio ambiente de todos?, sin contar la contaminación de ríos, o la emisión de toneladas de CO2 a la atmósfera en el caso de las plantas petrolíferas, y además un incumplimiento de la normativa internacional para la lucha del cambio climático COP25, entonces ¿Estaríamos dispuestos a condenarle a su población al subdesarrollo?, ¿Cómo se podría financiar un Estado para reducir pobreza si no puede utilizar sus recursos naturales?, ¿Por qué China, la UE o EE.UU pueden contaminar el planeta año tras año y el país latinoamericano no?, en resumen: ¿No tendríamos que preguntarnos si la supervivencia del sistema económico capitalista está en peligro si continua el crecimiento infinito del PIB a costa de otros?



Creo que en ocasiones, algunas recetas de los economistas aspiran a ser absolutas cuando en realidad son todas relativas y mucho más complejas de lo que piensan, por eso exaltar al Producto Interno Bruto (PIB) como el oráculo moderno para medir el éxito de las políticas públicas ya no es adecuado, ni se ajusta a la realidad. El crecimiento sin límites es insostenible, no se puede pasar por alto la capacidad máxima planetaria de recursos que proporciona la naturaleza, y cerrar los ojos como si no pasara nada para no alterar la cotidianeidad del hiperconsumo de bienes y servicios, como si se tratase de una espiral de movimiento perpetuo sin consecuencias a corto plazo. Por otro lado, tampoco es verdad que al aumentar uno, tres o cinco puntos porcentuales el PIB con respecto al año anterior se solucionan los problemas de la economía, como explicaba el economista de Berkeley. 



Existen ya nuevas propuestas e investigaciones serias que al día de hoy plantean modelos más sostenibles que no suponen un continuo crecimiento desmesurado, ni tampoco deje atrás a grupos sociales vulnerables, por ejemplo: El premio nobel de Economía Jean Tirole aboga por una Economía del bien común, donde entre otras cosas piensa que el papel del Estado está en corregir las fallas de los mercados como la desigualdad, y reencauzar todo aquello que va en contra del bien común como el desempleo, la falta de educación y el peligro de la sostenibilidad de las pensiones. Otras corrientes son más ambiciosas y plantean la puesta en marcha de una política económica denominada Renta Básica Universal (Basic Income), con la finalidad de garantizar la seguridad material de todos los ciudadanos/as, empoderarles y quizá reconducir el consumo de lo superficial a lo esencial e indispensable para la vida. 



En conclusión, el indicador macroeconómico PIB utilizado en la comunicación de la economía en entornos de la política y medios de comunicación deberían ser revisados y actualizados con el fin de transmitir una información mucho más precisa a la ciudadanía, reduciendo su importancia en la economía pública, así como tomar en consideración otros factores como el impacto medioambiental, el bien común, la ética, y proporcionar una mayor relevancia a otros indicadores como el Índice de Gini, Índice de Desarrollo Humano, o el Índice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible (ICPDS) impulsado por investigadores españoles. Quizás y solo quizás, sea momento de dejar de crecer verticalmente, para empezar a distribuir la riqueza más horizontalmente y así lograr erradicar la pobreza de renta en este siglo.





Referencias Bibliográficas



Fuente imagen: Pixabay.com



Economipedia. Recuperado de

https://economipedia.com/definiciones/producto-interior-bruto-pib.html



Marquesán, C. (2019,10,16) La ciencia (economía) sin conciencia es la ruina del alma. Nuevatribuna. Recuperado de

https://www.nuevatribuna.es/opinion/candido-marquesan-millan/ciencia-economia-conciencia-es-ruina-alma/20191016121956167163.html



ICPDS, la alternativa al PIB. Recuperado de

https://www.icpds.info/



Más información y artículos del autor:

https://uemc.academia.edu/MauroSGallardo



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Etiquetas:   Pobreza   ·   PIB   ·   Macroeconomía

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