Red de publicación y opinión profesional
Política · Economía · Sociedad · Cultura · Ciencia · Tecnología ·
Últimas etiquetas:   Poesía   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Escritores   ·   Pandemia   ·   Elecciones   ·   Lectura   ·   Novela   ·   Reseña   ·   Libros



La brisa de la esperanza.


Inicio > Ciudadanía
21/03/2020


258 Visitas



Encerrado en mi casa, aquí en las montañas, en la Sierra de Gredos, me encuentro.  La luz de las llamas y el crepitar de la chimenea me calman e iluminan este papel en el que escribo. Estoy cerca de donde Enrique IV e Isabel la Católica firmaron el tratado de los Toros de Guisando. Y aquí, se levantan en piedra estos animales que han visto el pasar del tiempo. Querido tiempo…


En estos días, salgo al jardín para poder disfrutar de la brisa que toca mi rostro. Un momento de paz. Una brisa que para muchos es imposible de sentir en estos días en los que debemos pasar en casa. Es ahí donde me doy cuenta de la importancia de las pequeñas cosas y me es inevitable pensar en aquellos que ahora no pueden estar con sus seres queridos. Me acuerdo de los que cuidan a los enfermos y también me acuerdo de “Ellos”, que desde una camilla ven pasar el tiempo ante sus ojos. Lamentándolo mucho, para algunos serán sus últimas horas, sus últimos días. Y, apenado, mientras sigo escribiendo, no puedo parar de pensar en aquella brisa de la que disfruto cada día, y que para “Ellos” será simplemente un apreciado recuerdo en sus últimos momentos de vida.

 Como he dicho, me encuentro en las montañas. Pero no estoy solo. Mi tía, de 72 años, me hace compañía o, mejor dicho, nos hacemos compañía. En estos días, he podido hablar con ella de muchas cosas. De su infancia, de su madurez, de su vida, al fin y al cabo. Para muchos, esto que escribo serán  las típicas batallitas que los viejos cuentan. Pero amigos, esto es la vida misma, como la tuya, como la mía. Cenando con mi tía y hablando sobre este señor tan pequeño que está paralizando y afectando a un mundo entero, ella, me dijo: “Nacho, si tuviera que elegir entre tu vida y la mía, elegiría la tuya. Yo ya he vivido. Tú, en cambio, tienes 21 años, eres joven y te queda vida por sentir”. Yo le contesté que mejor vivir los dos. Pero, dejando elecciones aparte, cómo se define esto, ¿Solidaridad?¿Amor? ¿Vida? En fin, cuánto nos queda por aprender en estos tiempos.

He podido leer, en este confinamiento, que los canales de Venecia están limpios por primera vez en muchos años. Las ciudades son libres de contaminación. Los animales pueblan zonas que semanas atrás no lo hacían. Acaso, ¿esta cosa tan pequeña nos puede enseñar algo? ¿Nos puede ayudar a ser más conscientes del lugar en el que vivimos? Eso me han enseñado mis padres, sacar el lado bueno de las cosas. Entonces, ¿Por qué cometemos tantos errores? Sí, ya lo sé.  No somos perfectos. Pero y si la perfección está en hacernos saber que no somos perfectos. Creo que reflexionar sobre ello nos puede ayudar.

Desde esta montaña, me llegan a mis oídos, todas las noches, los aplausos desde los balcones, jardines y terrazas, hacia aquellas personas que no pueden estar en sus hogares. Parece que es el único momento del día en el que tenemos un contacto con “Ellos”, con el exterior y también, con nuestro mundo interior. En un mundo donde la tecnología nos acerca a las personas lejanas, pero nos aleja de las personas cercanas. Todo llega y todo pasa. Todo lo teníamos a nuestro “alcance”, y una minúscula forma de “vida” estanca a todo el planeta tierra. Curioso que una forma de “vida” quite vidas. Pero es su naturaleza biológica. Esta cosa tan pequeña no piensa y no puede evitar hacerlo. Entonces, se me plantea en mi mente ¿por qué, cuando nosotros pudimos evitar quitar vidas en el pasado y en el presente, no lo hicimos? En fin, vuelvo a mi tía y recuerdo una frase de estos días: “Todos venimos al mundo desnudos, comemos, dormimos… ¿qué nos creemos? Esto llega a todos.” J. R. R Tolkien escribía en sus libros: “muchos de los que viven merecen la muerte, y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos”.

Todo llega y todo acaba y, desde la habitación en la que escribo, dejo mi pluma y mi papel lleno de garabatos y palabras para salir al jardín y que la brisa roce de nuevo mi rostro. Por “Ellos”, por vosotros, por la humanidad. Es la brisa de la esperanza. 



Etiquetas:   Amor   ·   Sociedad   ·   Paz   ·   Vida   ·   Coronavirus

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

0 comentarios  Deja tu comentario




Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
20415 publicaciones
5090 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora