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La salud de la política.


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11/04/2020


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El pasado 11 de Marzo, en una alocución oficial el director general de la Organización Mundial de la Salud declara como pandemia el brote del covid-19, o coronavirus, esto encendió las alarmas al menos en la gran mayoría de países. Para este entonces, ya se reportaban a nivel mundial más de 118.000 casos en más de 114 países, y más de 4.000 personas habrían perdido la vida. 


Un mes después, estas cifras han aumentado en una magnitud catastrófica, con más de un 1.600.000 personas infectadas, más de 95.000 muertes, y aproximadamente 354.000 personas que se han recuperado. Pero si bien estas cifras son alarmantes, hay otros factores que causan también angustia e incertidumbre en el mundo. Todas aquellas certezas, planteamientos, y dogmas, que alimentaban las narrativas que hasta hace unos meses parecían incuestionables, hoy se han ido diluyendo ante los ojos de un mundo globalizado, expectante, e impaciente. Esta vez, quien movió los cimientos de las sociedades no fue un actor de naturaleza política, ni algún escenario bélico o un conflicto político- social, esta vez ese “villano” o “enemigo” está dentro de nosotros (literalmente). Si el villano es diferente, se supone al menos, que se debe combatir con herramientas diferentes, y esta vez es a la ciencia y a la comunidad científica, quien le toca asumir el rol de “héroe que enfrenta al villano”. Digo esto, partiendo desde la lógica más básica, o más bien, desde el sentido común, pero ha habido un conjunto de factores políticos, que han hecho pensar que este sentido común, no es tan común.

Hay dos cuestiones principales, que podemos analizar al momento de buscar las causas que nos trajeron a este escenario. Por una parte, existe un denominador común, una constante que aparece en muchos países, desde América Latina, pasando por Estados Unidos y Europa, y gira en torno al debilitamiento de los sistemas de salud pública. En los últimos años, la salud pública ha sufrido recortes presupuestarios, claramente producto de decisiones políticas que han debilitado sustancialmente su funcionamiento, sin poder ofrecer a los ciudadanos un acceso universal a la salud, cuestión que frente al contexto actual, es necesaria e incuestionable.

En Estados Unidos, el país que actualmente tiene las cifras más altas de casos confirmados (más de 468.000), y de muertes (más de 16.500) el gobierno de Donald Trump ha desarticulado un sistema que, dentro de sus limitaciones, buscaba que algunos sectores de la sociedad tuviesen acceso a la salud pública, en el marco de un conjunto de políticas impulsadas por el ex Presidente Barack Obama, que estarían orientadas a garantizar una salud universal, a todos aquellos ciudadanos que no pueden acceder al sistema de salud predominantemente privado estadounidense. Ya que como es bien sabido, la salud en este país sigue atendiendo hasta hoy día, a las lógicas del mercado, cuestión que ha sido el centro de debate en los últimos m    eses, por las diferentes alas de los partidos políticos. En

