Seguirá regando el tepache sino reconoce que carece de una estrategia de seguridad


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Pero las repercusiones de aquello eran intrascendentes. En la actualidad está en juego la estabilidad económica, política y social de un país habitado por más de 120 millones de personas.

Los más de 36 mil asesinatos en tan sólo 11 meses; el rotundo fracaso del operativo en Culiacán, Sinaloa donde dejaron en libertad no sólo a Ovidio sino también a Archivaldo Guzmán y el asesinato de mujeres y niños de la familia LeBarón, dejan más que claro que la política pública de la 4T no cumple con los objetivos.

La muerte de 3 mujeres y seis niños en manos, supuestamente del crimen organizado (está muy cañón que a menores de edad los hayan confundido con integrantes de bandas de delincuentes), demuestran, definitivamente, que no hay estrategia.

Más preocupante aún es que el gobierno no tome en serio su responsabilidad en materia de seguridad.

Continúa negando su fracaso y no reconocen la bomba que está a punto de estallarles en la cara.

Por mandato constitucional, el gobierno tiene la obligación de brindar seguridad y dejar de responsabilizar a terceros por su nula visión en la materia.

Además ha creado una percepción peligrosa con sus habladurías de amnistía contra el crimen organizado, dichas por el propio López Obrador.

Nadie llama a una guerra, ni a una violación a garantías individuales y mucho menos a sacrificar vidas humanas sino a que cumplan con su responsabilidad.

Mientras López Obrador no replantee su estrategia y reconozca que está regando el tepache, lo que estamos viviendo se repetirá una y otra vez, además de que se agudizará.

 

 

 

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