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Mientras escuchaba a Adriana Lastra en el
Congreso, me vino a la mente la figura del estafermo. Sí, esa figura de
pasmarote, parada, embobada y sin acción mientras no se la impulse. ¿Y por qué? Pues porque en los juegos de
destreza caballeresca se utilizaba esa figura giratoria: era un muñeco con
forma humana que estaba armado con un
escudo en una mano y una correa de bolas o una gran bola con pinchos en la otra
y, cuando los participantes golpeaban con la lanza en el escudo, giraba accionando el muñeco o pelele la
correa de bolas; unas veces acababa golpeando al contrincante o derribándolo. A
veces devolvía el golpe a quien lo accionaba con la lanza. Pues cualquier día,
tanto Adriana como Pedro ‘Plagio’ recibirán el ‘boomerang’ de su acción. Al
tiempo.
Imagínense en la tribuna a Pedro Sánchez
pidiendo colaboración a todos y, de vez en cuando, culpando, presionando o
denunciando a los demás; es decir, accionando el estafermo para que golpee al
contrario. Ese es el papel que jugó el otro día Adriana Lastra, portavoz y
“portacoz” del Gobierno, destrozando el acercamiento entre partidos y volando
los puentes que se habían tendido torticeramente para el plan de activación de
la economía. Eso es lo que me hizo pensar en la reacción impulsada del estafermo.
Ella no era más que la voz de su amo sobrepasado y desnortado; sus improperios
cainitas, a la vista de sus gestos y ojos desorbitados, eran el giro del muñeco
o pelele que había impulsado su jefe, a la sazón “Doctor Cum Fraude”.
Mi
pensamiento saltó del estafermo al concepto de hipócrita y a la
hipocresía que se achaca al presidente. Por aquello de su falsedad y siempre
fingiendo que hace cuando todos vemos que no hace. A ello añado que no inspira
confianza, carece de capacidad de liderazgo y, ante el populismo de Iglesias,
no deja de ser un ‘pelele’ en brazos de quien nunca ocultó sus intenciones
comunistas; no hay más que ver el BOE del sábado, día 11, donde hasta
José Luis Ábalos es incapaz de entender el gol que le han metido por
toda escuadra. ¿Por qué? Pues por la introducción de la primera lección para llevar
a cabo la expropiación. Lean, lean. Yo ya lo hice.
Cierto es que quien finge una cualidad, un sentimiento, una virtud
u una opinión que no tiene es un hipócrita. Nunca lo he visto mejor definido
que en la figura de nuestro presidente del Gobierno socialcomunista, quien ejerce la
hipocresía sin parar, acompañada de tretas, mentiras, embustes y “bulocracia”.
Son esas las armas que se ve obligado a utilizar por la dejadez en el caso del
Covid-19 desde mediados de febrero, momento en que ya advirtió la OMS del
peligro. La chulería de Pedro en aquel entonces, ha llevado a que dicha
organización no envíe un solo euro a España mientras no finalice la
investigación a la que está sometiendo a España: ocultar muertos no es lo mismo
que engañar en unos presupuestos o esconder facturas en un cajón.
Ya superamos los 17.000 muertos y subiendo. Somos el país
del mundo que más fallecidos tiene por millón de habitantes. Nos vamos a un
destrozo económico de grandes proporciones y sin precedentes: dice PwC (PriceWaterhouseCoopers) que en diciembre
alcanzaremos el 29,8% de paro y tendremos 7,9 millones de parados. Saldremos
del “arresto” domiciliario con el color del panadero que apenas ve la luz del
sol y sin forma física que lucir.
Nuestra vitamina D estará por los suelos, los niños se
mostrarán desquiciados, la pequeña empresa cerrada y con 850.000 negocios que
no volverán a abrir sus puertas. La población española no puede saber cómo será
“el día después”. Tampoco lo sabe el Gobierno, más aterrorizado aún; sobre todo
desde que las caceroladas diarias se acompañan con el grito de “¡Gobierno,
asesino!”. No es más que la repetición de la consigna que se difundió para
echársela en cara a Mariano Rajoy y a la “derechita cobarde” con el Ébola, dado
que se tuvo que sacrificar a un perro y atender a dos contagiados que lo fueron
en el exterior. Eso de esputar para arriba trae estas consecuencias. Por menos
que eso, y con menos muertos a su espalda, Luis XVI acabó en la guillotina.
Y ahora vienen los de
la ‘cultureta’ de los Goya y otros eventos políticos, dirigidos siempre contra
el mismo tipo de ideología. Amenazan con
un “apagón de 48 horas”. Sigan, sigan con el apagón y, a ser posible, no vuelvan
a encender la luz. ¡Egoístas! Ya no sé
cómo calificarlos. Hay decenas de ayudas para ellos en los decretos y
resoluciones publicados por el Gobierno, pero quieren más: “Lo mío para mí y lo
de los demás a medias”. En fin, tanto el presidente del Gobierno como los ‘titiriteros’ van a lo suyo, por eso
descuellan en algo a la vez: líderes en hipocresía.