Europa, países como Italia y España, que han sido el foco de la pandemia en el viejo continente, también han sufrido, esta política de ajuste, con resultados fatales. En Italia, con la una cifra que asciende hasta los 143.000 casos, y más de 18.000 muertes (la más alta del continente), su sistema de salud pública, ha sido sujeto a recortes presupuestarios en los últimos 10 años, por una cifra de 37.000 millones  de euros, la mayor parte de ellos entre el 2010 y 2015 (25.000 millones) reduciendo sus capacidades operativas, y el nivel de atención. En España, hay una cifra también ascendiente de 153.000 casos, y más de 15.000 muertes. En cuanto a su sistema de salud pública, tenemos una serie de recortes que lo dejan muy vulnerable. Entre el 2012 y 2017, se llevó a cabo un recorte presupuestario de más de 28.000 millones de euros, y a su vez, el decreto real de ley (16/2012), promovido por el gobierno del Partido Popular, en donde se suprime el  principio de universalidad en el sistema de salud, dejando a un sector de la sociedad sin acceso al sistema. Este decreto que si bien fue derogado en el 2018, la normativa para su ejecución aún no ha sido desarrollada, por lo tanto, sigue habiendo un sector de la sociedad que no tiene acceso al sistema de salud. Francia, es otro país que ha sido fuertemente golpeado por la pandemia, con más de 86.000 casos confirmados y más de 12.000 muertos. Hemos visto como París, y algunas zonas rurales han sido escenario de una oleada de protestas en los últimos meses,  la agitación política y social ha trascendido e incluso se ha tornado violenta. En noviembre del año pasado se manifestaron miles de médicos, enfermeros, estudiantes y profesores, ante el congelamiento de sueldos al personal de la salud, y una política de recortes que desde el 2005, acumula 8.600 millones de euros, ha sido el motivo de movilización en París, y algunas de las grandes ciudades. Por otra parte, Alemania, el cuarto país con más casos diagnosticados (más de 118.000), con una cifra de muertes de más de 2.500, la situación, si bien es aún incierta ha tenido resultados distintos respecto a los países mencionados anteriormente. Alemania cuenta con 29 camas de terapia intensiva por cada 100.000 habitantes, el doble que Italia y Francia, y el triple que España y Reino Unido (donde el número de casos asciende a los 67.000, y más de 8.000 víctimas fatales), una tasa de mortalidad relativamente baja, y una cobertura universal del sistema de salud, que ha evitado, al menos hasta ahora, un colapso en el sistema de salud, que deje vulnerables a miles de personas tal como se ha visto en otros países. También, cabe destacar que Alemania tiene un gasto público en sanidad de 9,48% de su PIB, frente a España que gasta un 6,24% en sanidad, y por su parte Italia, con un gasto de 6,54% (datos del 2018).   

Hasta este punto, creo que es importante destacar la dimensión política que atraviesa estas circunstancias, en las  que han sido decisiones ciertamente políticas, las que han llevado a que estos sistemas de salud, donde figuran los principales países, o países centrales, con las tasas más altas de casos confirmados, no puedan hacerle frente a esta situación, poniendo en riesgo la vida de un sector grande de la población. Por lo tanto, sería absurdo plantear que salud y política son conceptos independientes, uno del otro, así como también lo sería pensar que ante una situación como la pandemia que estamos padeciendo hoy día, de carácter global, se atiendan a las más ortodoxas lógicas individualistas y de mercado, o pretender que no sea el Estado un actor principal, ya que no es sino el Estado, el único instrumento que tenemos como sociedad, con que podemos ejercer una acción colectiva, como la que requerimos en este momento.

La segunda cuestión a resaltar, se enfoca en las acciones políticas que los distintos gobiernos han tomado frente al tema. Al ser una crisis que afecta a los países en múltiples dimensiones, que va desde lo económico, lo político y lo social, muchos gobiernos han tomado acciones que están orientadas a la salud, pero a la salud de sus gobiernos y sus intereses. Tanto en países centrales, así como en países periféricos, se han adoptado narrativas ilusorias por parte de los gobernantes, que han apuntado más a disminuir los costos políticos de sus gobiernos. Estos son los países potencia, que se supone, juegan un papel central y determinante en cualquier tipo de crisis global, y que sus acciones van a incidir de manera directa o indirecta en el resto del mundo. Tal es el caso de China, donde un informe de departamento de inteligencia estadounidense,  afirma que el régimen Chino ocultó cifras reales, tanto de casos confirmados con Covid-19, como en el número de muertes. También así, las denuncias acerca de un “proceso de silenciamiento” a quienes advertían desde temprano, el potencial riesgo de que esta enfermedad se expandiera, adjudicándole al gobierno Chino, la responsabilidad, y el haber permitido la propagación del virus.

En el caso de Estados unidos, el gobierno de Donald Trump ha sido acusado de inoperancia ante la crisis que se veía venir, al sostener en discursos públicos, datos falsos acerca del Covid-19, que rápidamente fueron desmentidos en forma sucesiva, por autoridades y especialistas en materia de Salud. Trump, desde un primer momento, mantuvo un discurso negacionista, y muchas veces señalado de frivolidad, discurso que fue tomando distintas direcciones hasta que finalmente, el 13 de Marzo declaró Estado de Emergencia Nacional, con una cifra de 2.204 casos confirmados, y 49 muertes para ese entonces. Cifra que parece absurdamente minúscula, si la contrastamos con los más de 468.000 casos que van en aumento hasta ahora y ni hablar de las muertes. Hoy, sólo la ciudad de Nueva York, supera en número de contagios al total de los casos en España.   En el caso de Gran Bretaña, el primer ministro, Boris Johnson, quien dio positivo y estuvo hasta hace poco en Cuidados Intensivos, siguió una línea discursiva similar a la de Donald Trump. La estrategia de Johnson, consistía en un primer momento, en priorizar la economía sobre la salud, negándose a tomar medidas para prevenir los contagios y fomentando una política de “contagios controlados”, pero la rápida propagación del virus, y las tensiones con la comunidad científica, quienes sugerían que está política podría causar estragos en la sociedad, fue dando un giro de 180° en las siguientes semanas. Hasta que finalmente, el 24 de marzo decreta medidas de aislamiento obligatorio, con una cifra de 8.000 casos confirmados.   

En América Latina, México y Brasil, han sido fuertemente cuestionados. En México, el presidente López Obrador, hasta ahora no ha tomado la decisión de declarar cuarentena obligatoria, y se limita a una “sugerencia”, a su vez, en muchos de sus discursos se ha dejado en evidencia las formas en que ha ido minimizando ante la opinión pública la situación, haciendo comentarios como “hay que abrazarse”, o “salir a comer, reunirse y seguir con sus vidas”, frases que han sido replicadas por algunos de sus gobernantes locales, incluso usando argumentos como el gobernador del estado de Puebla, quien afirmaba que “los pobre son inmunes a este virus”. Pero quién está bajo la mirada del mundo, por la crisis política, e institucional que desató con sus acciones y discursos, incendiarios y negacionistas, ha sido Brasil, Jair Bolsonaro, quien fue electo en 2018, ha profundizado la crisis por la que atraviesa este país desde hace ya varios años. El militar cada vez está más aislado, enfrentándose directamente con las demás instituciones políticas, como el congreso, los gobernadores que lo han desconocido como autoridad, el poder judicial, y con su mismo ministro de Salud, quien por suerte, no ha atendido a los lineamientos que dicta el mandatario, apegándose a las indicaciones de la comunidad científica. El ministro de salud, Luiz Henrique Mandetta, ha sido un actor principal en los últimos días de la política brasileña, al distanciarse públicamente de las instrucciones de Bolsonaro, a quien incluso, este intentó remover de su cargo, y que por presiones de los altos cargos ostentados por militares, no se materializó, agudizando aún más y dejando al desnudo la crisis por la que atraviesa el gobierno brasileño. Bolsonaro, no solamente se ha rehusado a tomar medidas para prevenir los contagios, sino que ha llamado a su población y a sus simpatizantes a salir a las calles a manifestarse masivamente, poniendo en riesgo la salud pública, de un país que hasta ahora tiene más de 18.000 casos confirmados, y casi 1.000 muertes (las cifras más altas de América Latina). Generando esto angustia en la región, ya que no solamente es el país más poblado de Latinoamérica, sino que tiene frontera con casi todos los países Sudamericanos, lo cual pone en riesgo, la salud tanto de sus más de 200 millones de habitantes, como la salud de la región entera.       

Finalmente, podemos destacar la forma en que estos factores han sido un agravantes de este complicado contexto, primeramente en cuanto a la crisis de salud que atravesamos, y consecutivamente como se ven afectadas las demás dimensiones de la vida, en un mundo globalizado. Es evidente que existe un relación, entre las políticas de austeridad que fueron implementadas en los países que hoy son el foco de la pandemia, en cuanto a las deficiencias de sus sistemas sanitarios, y es que estas, han sido producto de estas políticas. Es también evidente, que quienes se exponen más al virus, constituyendo grupos de riesgo, son los sectores más empobrecidos de la sociedad que no cuentan con una cobertura médica universal, por lo cual, es imperativa la necesidad de un sistema de salud público que en momentos excepcionales, actúe eficientemente y  responda a la demanda social. Por otra parte, ante la necesidad también de construir salidas colectivas, en las que el Estado sea el protagonista principal, con una cooperación internacional directa entre los países centrales, y las periferias, las acciones políticas que han asumido los líderes mundiales no han hecho más que entorpecer potenciales salidas viables, debilitando el papel de la política, del Estado y aislándose ante un mundo que necesita una salida coordinada y conjunta de esta crisis, que hasta hoy, no sabremos cuál será su verdadero impacto.



Etiquetas:   Política   ·   Sociedad   ·   Salud Pública   ·   Coronavirus

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